En un lugar...

Mentiras que hacen explotar reactores

Cada mentira que decimos supone una deuda a la verdad. Tarde o temprano esa deuda se paga. Así es como explota el núcleo de un reactor RBMK. Con mentiras.

Esta frase pertenece al último episodio serie Chernobyl (HBO, 2019), y me ha venido a la mente estas semanas. Imaginémoslo: «Cada mentira que decimos supone una deuda a la verdad. Tarde o temprano esa deuda se paga. Así es como se propaga el coronavirus. Con mentiras». ¿Demasiado tajante? Es probable, porque además de mentiras ha habido mucho desconocimiento y todavía los científicos están investigando el comportamiento del virus. Pero es igual de cierto que las mentiras han colaborado, y mucho, en la propagación de la epidemia.

En primer lugar, las del gobierno Chino, que ocultó la amenaza e hizo ocultar esa amenaza. Así lo señalaba el New York Times en una fecha tan temprana como el 24 de enero, dos días después de que el gobierno decretara el cierre de Wuhan, en pleno Año Nuevo Chino. Aquella drástica decisión y la proeza que vimos semanas más tarde de cómo se levantaban hospitales en cuestión de días quizá debería haber sido un primer indicio como para pensar que la cosa iba en serio.

En nuestro país, la censura es bastante más sutil. Cada uno puede expresar libremente su opinión (faltaría más), pero el gobierno contesta las preguntas que quiere y como quiere. Más de 200 periodistas han firmado un manifiesto contra la práctica actual, que consiste en enviar las preguntas por mensajería  al secretario de estado de comunicación, quien luego hace las que considera, sin opción a repreguntar. Menos aquella vez en que intentó corregir al Director de Operaciones de la Policía por unas declaraciones sobre la fecha de compra de mascarillas.

Y aquí va lo importante. Hay maneras de mentir más allá de decir que algo es falso: basta con ocultar una información importante y necesaria que nos permite conocer algo para cambiar radicalmente cómo nos comportaríamos ante ella. Era el caso de los reactores nucleares RBMK soviéticos, que por ahorrar material tenían un fallo de seguridad que les hacía explotar si pulsaban el botón rojo de apagado. Algo que no sabían los responsables de operarlos.

Muchas cosas no sabemos aún sobre esta pandemia. Lo que sabemos es que la situación parece que va a ser mucho más crítica allá donde no se han tomado medidas a tiempo y se ha intentado banalizar la importancia de una enfermedad nueva altamente contagiosa. Estados Unidos, Reino Unido o México son tres ejemplos. El más sangrante sea, posiblemente, Turkmenistán. Digo posiblemente porque es un país tan hermético que no sabemos con certeza lo que pasa ahí, pero parece que se ha prohibido nombrarla palabra “coronavirus” y si te ven con mascarilla en la calle te pueden detener. Nos parecerá absurdo, pero la censura fue parecida en una Europa inmersa en la Primera Guerra Mundial y por eso terminó llamándose ‘gripe española’.

Me preocupa que se sigue comprobando como, por la razón que sea, en nuestro país se siguen ocultando datos importantes que permitirían una sociedad bien informada. No siempre sucede por maldad, sino simplemente a veces por todo el caos que representa la nueva situación. Por eso, estoy convencido, en este momento el periodismo es tan necesario, o más, que siempre. Así que a todos los compañeros que están trabajando en estas circunstancias, GRACIAS. Pero, sobre todo, continuad y creed en ello.

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