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Rincón Litúrgico

Mensaje de Pentecostés desde Buenafuente del Sistal

Mensaje de Pentecostés desde Buenafuente del Sistal

Espíritu Santo, si Jesucristo resucitado te ha enviado a consolar nuestro corazón después de su muerte para que no perezcamos en el encerramiento dolorista, no tardes en llegar, porque en la soledad se agiganta la sombra del miedo a no poder soportar la prueba, la peor, la que nace en nuestro propio interior por desconfianza, por pensar que no podremos superar la desolación. ¡Ven, Espíritu Consolador, y no tardes más!

Espíritu Santo, si Jesucristo nos reveló que serías nuestro Huésped porque nos harías morada tuya, no tardes en dejarte sentir en lo más profundo de nosotros mismos, porque cuando nos tambaleamos por la sacudida que nos da nuestra pobreza y debilidad llegamos a sentir el miedo al entrar en la oscuridad que ocupa todo el espacio interior. ¡Ven, dulce huésped del alma e ilumina nuestra habitación más profunda para que nunca decaigamos en la espera, aunque sea de noche!

Espíritu Santo, si Jesucristo nos prometió que serías nuestro Abogado defensor, y a veces llegamos a creer que perdemos la batalla contra el mal y contra la tristeza por sabernos y sentirnos débiles, sin fuerzas para el combate, no permitas que quienes hemos sido redimidos por la sangre del Señor dejemos de pertenecerle, pues somos propiedad suya. Tienes capacidad de ganar en la dialéctica que se entabla en nuestro corazón al vernos tentados y sin remedio. ¡Ven, Paráclito, Abogado, tienes derecho a defender la herencia de Jesucristo!

 

Espíritu Santo, Jesucristo nos aseguró que vendrías para explicarnos todo, para que comprendiéramos el evangelio y fuéramos fieles a la enseñanza del Maestro. No necesitas que te contemos nuestras dudas, especialmente fomentadas por el ambiente naturalista, sin trascendencia, que valora la realidad sin apelar a un sentido superior. ¡Ven, Luz de las mentes y de los corazones, enciende en nosotros el fuego de la verdad de Dios, la que nunca pasa!

 

Espíritu Santo, Jesucristo se sintió amado porque Tú lo ungiste en el Jordán. Tú eres el Amor divino. Nos debería ser suficiente tener la noticia de que has sido enviado también a nosotros. Déjanos sentir el Amor, que desplace toda sospecha de que estamos solos. Que el regalo del Resucitado hecho perdón pueda siempre más que nuestras obsesiones pretenciosas o depresivas, y nos afirmemos en la verdad más cierta y segura: que Tú nos amas. ¡Espíritu Santo, Amor de Dios, inúndanos de ti, para que seamos manifestación radiante de tu presencia interior!

 

Espíritu Santo, dador del don precioso de la sensibilidad, no permitas que seamos refractarios a la bondad, a la belleza, a lo verdadero, allá donde se encuentren. Haznos abiertos, universales, capaces de descubrir tu obra creadora en tantos que han sido enriquecidos con la capacidad artística, transformadora de la realidad. ¡Ven, Espíritu Creador, para que contemplemos tu obra y cantemos tu gloria!

 

Espíritu de santidad, que nos has consagrado con el don de la vida y el sello del óleo sagrado, no abandones la obra de tus manos, y ya que comenzaste a realizar en nosotros las maravillas de los que viven, sé Tú mismo quien lleve a término el proyecto que Dios tiene para cada uno, para que se manifieste tu sabiduría y santidad. ¡Ven, Espíritu Santo, santifícanos, conságranos!



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