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Rincón Litúrgico

Mes de Mayo, María reina y madre de los Apóstoles, por Ángel Moreno de Buenafuente

Mes de Mayo, María reina y madre de los Apóstoles, por Ángel Moreno de Buenafuente

 27 de mayo

Al recorrer el mes de mayo de la mano de Nuestra Señora, hemos celebrado la Ascensión del Señor, la semana del Cenáculo, y la Pascua de Pentecostés. Un pasaje emblemático de este tiempo es el relato de la estancia orante de los discípulos, junto con María, la Madre de Jesús, y algunas mujeres, en el mismo lugar donde el Maestro celebró la Cena Pascual con sus discípulos, que encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Contemplar a María en medio de los discípulos, nos evoca la misión que ha recibido de su Hijo en la Cruz, la de ser la madre de la Iglesia y alentar con su presencia a los apóstoles y evangelizadores.

 En el frontal de altar que vemos en la imagen, se representa muy bien a María, la Madre de Jesús, rodeada de los apóstoles, en una composición un tanto anacrónica, al unir la imagen de la maternidad de María con la presencia de los discípulos.

 De esta representación, también se puede deducir que los datos de la vida de María que nos dan los Evangelios y San Pablo, los recibieron en parte de ella misma. Los autores sagrados, aunque de manera muy parca, refieren hechos y dichos de la escogida para ser Madre de Dios.

 No se puede entender el relato de Lucas, ni el de Mateo, ni siquiera el de Juan, al margen de lo que pudo desvelar María de lo que vivió junto a su Hijo. La anunciación, el nacimiento de Jesús, sobre todo los relatos de la infancia, hay que suponer que han sido transmitidos por ella.

 En esta hora en la que la liturgia nos dispone a volver al Tiempo Ordinario, es bueno mantenernos en el camino espiritual bajo la mirada de Santa María, como lo hicieron los primeros discípulos de Jesús. Narra Santa Teresa acerca del P. Juan de Jesús: “Estando muchacho en Madrid, iba muchas veces a una imagen de nuestra Señora que él tenía gran devoción, no me acuerdo adónde era: llamábala «su enamorada», y era muy ordinario lo que la visitaba. Ella le debía alcanzar de su Hijo la limpieza con que siempre ha vivido” (Fundaciones 23, 4).

 Madre de la Iglesia, y Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.



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