Revista Ecclesia » Maximiliano María Kolbe (1894-1941), un hombre de entrega gratuita a los demás
Maximiliano-Kolbe
Destacada Iglesia en España Opinión Última hora

Maximiliano María Kolbe (1894-1941), un hombre de entrega gratuita a los demás

San Maximiliano nace en enero de 1894, en Zdunska Wola (Polonia); en 1910 ingresa en la Orden Franciscana Conventual. Obtiene los doctorados de Filosofía y Teología en Roma en 1915 y 1919. Es ordenado sacerdote en 1918. Su vida desarrolla dos aspectos fundamentales para la Iglesia y los Franciscanos y que la sintetiza de una manera magistral Juan Duns Escoto: la Inmaculada Concepción de María y la entrega gratuita a los demás.

Juan Pablo II, ante la tumba de san Maximiliano Kolbe

Pío IX proclama el dogma de la Inmaculada en la bula Ineffabilis Deus del 8 de diciembre de 1854. Culmina así una historia que los Franciscanos iniciamos hacia el final del siglo XIII cuando Escoto defiende el privilegio de gracia de María: todos hemos sido hecho pecado para que todos necesitáramos la gracia de Jesucristo para salvarnos (Rom 5,12). La salvación es universal en la medida en que Cristo es un mediador perfecto, al ser perfecto Dios y perfecto hombre. Por consiguiente, la mediación para la salvación debe cubrir todos los campos posibles para que la redención alcance a toda la realidad y supere la posibilidad de salvación de cualquier otro mediador. Esto se alcanza cuando, no sólo libera del pecado, sino también cuando es capaz de preservar a una persona de él. Es lo que sucedió con su Madre. Jesucristo preservó a María de toda mancha original y ejerció así la mediación universal de la salvación más perfecta posible. San Maximiliano se entrega por completo a la aplicación del dogma mariano y a su desarrollo espiritual. Con seis franciscanos, funda el movimiento de la Milicia de la Inmaculada y en 1927 la Ciudad de la Inmaculada (Niepokalanów) cercana a Varsovia. Edita dos periódicos: El Caballero de la Inmaculada y El Pequeño Diario. Va de misionero a Japón donde publica El Caballero de la Inmaculada con una difusión que alcanza el millón de ejemplares.

El Papa Francisco, en la celda de san Maximiliano Kolbe

La difusión de la gracia de María se funda en la comprensión de la identidad de Jesús. Escoto defiende que la salvación es sobre todo una donación personal de Dios en Jesucristo, que ciertamente abarca la superación del pecado, pero no se reduce a esta sola dimensión. La salvación entonces se enriquece porque la entrega eterna del Padre al Hijo, y que lo constituye como tal, hace que éste le responda desde la historia por su radical creaturalidad, representando a toda la creación. La respuesta del Hijo al amor del Padre la realiza con su obediencia, que incluye el ejercicio de la libertad, la búsqueda de la justicia y el sacrificio y la muerte en cruz. El sacrificio y la muerte de Jesucristo, en definitiva toda su vida, se fundan en una relación amorosa y se enmarcan en el diálogo permanente lleno de vida que mantienen desde toda la eternidad y desde la presencia en la historia. La salvación, pues, vista desde la Encarnación, es respuesta de amor a un amor ofrecido previamente con libertad y gratuidad del Padre al Hijo. Y Jesús afirma que no hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos  (cf Jn 15,13). San Maximiliano regresa de Japón a Polonia, es hecho prisionero por los nazis y trasladado al campo de concentración de Auschwitz. Francisco Gajowniczek, de 40 años, casado y padre de familia, es condenado a muerte con otros nueve presos en castigo por haber huido un refugiado del campo de concentración. San Maximiliano se ofrece para que lo ejecuten a él en vez de Francisco. El 14 de agosto de 1941 es asesinado inyectándole fenol. El papa Pablo VI lo declara beato en 1971 y Juan Pablo II lo canoniza el 10 de octubre de 1982. En definitiva, María es la nueva Eva; que en un mundo corrompido por el pecado, es posible ser bueno y llevar una vida inocente y sencilla, como se condujo el hijo de San Francisco, que imitándola en su corta e intensa vida cristiana y franciscana alcanzó la felicidad y gloria de los santos.

Por Francisco Martínez Fresneda OFM



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa