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Mensaje del Papa Francisco para la Cumbre G-20 (Brisbane, 15/16-11-2014)

 Mensaje del Papa Francisco para la Cumbre G-20 (Brisbane, 15/16-11-2014)

Reactivar un crecimiento sostenido y sostenible de la economía mundial    

Mensaje del Papa Francisco a S. E. el Sr. Tony Abbott, primer ministro de Australia, con ocasión de la Cumbre del G-20 (Brisbane, 15/16-11-2014)    

Honorable señor: Los próximos días 15 y 16 de noviembre presidirá usted en Brisbane la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de las 20 economías más grandes del mundo, clausurando así la presidencia de Australia de dicho Grupo durante este último año. Esa presidencia ha demostrado ser una excelente ocasión en la que todos han podido apreciar las significativas aportaciones de Oceanía a la gestión de las cuestiones mundiales, así como sus esfuerzos por promover una integración constructiva de todos los países.

El orden del día del G-20 en Brisbane está principalmente centrado en los esfuerzos por reactivar un crecimiento sostenido y sostenible de la economía mundial, desterrando así el espectro de una recesión global. Un punto fundamental que ha surgido de los trabajos preparatorios es el imperativo fundamental de crear empleo digno y estable para todos. Ello exigirá una mejora en la calidad del gasto y de la inversión públicos, el fomento de la inversión privada, un sistema impositivo equitativo y adecuado, unos esfuerzos concertados por combatir la evasión fiscal y una regulación del sector financiero capaz de asegurar honradez, seguridad y transparencia.

Quisiera pedir a los jefes de Estado y de Gobierno del G-20 que no olviden que detrás de estos debates políticos y técnicos hay muchas vidas en juego, y que sería lamentable que tales discusiones se quedaran simplemente al nivel de declaraciones de principios. En todo el mundo –y también en los países del G-20– hay demasiados hombres y mujeres que padecen malnutrición grave; crece el número de los desempleados, con un porcentaje muy elevado de jóvenes sin trabajo y un aumento de la exclusión social, que puede fomentar la actividad delictiva e incluso el reclutamiento de terroristas. Además de ello, se registran continuos ataques contra el medio ambiente de resultas de un consumismo desenfrenado, lo que acarreará graves consecuencias para la economía mundial.

Espero se alcance un consenso sustancial y productivo acerca de los temas que figuran en el orden del día. Espero, asimismo, que la valoración de los resultados de dicho consenso no quede restringida a los índices mundiales, sino que tenga en cuenta también las mejoras reales en las condiciones de vida de las familias más pobres y la reducción de todas las formas de desigualdad inaceptable. Expreso estas esperanzas con vistas a la Agenda de Desarrollo post 2015, que será aprobada durante el actual Período de Sesiones de la Asamblea de las ONU y que debería incluir las cuestiones vitales de un trabajo digno para todos y del cambio climático.

Las Cumbres del G-20, que empezaron a celebrarse a raíz de la crisis financiera de 2008, se han llevado a cabo teniendo como terrible telón de fondo los conflictos militares, lo que ha producido desacuerdos entre los miembros del Grupo. Es de agradecer que tales desacuerdos no hayan impedido un diálogo auténtico en el seno del G-20, tanto respecto a los temas específicos del orden del día como en relación con la seguridad y la paz mundiales. Pero esto no basta: el mundo entero espera del G-20 un acuerdo cada vez más amplio que pueda conducir, en el marco del sistema legal de las Naciones Unidas, al cese definitivo, en el Oriente Medio, de las injustas agresiones contra diferentes grupos religiosos y étnicos, con inclusión de las minorías. También debería propiciar la eliminación de las causas primordiales del terrorismo, que ha alcanzado dimensiones inimaginables hasta la fecha; de dichas causas forman parte la pobreza, el subdesarrollo y la exclusión. Se ha vuelto cada vez más evidente que la solución a tan grave problema no puede ser meramente militar, sino que debe centrarse también en quienes, de una u otra forma, fomentan los grupos terroristas mediante el apoyo político, el comercio ilegal de petróleo y el suministro de armas y de tecnología. Se precisan también un esfuerzo educativo y una mayor toma de conciencia de que la religión no debe ser explotada como medio para justificar la violencia.

Estos conflictos dejan profundas cicatrices y generan, en varias partes del mundo, situaciones insostenibles desde el punto de vista humano. Aprovecho la presente ocasión para pedir a los Estados miembros del G-20 que den ejemplo de generosidad y de solidaridad al responder a las muchas necesidades de las víctimas de tales conflictos, y especialmente a las de los refugiados. La situación en el Oriente Medio ha reavivado el debate sobre la responsabilidad de la comunidad internacional de proteger a individuos y pueblos frente a ataques extremos contra los derechos humanos y ante el desprecio absoluto del derecho humanitario. La comunidad internacional –y particularmente los Estados miembros del G-20– ha de considerar también la necesidad de proteger a los ciudadanos de todos los países ante formas de agresión menos evidentes, pero igualmente reales y graves: me refiero, concretamente, a los abusos cometidos en el sistema financiero –como es el caso de las transacciones que desencadenaron la crisis de 2008– y, en términos más generales, a la especulación sin restricción alguna de tipo político o jurídico y a la mentalidad según la cual la maximización de los beneficios constituye el criterio definitivo de toda actividad económica. Una concepción según la cual los individuos quedan al final descartados no alcanzará jamás la paz   ni la justicia. De ahí que la responsabilidad para con los pobres y los marginados constituya un elemento esencial de toda decisión política, tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

Señor primer ministro: Con la presente carta expreso mi aprecio por su labor y brindo mi aliento y mi oración con vistas a las deliberaciones y al éxito de la Cumbre. Invoco las bendiciones divinas sobre todos los participantes y sobre todos los ciudadanos de los países del G-20. De especial manera, le formulo mis mejores votos, junto con mi oración, por una feliz conclusión de la presidencia australiana, y le aseguro gustosamente mi mayor consideración.

Vaticano, 6 de noviembre de 2014

FRANCISCO

(Original inglés procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA)



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