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Meditación para la Octava de Navidad: Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, por Ángel Moreno de Buenafuente

La celebración de la Navidad tiene sus ritos, que obedecen a diversas tradiciones. El encuentro familiar, la cena y comida especiales, el canto de los villancicos, las celebraciones litúrgicas, los adornos domésticos y sociales, hacen de las jornadas navideñas unas fiestas entrañables, colmadas de sentido humano y entre cristianos, de alegría desbordante, por el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios.

 

Tengo por costumbre, en la tarde de Navidad salir solo por los montes, como si viera por primera vez la vegetación, el paisaje, las distintas especies de los árboles. Este año me imaginaba el paseo de Adán por el paraíso, asombrándose de la multitud de plantas, arbustos, que repueblan la tierra, pero en mi caso no me sentía solo, sino agradecido a Quien lo hizo todo y que por haber venido a nuestro mundo me permitía contemplar la realidad transfigurada de manera agradecida.

 

Al tiempo del paseo, he ido mirando las encinas añosas, las sabinas centenarias y los enebros jóvenes, los robles sin hojas, espinos, requejos, cipreses, los setos tapizantes, las plantas más pequeñas, el liquen, el musgo, los espliegos, aliagas, zarzas, como si los viera por primera vez. Y los he invitado a cantar conmigo, con la creación entera, por la venida del Creador a la tierra.

 

Es indescriptible la serenidad que se respira en contacto con la naturaleza, como por ósmosis entra el reflejo de la mirada de quien lo hizo todo por amor, para colocar al ser humano en medio de la espesura y de la fragancia.

 

Es verdad que, al mismo tiempo que uno se entrega a la contemplación de las obras creadas, están sucediendo otros hechos violentos, dramáticos. Una reacción solidaria no es sumarse a la violencia, sino enviar, en comunión con los seres que trabajan por la paz y la convivencia, un gesto anónimo de amor y de plegaria.

Amigo, te envío, desde el silencio, la soledad, la naturaleza, la oración, la belleza, que abrazan el Sistal, un gesto de paz, una llamada a entrar dentro de ti, con la certeza de que encontrarás el secreto de la Navidad, Dios con nosotros, compañero de camino para siempre.

 

Con el augurio de un final de año feliz y un tiempo nuevo venturoso. Recibe con las imágenes tomadas, al hilo de mis pasos, una ráfaga de esperanza.

 

Un abrazo.

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