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Myanmar: El cardenal Bo llama a resistir al golpe de manera no violenta
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Mensaje de Adviento del cardenal Bo: «¡Que haya paz en Myanmar!»

Mensaje de Adviento del cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Rangún y presidente de la Conferencia Episcopal de Myanmar. Llamamiento a la paz para un país que se desangra en la violencia. Han transcurrido diez meses del golpe de Estado que acabó con el sueño democrático birmano y Myanmar se ha convertido en «un valle de lágrimas».

El 6 de diciembre un tribunal de Naypyidaw, la capital, condenó a cuatro años de prisión a la líder opositora y premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi: dos por el cargo de sedición y dos por violar las restricciones del coronavirus durante la campaña electoral. El expresidente Win Myint también ha sido condenado. Aung, de 76 años, debe ser aún juzgada por otros diez delitos, entre ellos los de corrupción y violación de secretos de Estados, y se enfrenta a una posible condena de hasta cien años.

El general Min Aung Hlaing y Aung San Suu Kyi, en una imagen de 2015 / EFE.

«No es una sorpresa. Todos en Myanmar sabían desde el principio que la habrían condenado. Y todos sabemos que las acusaciones en su contra no corresponden a la realidad», ha dicho el cardenal Bo en el diario italiano Avvenire esta misma semana.

Las organizaciones de derechos humanos calculan que desde el golpe militar de febrero han sido asesinadas 1.500 personas y que otras 4.000 están en la cárcel. Asimismo, dos Estados, los de Karen y Kachin, cuentan con conflictos armados internos de índole étnica. Los militares han atacado algunas iglesias cristianas, aunque hasta ahora ningún sacerdote ha sido asesinado o encarcelado. El Papa Francisco hizo un llamamiento en el Ángelus del pasado 20 de junio para que se respetaran iglesias, pagodas y escuelas, lugares de refugio para la población. Unas semanas antes, el bombardeo de una iglesia en una aldea del Estado de Kayah había causado la muerte de cuatro personas.

«La violencia solo engendra violencia»

«Ya es suficiente, mi querida Myanmar», escribe el cardenal Bo en su mensaje de Adviento, en el que recuerda que la Navidad es una época de introspección tanto «para los que sólo creen en la violencia» como para «sus víctimas». «Los que inician activamente la violencia y creen en la tortura sádica y el asesinato son la causa principal de este valle de lágrimas», denuncia.

El arzobispo señala que su país se ha convertido en «una tierra donde la muerte violenta se ha convertido en la norma. Este es un valle de lágrimas. La repugnante violencia de los últimos diez meses ha ofendido la sensibilidad del mundo. Sin embargo, no aceptamos el mal de la desesperación y el odio. Con Jesús queremos proclamar: ¡que haya paz!».

«Manteneos firmes en la verdad: manteneos firmes en el amor», pide a los birmanos. «Siempre hay una vía no violenta, una solución pacífica. Una vez más, hago un llamamiento a no seguir el camino de la violencia. La violencia sólo engendra violencia. Creed en la verdad; creed en la fuerza del amor», exhorta a su pueblo, al que le dice que «el amor es una prerrogativa de los valientes».

«Como cristianos —observa el presidente del episcopado— buscamos orientación en la Palabra de Dios y en la inspiración del Espíritu Santo. Cristo es nuestro líder. Su nacimiento, su vida y su mensaje de esperanza deben guiarnos. El Adviento nos dice: Cristo apareció en ese contexto de caos y odio. Fue víctima de la arrogancia del Imperio Romano. La muerte y las masacres eran la norma cuando él era un niño. El genocidio de los niños ocurrió cuando Herodes decidió matar a todos los pequeños. Jesús era un refugiado. Herodes fracasó; Pilato fracasó. Sin embargo, el Amor encarnado, en ese sencillo pesebre, nacido de gente pobre como la nuestra, venció».

Y concluye: «Habrá una auténtica Navidad si este país cree en los medios pacíficos. Dejemos que la profecía de Isaías se convierta en nuestra realidad a partir de este tiempo de Adviento: “Convertirán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces. Ya no se levantará la espada de una nación contra otra, ni se aprenderá más la guerra” (Is 2, 4)».

Sor Ann Rose Nu, mujer inspiradora e influyente

En Myanmar, unos 55 millones de habitantes, hay más de 135 etnias, una de ellas la de los masacrados rohingyas (de religión musulmana), que habitan el estado de Rakhine. La fe mayoritaria es el budismo. El número de cristianos se calcula en unos 750.000. El Papa Francisco visitó este país, así como la vecina Bangladesh, en noviembre de 2017.

La antigua Birmania ha sido gobernada ininterrumpidamente por los militares desde 1962. Tras pactar una nueva Constitución en 2008 que les seguía garantizando los ministerios claves y la cuarta parte de los escaños del Parlamento, el ejército accedió a convocar elecciones libres. Estas fueron ganadas en 2015 por la Liga Nacional para la Democracia (NLD) de Aung San Suu Kyi. El pasado 1 de febrero, sin embargo, el ejército sacó los tanques a la calle y acabó con el sueño democrático.

La imagen de la posterior represión la ofreció la religiosa Ann Rose Nu Tawng, de las Hermanas de San Francisco Javier. Sor Ann se puso de rodillas el 28 de febrero en Myitkyina, capital del estado de Chin, para rogar a la policía que no disparara al pueblo que había salido a la calle a protestar. «Pude hacer tal cosa porque Dios me bendijo y me usó como Su herramienta y el Espíritu Santo también me bendijo con valor», declaró posteriormente. «Estaba usando mi propia vida para que los jóvenes tuvieran tiempo de huir. Fue un acto pequeño, pero al hacerlo con gran amor, atrajo a la comunidad internacional y obtuvo publicidad. Siento profundamente que era Dios quien quería que el mundo conociera la situación en Myanmar».

Esta misma semana la BBC ha incluido a la Hermana Nu Tawng en su lista de las cien mujeres más inspiradoras e influyentes de este año 2021.



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