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Mayo, mes de María en el Año de la Misericordia, por Julián López Martín, obispo de León

Mayo, mes de María en el Año de la Misericordia, por Julián López Martín, obispo de León

Queridos diocesanos: Estamos comenzando el mes de mayo, tradicionalmente dedicado a la Virgen María por la piedad popular. Por este motivo quiero recordaros estas palabras del papa Francisco en la Bula de convocatoria del Año Jubilar de la Misericordia:

“El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios. Ninguno como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado-resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor” (Misericordiae vultus, 24). Como sabéis, el mes de mayo, coincide cronológica y espiritualmente con el tiempo de Pascua. La Madre del Señor, que estuvo presente en el momento central del misterio pascual junto a la cruz de Jesús (cf. Jn 19,25-27) y en la culminación que significó la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14), aparece en el camino de la Iglesia y en el nuestro alentando la participación en el citado misterio.

Se trata de una feliz coincidencia, puesto que los cincuenta días del tiempo pascual son especialmente apropiados para celebrar los sacramentos de la Iniciación cristiana, especialmente la confirmación y la primera comunión, e incluso para conmemorar el bautismo recibido. Las prácticas tradicionales del mes de mayo, como el ejercicio de las flores y el mismo santo rosario, no solo no están al margen de estas celebraciones sino que las acompañan y fortalecen al poner de relieve la función que María desempeña en nuestra vida. Como podemos apreciar en los relatos evangélicos, ella no solo es referencia y modelo para nosotros sino también ayuda y estímulo, porque refleja en sus gestos y actitudes la acción de la gracia de Dios que se nos ofrece en los sacramentos.

Por eso, el Año Jubilar de la Misericordia nos invita también a descubrir y a encontrar en María “la alegría de la ternura de Dios” como sugiere el bello texto citado antes. Eso es, justamente, lo que significa el título de Madre de la Misericordia referido a la Santísima Virgen. El pueblo cristiano sabe muy bien que tiene en María una aliada incondicional para alcanzar la misericordia divina. Ella, que proclamó delante de Isabel que la misericordia de Dios “llega a sus fieles de generación en generación” (Lc 1,50), sigue siendo referencia y garantía de ese don para cuantos la invocan. En efecto, María es la Madre de Cristo, en quien se manifestó en toda su riqueza el amor de Dios al mundo (cf. Jn 3,16-17). Con razón se puede afirmar, por tanto, que la maternidad virginal de María fue el comienzo de la comunicación a los hombres de la misericordia de Dios. Pero, además, la vinculación de la Santísima Virgen a la obra de nuestra salvación, iniciada en Nazaret por obra del Espíritu Santo, no termina en Pentecostés sino que sigue acompañando misteriosa pero eficazmente a la Iglesia con el paso del tiempo. Este es un aspecto del ejercicio de la misión que María recibió junto a la cruz del Señor en favor de los discípulos de su Hijo y que nos alcanza los dones de la salvación como hizo un día en Caná de Galilea (cf. Jn 2,3-5).

Los ejercicios piadosos del mes de mayo, tradicionales o renovados, nos ayudarán eficazmente a celebrar el Año de la Misericordia y a percibir sus frutos. El papa Francisco dice en el documento citado antes: “Dirijamos a María la antigua y siempre nueva oración de la ‘Salve’, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús”.

+ Julián, Obispo de León



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