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Mensaje de Navidad del obispo de Albacete

¡Feliz Navidad a todos queridos hermanos de la diócesis de Albacete! El gozo y la alegría invaden nuestro corazón al acercarnos a celebrar este gran acontecimiento para el cual nos venimos preparando durante el tiempo de Adviento. ¡Es Navidad!, es gozo divino porque Dios nace entre nosotros. El Hijo de Dios, Jesús, se hace hombre en Belén de Judá. “En la ciudad de David ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. Y esta es la señal que le identificará: “Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,1-14).

Algunas personas en nuestro entorno quieren desdibujar la Navidad, vaciarla de contenido religioso y cristiano, alejar a Dios de la vida de la gente. Sin embargo, nosotros sabemos que no hay Navidad sin el nacimiento de Jesús en Belén; que no hay Navidad sin el Niño-Dios, sin su cercana presencia de amor; que no hay Navidad sin fe y caridad, sin Dios hecho hombre.

Ciertamente, esta Navidad será necesariamente distinta en cuanto a las tradiciones y costumbres que movidos por la fe cristiana veníamos realizando. La presencia de la mortífera Covid-19 y las restricciones y normas sanitarias han trastocado la vivencia exterior de esta Navidad. El miedo, el sufrimiento, el desconcierto nos están afectando como personas, como familias y como miembros de la Iglesia. Con todo, la gran noticia de la Navidad sigue siendo “buena noticia” para nosotros los cristianos y para todos los hombres y mujeres de buena voluntad, motivo de gozo y de esperanza: Dios se ha hecho hombre entre nosotros. “Nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”.

Aunque las circunstancias no son propicias, los sentimientos, vivencias navideñas y tradiciones tienen que seguir estando presentes en nuestra Navidad. No debe faltar un Nacimiento (Belén) en nuestras parroquias y hogares, balconeras en nuestras ventanas, villancicos, la Misa de Navidad, la bendición de la cena familiar, fomentar la ilusión de los Reyes Magos en los niños y en nosotros los adultos, así como un gesto de adoración al acercarlos al Niño Dios, ya que no podremos besarlo; un espacio de oración juntos, dando gracias por todo lo bueno recibido de Dios durante el año que termina y por todo lo bueno que recibiremos de Él en el nuevo año que comienza, etc. Seamos creativos y, respetando las normas establecidas, vivamos con signos concretos y posibles esta Navidad.

Al acercarnos al Niño Dios recién nacido para adorarlo y ofrecerle lo mejor de nosotros y de nuestras pertenencias, comenzamos a entender que es necesario hacerse pequeño, niño, humilde, para comprender y vivir el misterio de la Navidad. Así lo expresaba el mismo Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien» (Lc 10,21). Celebramos el regalo del amor de Dios que se hace hombre para enseñarnos a nosotros a amar a Dios y a los demás.

En Navidad celebramos la humildad y generosidad de Dios. La Navidad nos invita a volver al pesebre, a adorar al Niño Dios, contemplar e imitar a los allí presentes y a seguir el camino de Jesús para ser sus discípulos. Y, seguir este camino es vivir en la verdad y experimentar que la vida plena nos viene de Él. En el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, que se nos revela en el pesebre, nos sorprende y conmueve la belleza de la humanidad que allí contemplamos: el Niño-Dios, María, José, los ángeles, los pastores, los Reyes Magos, el buey y la mula. Lo primero que nos impresiona es la humildad de Dios, presencia divina transparente. Jesús nos enseña a caminar por este sendero para poder encontrarlo, adorarlo y parecernos a Él.

Dios es generoso, no sólo porque nos dio la vida y tantas otras cosas más, sino porque Él mismo se nos dio por entero a nosotros. Por eso, el que quiera ser amigo de Dios y de los demás, tiene que ser humilde y darse como Él, hacerse prójimo en la propia familia, entre los vecinos del barrio, los compañeros de trabajo; tiene que ser responsable en su profesión, honesto en la administración que se le confía, y comprometido con los que más sufren la falta de un techo digno, de un salario equitativo y justo, de alimento suficiente y de acceso a una educación y salud de calidad para todos. Este camino se transita en humildad y generosidad, virtudes que brillaron en María y en José. No se puede ser generoso de verdad si no se es humilde. La humildad hace posible la verdadera generosidad, la cual promueve la dignidad del otro, crea vínculos solidarios y hace comunidad.

Vivamos la Navidad cristianamente, aprovechando los espacios y actos litúrgicos y navideños que estén a nuestro alcance y celebremos con el corazón lleno de luz y de paz el Nacimiento del Hijo de Dios.
Feliz Navidad a todos.

+Ángel Fernández Collado
Obispo de Albacete

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