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Mensaje de Rafael Zornoza Boy, Obispo de Cádiz y Ceuta, para el Día de la Vida Consagrada

Mensaje de Rafael Zornoza Boy, Obispo de Cádiz y Ceuta, para el Día de la Vida Consagrada

Queridos hermanos religiosos y consagrados de la Diócesis de Cádiz y Ceuta,

El Santo Padre el Papa Francisco en un encuentro reciente con los Superiores Religiosos de vuestros institutos y congregaciones ha dicho que vosotros sois  “hombres y mujeres que pueden despertar al mundo. Vuestra vida consagrada es profecía”. (Discurso a la Unión de Superiores Religiosos. Roma, 28 de noviembre de 2013). Verdaderamente la Palabra de Dios necesita testigos en nuestros días. Hombres y mujeres apoderados por esta doble pasión: pasión por el Señor y pasión por el hombre.  “Dios nos pide –prosigue el Santo Padre- que dejemos el nido que nos arropa y que salgamos a los confines del mundo evitando la tentación de someterlos. Esta es la forma más eficaz de imitar al Señor” (Ibídem).

Verdaderamente hoy damos gracias a Dios por vuestra vida que es ciertamente profecía en nuestra diócesis. Toda la Iglesia os queremos y valoramos vuestra vocación y labor. Por ello he nombrado un nuevo delegado episcopal dedicado a cuidar especialmente de vosotros en mi nombre y de alguna manera en nombre de toda la diócesis. Sois muy valiosos y no podemos ni debemos dejaros solos. La Iglesia más que nunca es una familia, una barca en la que no hay marineros independientes sino una misión común con funciones diferentes en la que todos trabajamos hombro con hombro guiados por el Señor. En la entrega decidida a Cristo y en la obediencia a su urgente envío: “Id y haced discípulos de todos los pueblos” (Mt 28, 6) encontramos la verdadera felicidad que no pasa de la que vuestra vida es testimonio: la alegría del Evangelio.

 

Empeñados en esta aventura común os animo y rezo por vosotros para que vuestra fecundidad por medio de la alabanza y el servicio se convierta en claridad en medio del mundo, como la fiesta que hoy celebramos: “luz para el mundo y gloria del pueblo de Dios”. Confiando en el Espíritu Santo como Simeón y Ana, fieles hasta el final de vuestra vida, dóciles a las promesas e invitaciones del Dios de las sorpresas permaneced junto al Templo de Dios para tomar en vuestras manos –quizás ya gastadas por la entrega de toda una vida- al Esperado de las naciones, a Aquel que en el pequeño niño sólo pueden reconocer los ojos educados por la adoración. Él cambiará vuestros ayunos y sacrificios en alabanza y predicación gozosa como a Ana y a Simeón, los ancianos llenos del Espíritu Santo que esperaron con las lámparas encendidas al que puede hacerlo todo nuevo. Ayudadnos a mantener viva esta esperanza. Os necesitamos.

 +Rafael Zornoza Boy,

Obispo de Cádiz y Ceuta



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