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Más de nueve siglos de historia viven en la catedral de Valencia

Más de nueve siglos de historia viven en la catedral de Valencia

El archivero de la catedral de Valencia, Vicente Pons, revisa una de las obras más singulares de su elenco

Vicente Pons, archivero del templo: «Los documentos son la memoria de la Comunidad»

Cuenta con 10.000 pergaminos del siglo XII y 6.000 cajas de documentación

Entre pergaminos del Rey Jaime I, documentos medievales y manuscritos en latín. Así vive el día a día el padre don Vicente Pons, archivero y bibliotecario de la Catedral de Valencia, donde desde hace 10 años cuida con mimo y esmero cada pequeña parte escrita de la historia de la Comunidad Valenciana. Pons, historiador y teólogo de profesión, compagina su labor como custodio de los archivos de la catedral con su otra pasión: la docencia. Es profesor del Departamento de Historia Medieval y Ciencias Historiográficas en la Universidad de Valencia.

«Los documentos son muy importantes porque constituyen la memoria de la Comunidad. Si no hubiera archivos no habría memoria», comenta el historiador. Además, asegura, «son la garantía de una sociedad democrática porque solo podemos exigir los derechos que tenemos si están plasmados en unos documentos».

Y es que para Pons «es un privilegio hacerme cargo de un archivo que se conserva completo desde la época de Jaime I, y que incluso tiene documentación más antigua». De hecho, la catedral cuenta con 10.000 pergaminos relativos al siglo XII, 6.000 cajas de documentación en papel y 480 códices manuscritos. Además, en el archivo se encuentran 200 incunables, los primeros libros escritos antes de 1501, así como una biblioteca auxiliar que contiene unos 10.000 volúmenes, 700 de los cuales son anteriores a 1800. Completa la colección de la catedral el archivo de música compuesto por los maestros de capilla, en el que destacan José Cabanilles y Juan Bautista Comes.

Pero Pons lo tiene claro. De entre los miles de pergaminos, el fondo más importante son los casi 70 privilegios del Rey Jaime I, algunos de ellos relacionados con la conmemoración del 9 de octubre, día en el que se consagró la catedral y dejó de ser una mezquita para convertirse así Valencia en un reino cristiano. «Los documentos los escribe la cancillería de Jaime I, que responde a sus órdenes, y llevan su signo de identificación», explica el responsable, quien destaca que la mayoría de ellos son donaciones a la catedral o a la Diócesis.

El archivero también le profesa un especial cariño a la Biblia de San Vicente Ferrer, «sin duda, uno de los documentos más relevantes porque contiene notas autobiográficas de él». Para Pons, es una pieza «excepcional», este año todavía con más motivo, ya que se conmemoran los 600 años de la muerte del Santo. Dentro de la colección de manuscritos el siglo XII también destacan los comentarios en otra biblia, la de Aviñón, escritos por los papas de la ciudad francesa, y que llegó a Peñíscola cuando el Papa Luna se trasladó allí.

En el archivo de la catedral también se conservan importantes documentos reales, una colección «impresionante desde 1200», que incluye escritos de todos los reyes de la Corona de Aragón y de los condes de Barcelona. Pero entre los documentos reales Pons destaca uno particular «que siempre me ha gustado mucho»: un escrito del siglo XIII de San Luis, rey de Francia, que introdujo una espina de la corona en el mismo.

Avanzando en la historia medieval, quienes visitan la catedral pueden encontrar escritos relativos al siglo XV, como es el caso de las bulas de oro de Alfonso el Magnánimo, rey de la Corona de Aragón entre 1416 y 1458. «Estas bulas contienen un sello de oro, algo excepcional que solo se utilizaba en los grandes acuerdos, en este caso entre el rey de la Corona de Aragón con el papa de aquel momento», subraya el archivero.

Digitalización

Los documentos de la catedral cuentan con cientos de años de historia a sus espaldas. Sin embargo, no han podido evitar la revolución tecnológica, que los ha llevado a la digitalización. Según Pons, los privilegios de Jaime I ya han sido editados: «se ha hecho una reproducción fotográfica y están todos digitalizados para que los investigadores puedan acceder a ellos», indica. Además, gran parte de la conservación se realiza a partir de la digitalización, como apunta el responsable: «Gracias a algunos departamentos de la UV hemos podido digitalizar documentos que peligran o que no están muy bien conservados».

Pero desde la catedral buscan dar un paso más y están trabajando en la automatización de la información en bases de datos sin manipular el documento original «para que esa información se pueda ver desde casa a través de la web del archivo». Dentro de poco, continúa el historiador, «no hará falta que la gente venga al archivo para ver los pergaminos de Jaime I». A su juicio, el gran desafío de los archiveros hoy en día es construir un archivo virtual donde la información no se pierda.

A pesar de las ventajas que suponen las nuevas tecnologías, el responsable admite sentirse preocupado porque en un momento en el que los jóvenes «apenas utilizan el papel, el archivo en la forma tradicional pierda su valor».

Santo Cáliz

Durante siglos, algunos historiadores han afirmado que el Santo Cáliz del que Jesucristo bebió en la última cena se encuentra en la Catedral de Valencia. Pero, ¿es esto cierto? Según don Vicente Pons, «es una pieza auténtica del siglo I, y eso es lo fundamental». Se trata de una copa de ágata de la época y de la zona de Jesús, utilizada por las familias judías para celebrar la Pascua. «Este tipo de copas las utilizaban las familias influyente y ricas de la sociedad, como las que Jesús conocía», destaca el historiador.

El Santo Cáliz ha permanecido en la catedral desde 1435, cuando el rey lo entregó como prenda para conseguir un préstamo de 40.000 ducados. Anteriormente, la copa había estado en el Monasterio de San Juan de la Peña, desde donde pasó al rey Martín I. Más tarde fue trasladada a Zaragoza, después a Barcelona y, finalmente, en la época de Alfonso el Magnánimo, a Viveros, que era el Palacio Real de Valencia. Allí continuó hasta que el rey la entregó al Cabildo Catedralicio en 1435 como préstamo.

 

elmundo.es, 29 de octubre de 2018
LUCÍA GÓMEZ

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