Especiales Ecclesia Navidad

Mensajero

Mensajero

Á. Moreno, (24-XII-2018)

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»!

Señora:

He salido obediente a tu susurro,

a la ermita por nombre de los santos.

He sentido tu camino histórico,

el que a la cueva de Belén te trajo.

Y me introduje en la espesura limpia,

el día que iba a florecer tu Verbo,

creyendo que iba solo en el camino,

pensé que hoy era bueno el desierto,

Recé, contemplé, percibí el silencio,

la soledad sonora se hizo ritmo,

el valle se incendió de sol naciente,

el bosque estremecido de rocío.

Y de pronto saltaron los recuerdos,

la promesa escuchada en tu mirada,

los senderos de joven recorridos,

la palabra cumplida de artesana.

Y quise presentarte en este día

a tantos que me expresan su esperanza,

de que seas visita en su intemperie,

como cuando subiste a la montaña.

La memoria del saludo angélico

me llevó a encender una luz muy blanca,

como presencia de quienes quisieran

sentirte como cobijo en su alma.

Brisa, frescor, rocío, hielo, escarcha,

olor a encina, espliego, boj, romero,

a silencio, soledad, luz, diserto,

camino solitario al raso cielo.

A modo del pastor, sobrecogido,

sentí el privilegio de la estancia,

sin nada más que el pálpito vivido,

a solas en tu espera pronunciada,

¿Por qué fascina tanto el universo,

cuando está el interior, reconciliado?

Y salta el regocijo en las entrañas,

al saberme tan adentro mirado.

¡Cómo quisiera que abundara en tantos

la luz, la paz, el sentirse contentos,

La riqueza en el alma inapresable!

¡Cómo quisiera compartir destellos!

No es invento, ni fruto del deseo

el abrazo cálido del silencio,

la presencia invisible en el desierto,

el fuego en el corazón, no obstante el hielo.

Déjame Tú el destello de tu luz,

el sello imborrable de tus ojos,

camino convertido en alabanza,

recuerdo permanente de tu rostro,

Déjame este día navideño,

quedarme junto a ti quieto, discreto,

sin estorbar tu íntima estancia,

abismado en amor y en embeleso.

Gracias, Señora, por el don divino,

el fruto de tu vientre bendecido,

por nuestra carne en Él divinizada

que nos concede sabernos tus hijos.

Á. Moreno, (24-XII-2018)

Print Friendly, PDF & Email

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Últimas entradas