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Cartas de los obispos Última hora

Me gusta noviembre

La solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los fieles difuntos se proyectan sobre el mes en el que celebramos el día de la Iglesia diocesana, la jornada mundial de los pobres, el recuerdo y oración por las víctimas de los accidentes de tráfico y, además, el fin del año litúrgico. Llevando adelante la misión en el presente, caminamos hacia el futuro definitivo. Todo ello me hace decir: “me gusta noviembre”.

La pandemia continúa imponiéndose en nuestras vidas y determinando nuestras agendas, planes, proyectos y propósitos. A cada paso, se nos hace más evidente la necesidad de cuidar lo esencial cambiando todo aquello a lo que nos vemos urgidos. Noviembre es buen mes para descubrir que la conversión no es optativa, sino troncal, además de amena y generadora de una satisfacción inusual. Requiere muerte, sí, caída de hojas muertas. Es muerte de lo innecesario, de lo que ralentiza el ritmo del caminante. Exige soltar lastre y, cuando lo logramos, trae alegría. Nos lleva por una senda de liberación en la que recordamos, con una plegaria agradecida, a quienes nos preceden en el camino de la fe y, libres de todo barro, ya han llegado a la total contemplación del rostro de Dios, que es la mayor felicidad que podemos anhelar.

Me gusta noviembre, a pesar del dolor acumulado a estas alturas de 2020. Un dolor que estamos llamados a acoger y mitigar. Me gusta noviembre, aún con la lacerante ausencia de personas queridas que ya fueron llamadas a la casa del Padre y se mantienen con nosotros a través de la fe, la esperanza y el amor que no se agotan. Me gusta noviembre, que este año trae también para mí un traslado de diócesis, tiempo de despedidas y nuevos saludos que se convierte, por su gracia, en tiempo de Dios. Me gusta noviembre, porque nos ofrece revivir la experiencia del otoño, que hace caer lo accesorio para acariciar un fecundo invierno purificador que promete una ansiada primavera.

Me gusta noviembre, este noviembre de 2020, porque pone ante los ojos lo que somos y seremos: discípulos misioneros de Jesús, es decir, de la Esperanza; la única esperanza que puede sostener nuestra humanidad herida y sanada en las manos de Dios todomisericordioso. Me gusta noviembre, como me gustará diciembre, si logramos fijar los ojos con ternura y gozo en quien salva este mundo, Dios y hombre verdadero, fuente de todo bien: Jesucristo, Señor de la historia.

 

✠ Luis Ángel de las Heras, cmf
Administrador diocesano de Mondoñedo-Ferrol

 



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