Carta del Obispo Iglesia en España

Mes Misionero Extraordinario, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara 

El día 22 de octubre de 2017, memoria de San Juan Pablo II y Jornada Mundial de las Misiones, el papa Francisco convocaba a toda la Iglesia a celebrar en octubre de 2019 un mes misionero extraordinario. Con esta celebración, el Santo Padre desea despertar aún más la conciencia misionera de todos los cristianos para afrontar con vigor renovado la evangelización y la acción pastoral de la Iglesia en este momento.

La ocasión de esta convocatoria es la conmemoración del centenario de la promulgación de la encíclica “Maximum illud”, del papa Benedicto XV. En esta encíclica, el Papa, teniendo en cuenta el destino universal de la salvación, ofrecida por Dios, en Jesucristo, a toda la humanidad, afirma que la Iglesia no puede cerrarse sobre sí misma, sino que ha de superar las barreras impuestas por razones étnicas o nacionalistas para anunciar la salvación de Dios a todos los pueblos y a todos los seres humanos.

Durante la celebración del mes misionero, además de orar por todos los misioneros, especialmente por los misioneros diocesanos, hemos de reflexionar sobre nuestra vocación misionera para permanecer siempre en actitud de salida, superando los miedos, los cansancios y las rutinas en la actividad pastoral.

Cuando nos dejamos arrastrar por la costumbre y la rutina, podemos llegar a perder el entusiasmo por la misión al olvidar que “el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, pues todos hemos sido creados para lo que nos propone la Palabra de Dios: la amistad con Jesús y el amor fraterno” (EG 265).

Por otra parte, para recobrar el entusiasmo misionero, no podemos dejar de ser discípulos. En todo momento hemos de aprender del Maestro a vivir con gozo la misión, abriendo la mente y el corazón al cumplimiento de la voluntad del Padre. Cuando un cristiano pretende ser misionero desde sus criterios y esfuerzos personales, olvidando que Jesús camina con él, habla con él y trabaja con él, con el paso del tiempo pierde el entusiasmo evangelizador y deja de estar convencido de lo que transmite.

Esto quiere decir que todos necesitamos una permanente conversión misionera para no cerrarnos sobre nosotros mismos. El testimonio alegre, gozoso y esperanzado de miles de hombres y mujeres, enamorados de Jesucristo, en todos los rincones del mundo, nos permite constatar que es posible esta salida y esta apertura sin límites a otras culturas y a otras realidades eclesiales para ofrecer a todos la salvación de Dios.

Para que este testimonio permanezca vivo en el tiempo, son necesarios nuevos y santos misioneros. Por ello, hemos de pedir al Señor que suscite entre los jóvenes nuevas vocaciones misioneras que quieran dedicar la vida entera al anuncio del Evangelio.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

 Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara 

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