Coronavirus

Mensaje de CONFER: «Que la vuelta a Galilea no sea la vuelta a lo anterior»

La presidenta de CONFER, Mariña Ríos, y el vicepresidente, Jesús Díaz Sariego, recuerdan en su mensaje de Pascua que está en nuestras manos «que la vuelta a Galilea no sea la vuelta a lo anterior, a la “normalidad”; que este misterio de muerte y vida que vivimos no sea un paréntesis, sino que lo que se nos está revelando experiencialmente, lo que se nos está desvelando de nuestro mundo, de nuestro modo de vivir, de nosotros mismos… sean brújulas en el camino nuevo que estamos llamados a recorrer como humanidad y como creyentes».

Además, en sus palabras tienen presentes de modo especial «a las religiosas y religiosos, a las comunidades, que están experimentando en ellas mismas la enfermedad y la muerte causada por la pandemia».

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Queridos hermanos, queridas hermanas: En este tiempo hemos vivido una Cuaresma y una Semana Santa singular, seguramente con una hondura distinta, con una conciencia diferente, en una cercanía al Señor con el deseo de mirar con Él y desde Él lo que estamos viviendo como humanidad; de mirarlo a Él, el Siervo, el Crucificado… y reconocerlo en el rostro de nuestros hermanos. En este tiempo en que tantos hermanos y hermanas nuestras están sufriendo, estamos participando de este dolor, no sólo en la cercanía, en el servicio, en la oración… sino también, “como uno de tantos”, en propia carne. Tenemos presentes de modo especial a las religiosas y religiosos, a las comunidades, que están experimentando en ellas mismas la enfermedad y la muerte causada por la pandemia. Hoy, “cuando aún está oscuro”, se nos anuncia la Vida cuando nos acercamos al sepulcro donde sólo esperábamos encontrar muerte, dolor, sufrimiento…; se nos hace presente el Resucitado mostrando sus heridas y comunicándonos su paz que aleja de nosotros los miedos. A la luz de la Pascua se nos dan ojos nuevos, mirada honda para reconocer, seguir reconociendo, los signos de vida nueva que este tiempo de dolor nos va entregando: la conciencia más fuerte de ser familia humana; las señales de gratuidad, generosidad, vida entregada… en tantas personas; la cercanía a los demás a pesar de la distancia física; el cuidado mutuo desde la responsabilidad cotidiana; la posibilidad de reconocer, de poner rostro, a los vecinos a los que tal vez nunca habíamos mirado a los ojos, y con los que nos hermanamos cada día en el aplauso de la tarde; el permanecer al lado de los sufrientes, el acompañar soledades, el servicio menudo y posible a los más frágiles; la creatividad evangélica para buscar nuevas formas, en esta situación, de tender la mano a los otros, de compartir la fe y la oración, que nos hace vivenciar de modo nuevo ser comunidad eclesial a través de los medios de comunicación…

Hoy experimentamos con alegría que el Resucitado nos envía a proclamar que está entre nosotros, que nos da aliento para ir a nuestros hermanos; nos promete encontrarlo en nuestra Galilea, esta Galilea que es nuestro mundo herido, donde comunicar su presencia pasa por “vendar corazones desgarrados”, “consolar a los afligidos”, tejer comunidad y fraternidad, reconocerlo en el compartir y partir pan y vida, anunciar que Él es el Señor de la Vida. Después de la Pascua nada es lo mismo, aunque parezca que todo es igual; después de la experiencia pascual que estamos viviendo, nada será lo mismo. Está también en nuestras manos que la vuelta a Galilea no sea la vuelta a lo anterior, a la “normalidad”; que este misterio de muerte y vida que vivimos no sea un paréntesis, sino que lo que se nos está revelando experiencialmente, lo que se nos está desvelando de nuestro mundo, de nuestro modo de vivir, de nosotros mismos… sean brújulas en el camino nuevo que estamos llamados a recorrer como humanidad y como creyentes. En este hoy donde el Resucitado se nos acerca cuando “aún está oscuro”, resuena en nosotros el Salmo 30: “Sed fuertes y valientes de corazón los que esperáis en el Señor”. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Mariña Ríos odn y Jesús Díaz Sariego op

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