Medio centenar de jóvenes de la diócesis de Almería en Taizé
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Medio centenar de jóvenes de la diócesis de Almería en Taizé

Este verano, 46 jóvenes de las parroquias de Campohermoso y Níjar partían hacia la comunidad ecuménica de Taize (Francia). La imagen que les guiaría durante el camino sería un Icono copto de Jesús y el abad Menas, que los jóvenes llaman el “Icono de la Amistad”, ya que Jesucristo aparece con el brazo echado sobre el compañero de camino. Con ello, se dio sentido a esta peregrinación: “nosotros somos acompañados por Jesucristo, no estamos solos, Él viene con nosotros”.

 

Como otros años, los jóvenes que participan en los grupos parroquiales y en la oración mensual al estilo de Taizé, hicieron camino hacia Francia, parando en Barcelona. Allí fueron acogidos por las religiosas de la Inmaculada de Castres y visitaron la Catedral de Barcelona. De paso, pudieron visitar uno de los grandes lugares (desaparecidos) de la cristiandad: las ruinas del Gran Monasterio de Cluny; lugar donde surgió una de las reformas de la vida monástica benedictina.

 

A falta de pocos kilómetros, los asistentes emoción divisaron por la mañana la Colina de Taizé, embargados de una gran emoción. La mitad de los que participaban eran nuevos en este viaje. De ahí que se comenzara con una ruta turística para que entendieran qué es Taizé. Estuvieron orando ante la tumba del Hermano Roger y en la iglesia románica, donde comenzó la andadura de esta comunidad ecuménica.

 

Fue una semana llena de Dios, de vida comunitaria y de alegría. Los jóvenes han vivido con gran gozo el poder compartir reflexiones bíblicas con jóvenes de otros países; el coincidir con grupos españoles de Córdoba, Albacete, Santander,.. Unos 350 españoles en total, con los que compartieron grandes ratos y crecieron en amistad.

 

Las tres oraciones al día, que vertebran la vida de Taizé, siempre sorprenden y toca corazones. Antonio Manuel Hernández Belmonte, párroco de Níjar, comenta que “como sacerdote he tenido la suerte de poder acompañarlos e incluso emocionarme con ellos al verles cantar y en silencio. Conmueve encontrarte en oración junto a 4.000 jóvenes”.

 

Los jóvenes han descubierto la importancia del silencio, como espacio para escuchar y sentir a Dios. Por las noches, la gran mayoría, seguía su oración personal, reflexionando sobre un material y textos bíblicos que, desde Campohermoso, se preparó para atender el Motu Propio del Papa Benedicto XVI, “Porta Fidei”. Ellos han ido redescubriendo qué es la fe y en quién creen los cristianos.

 

Dos grandes momentos en las oraciones de la tarde llenaron los rostros de los jóvenes de lágrimas. El primer momento fue la adoración de la Cruz, en el que el joven, poniendo su cabeza sobre la cruz bizantina, ora. Siempre sorprende escuchar entre los cantos el sollozo que surge de los que están adorando la Cruz. Otro momento de singular emoción, fue la Vigilia de la Luz, cuando toda la iglesia de la Reconciliación se llena de la Luz del Cirio Pascual.

 

Taizé viene a ser para los jóvenes una experiencia de sencillez y austeridad en la vida; de descubrimiento de la oración y del silencio; de conocimiento de lo que es la unidad entre todas las Iglesias cristianas; de tiempo para compartir, agradecer, sonreír; de paz con los demás; de vida sin aparatos,… Taizé es como un poquito de tiempo de gloria aquí en la tierra.

 

Este tiempo de gracia para los jóvenes acabó con la Eucaristía dominical, en la que vivieron la comunión entre todos. Estas son las palabras de los jóvenes sobre qué ha sido Taizé para ellos, escrita en una carta al amigo/a que no ha podido ir con ellos:

 

“Alejados de tecnología, te das cuenta de que las cosas son distintas a como se ven… En Taizé ha crecido mucho mi fe, he aprendido a ver a Dios con otros ojos y no me hace falta un milagro para creer en Dios. Taize no cambia, Taizé te cambia. Ésta es una de las grandes cosas que se pueden aprender aquí y más cosas inexplicables. Poder ver la unión que existe entre diferentes culturas y países. El poder ver como cada persona abre su corazón a los demás… Adentrarte en los senderos de Dios. Este lugar es una experiencia inolvidable, la cuál te ayuda a encontrar respuestas y a expresar tu grado máximo de fe en Dios, además de otras cosas secundarias como aprender idiomas, conocer gente de otros países… Aquí encontrarás el silencio, la paz interior, estrechas tu relación con Dios y, además de todo eso, te convertirás en mejor persona, aprenderás a respetar a las personas de diferentes lugares y te sentirás mejor contigo mismo”.

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