Santa Sede

Mensaje del Papa Benedicto XVI a los Franciscanos Conventuales

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Carta del Papa Benedicto XVI a fray Marco Tasca, ministro general de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales
Con ocasión de vuestro 200 Capítulo general, en Asís, deseo unirme espiritualmente a cuantos estáis viviendo tal evento de gracia. A Ud., mi querido hermano, y a todos los Capitulares, mi saludo cordial.


Queréis examinar las Constituciones y Normas de vuestro instituto para adecuarlas a las nuevas exigencias eclesiales. Tal compromiso reviste particular importancia, pues se trata de presentar a toda la Familia religiosa los textos de referencia a los que se deberá conformar vuestra experiencia de vida fraterna y apostólica. Que Dios bendiga vuestros propósitos. Para que den futro, debéis conservar fielmente el patrimonio espiritual de vuestro Fundador y Padre, San Francisco de Asís, de modo particular su fe, su vinculación en todo y por todo a Cristo y a su voluntad, y seguir sus enseñanzas y huellas (cf. Rnb 1,1; 22,2: FF 4; 56).

Sed diligentes en el servicio a los hombres de hoy, con frecuencia perdidos en los desiertos del mundo, y sostenedlos en la fe. Por desgracia muchos cristianos viven una fe débil o casi apagada, limitándose a creer de modo genérico y sin compromiso, o se nutren de formas espirituales autorreferenciales y cerradas a la trascendencia, si no alejándose de ella, anulando incluso la misma cuestión de Dios. Es tarea vuestra mostrarles aquella «fe recta», don de lo Alto, que va siempre acompañada de la «esperanza cierta y de la caridad perfecta» (cf. Oración ante el Crucifijo, 1: FF 276), para que puedan integrar la propia existencia en Dios y humanicen plenamente la vida personal y social.

A tal propósito, os ayudará el Año del fe, que es para todos los creyentes una «invitación a la auténtica y renovada conversión al Señor» (Car. Ap. Porta fidei, 6). Vuestra vida de consagrados sólo se hace posible y justifica desde la fe. De hecho no se eligen los votos de obediencia, pobreza y castidad por sí mismos, sino como expresión de la total entrega de vuestra existencia a la sequela del Cristo viviente. La voluntad de asumir en toda su densidad expresiva la forma de vida de Jesús (cf. Esort. ap. Vita consecrata, 14; 16; 18; 22; 29; 31) os inserta «en un camino privilegiado hacia la santidad» (ibid., 35) y os coloca en la Iglesia como vanguardia y centinelas del pueblo cristiano cara a los bienes futuros (cf. XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Mensaje al Pueblo de Dios, 7). Si para todo cristiano vale la observación de que
la fe nunca se da por descontada (cf. Porta fidei, 2), recordad siempre que para vosotros la fe es el presupuesto, el gozne, el ritmo, el fuego, el respiro de la vida, tanto a nivel personal como de vida fraterna.

La reciente Asamblea sinodal sobre la nueva evangelización ha explorado el horizonte de la misión cristiana en el mundo contemporáneo. Vivimos tiempos que piden repensar el anuncio evangélico dentro de nuevos escenarios no siempre favorables a la siembra de la fe. Aprended a aceptar el reto de las actuales transformaciones culturales respondiendo de forma creativa a las urgentes necesidades de la Iglesia universal. En nuestros días se necesita un anuncio sencillo y directo del Evangelio, hecho con mansedumbre y audacia, así como una decidida inculturación de la fe, que sepa conjugar verdad y caridad.

Para realizar esto, Hermanos Menores Conventuales, contáis con las raíces profundas de vuestro carisma y con una larga historia escrita por valientes testigos de Cristo y del Evangelio. En esta línea estáis llamados a avanzar sobre los arduos caminos apostólicos con renovado celo, con profética libertad y sabio discernimiento, cuidando la estrecha colaboración con los Obispos y demás componentes de la Comunidad eclesial. Los vastos horizontes de la evangelización y la urgente necesidad de testimoniar el mensaje evangélico a todos, sin distinción, constituyen el campo de vuestro apostolado. Muchos esperan aún conocer a Jesús, único Redentor del hombre, y no pocas situaciones de injusticia y de ruina moral y material interpelan a los creyentes. Por esto se necesita, sobre todo, mantener una constante comunión con el Señor, contemplando su rostro en la oración, así como una auténtica conversión personal y comunitaria. Solo los corazones totalmente abiertos a la acción de la Gracia son capaces de interpretar los signos de los tiempos y de oír la llamada de la humanidad necesitada de esperanza y de paz.

Queridos Hermanos Menores Conventuales, brille siempre en los distintos campos de vuestro servicio eclesial la adhesión a Cristo y a su Evangelio. Os proteja la Virgen Inmaculada; sea ella la guía segura del camino de vuestra Familia religiosa, para que todos y cada uno de vuestros proyectos de bien lleguen a su plenitud.  Con estos deseos, aseguro a todos y cada uno de vosotros mi afectuoso recuerdo en la oración, en especial durante los trabajos capitulares, y de corazón os imparto mi Bendición, haciéndola extensiva a toda la Orden y a cuantos encontréis en vuestro cotidiano trabajo.

Vaticano, 28 de enero del 2013
Benedictus PP. XVI

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