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Mensaje del Papa Francisco para el partido de fútbol por la paz

Mensaje del Papa Francisco para el partido de fútbol por la paz, celebrado en la noche del lunes 1 de septiembre en Roma

PALABRAS ANTES DEL PARTIDO DE FÚTBOL

¡Queridos amigos, buenas tardes!

Estoy feliz de encontrarlos con motivo del partido interreligioso por la paz, que jugarán esta noche en el Estadio Olímpico de Roma. Les agradezco porque han adherido con rapidez a mi deseo de ver a campeones y entrenadores de varios países y de diversas religiones enfrentarse en una competición deportiva, para testimoniar sentimientos de fraternidad y de amistad.

Mi reconocimiento va de forma particular a las personas y a los entes que han contribuido a la realización de este evento. Pienso de manera especial a la “Scholas Occurrentes”, que obra ante la Pontificia Academia de las Ciencias, y a la “Fundación Pupi Onlus”.

El partido de esta noche será ciertamente una ocasión para recoger fondos de apoyo a proyectos de solidaridad, pero sobre todo para reflexionar sobre valores universales a los que el fútbol y el deporte en general pueden contribuir: la lealtad, el compartir, la acogida el diálogo, la confianza en el otro. Se trata de valores que acomunan a toda persona independientemente de la raza, de la cultura y del credo religioso. Es más, el evento deportivo de esta noche es un gesto altamente simbólico para hacer entender que es posible construir la cultura del encuentro y un mundo de paz, donde creyentes de religiones diversas, conservando su identidad – porque cuando he dicho “independientemente” esto no quiere decir “dejar de lado”: no – creyentes de religiones diversas, conservando su propia identidad, pueden convivir en armonía y en el respeto reciproco.

Todos sabemos que el deporte, en particular el futbol, es un fenómeno – un fenómeno, si – humano y social que tiene tanta importancia e incidencia en los usos y en la mentalidad contemporánea. La gente, especialmente los jóvenes, los observan con admiración por sus capacidades atléticas: es importante dar un buen ejemplo ya sea en el campo que fuera del campo. En las competiciones deportivas están llamados a mostrar que el deporte es alegría de vivir, juego, fiesta, y como tal debe ser valorizado mediante la recuperación de su gratuidad, de su capacidad de estrechar lazos de amistad y la apertura de unos hacia los otros.

También con sus comportamientos cotidianos, cargados de fe y de espiritualidad, de humanidad y de altruismo, pueden dar testimonio a favor de los ideales de pacífica convivencia civil y social, para la edificación de una civilización fundada sobre el amor, sobre la solidaridad y sobre la paz. Y esta es la cultura del encuentro: trabajar así.

Que el encuentro futbolístico de esta noche pueda reavivar en cuantos participan la consciencia de la necesidad de comprometerse para que el deporte contribuya a llevar un valido y fecundo aporte a la pacifica coexistencia de todos los pueblos, excluyendo toda discriminación de raza, de lengua, y de religión. Ustedes saben que discriminar puede ser sinónimo de “despreciar”. La discriminación es un desprecio, y ustedes con esta partida de hoy, dirán “no” a toda discriminación. Las religiones, en particular, están llamadas a hacerse vehículo de paz y jamás de odio, porque en nombre de Dios se debe llevar siempre y solamente amor. Religión y deporte, entendidos en esta forma auténtica, pueden colaborar y ofrecer a toda la sociedad señales elocuentes de aquella nueva era en la que los pueblos “no alzarán más la espada uno contra el otro” (cfr Is 2,4).

En esta ocasión tan singular y significativa, como lo es la competición futbolística de esta noche, deseo entregar a todos ustedes este mensaje: ¡ensanchen sus corazones de hermanos a hermanos! Este es uno de los secretos de la vida: ensanchar los corazones de hermanos a hermanos; y también la dimensión más profunda y auténtica del deporte. Gracias.

VÍDEOMENSAJE EN EL ESTADIO DE FÚTBOL

Buenas noches, y me alegra que estén reunidos para este partido que es tan simbólico. Es un partido donde se resalta la unión de los equipos, la unión de los que están participando como espectadores, el deseo de todos que es la paz. Un partido donde nadie juega la propia sino la del otro. Tampoco: la de todos. Y ahí cada uno se multiplica y al jugar en equipo cada uno es más persona, más gente, se engrandece más. Y al jugar en equipo la competencia en vez de ser guerra es semilla de paz. Por eso el símbolo de este partido es el olivo. Saludo especialmente a los integrantes de “Scholas”, que están en la organización de este partido y que van a plantar el olivo de la paz. Les invito a que todos lo plantemos juntos con “Scholas”. Les pido disculpas por hablarles en castellano pero es el idioma de mi corazón, y hoy les quiero hablar desde el corazón. Gracias por esto

 

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