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Más de 50 mil personas caminaron por la paz en el Estado de Morelos (México)

epa05800978 Citizens and Mexican legislators participate in a protest against US President Donald J. Trump's wall plans at the border with El Paso, Texas, USA, in Ciudad Juarez, Mexico, 17 February 2017. EPA/ALEJANDRO BRINGAS
Por tercer vez: Más de 50 mil personas caminaron por la paz en el Estado de Morelos (México)

La tercera #CaminamosPorLaPaz convocada por el Obispo de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, demostró el hartazgo de la sociedad agobiada por el mal consecuencia de años de descomposición política y económica del Estado de Morelos, entidad asediada por el crimen organizado, la voracidad de políticos además de sufrir el abandono de funcionarios y azotada por nefastos modelos impuestos a la sociedad, producto del descarte y de la cultura de la muerte.

Pocos medios de comunicación escritos fueron objetivos al reportar fielmente la demostración del pueblo morelense, mejor centraron críticas bajo la limitada óptica política, denostando la #CaminemosPorLaPaz de ser pasarela de candidatos quienes usaron esta demostración de fe como escaparate de sus intereses o minimizando la cifra de participantes en cosa de cientos y nada más; sin embargo, casi 50 mil personas en Cuernavaca caminaron en ambiente festivo y de alegría presididos por el obispo Castro quien llamó a hacer lío para cambiar la decadente situación del Estado de Morelos.

En Catedral, el atrio fue insuficiente para recibir a los miles que llegaron para escuchar la palabra del Pastor a quien vitoreaban al ser portador de la voz y sufrimiento de quienes padecen en carne propia el dolor, de víctimas de la delincuencia y anhelar seguridad y justicia; ciudadanos católicos de bien, “somos más los buenos”, escucharon el profético mensaje donde el Magisterio de la Iglesia y de los Santos padres fueron el ingrediente principal para iluminar la realidad. Castro Castro no dejaba de sonreír y consolar, sabía que era el momento de la Iglesia.

Bajo el método del ver, juzgar y actuar, el Obispo interpeló a la Iglesia que camina en Cuernavaca para preguntarse qué ha hecho con la paz que el Resucitado otorga como fruto de la experiencia pascual. “El ser humano ha traspaso límites inauditos de violencia y criminalidad” y como en los días de Caín y Abel, donde el hermano mata al hermano, mostró la dura realidad de la delincuencia en el Estado que parece reproducir ese mismo odio de tiempos bíblicos cuando el ciudadano común “debe enfrentar el dolor, la angustia y la impotencia ante el crimen organizado, la violencia, la impunidad, el desempleo, la corrupción, los homicidios… Y qué decir de las fosas clandestinas donde muchos cadáveres son echados como basura sin los debidos protocolos de ley, ejemplo claro tenemos en Tetelcingo y Jojutla…”

El tono profético se acentuó cuando, “con voz al cuello”, el Obispo denunció la pobreza de Morelos con hambre y sed de justicia, “con miedo, ofendido y burlado por aquellos que deberían encargarse de su seguridad e impartición de justicia”.

A poco más de un año de celebrarse elecciones para renovar el cargo de gobernador en 2018, Castro dio a conocer la ruinosa situación del Estado que podría seguir la suerte de otras entidades apabulladas por la corrupción y el desfalco. “Nos aqueja una deuda por más de 9 mil millones de pesos” que, por más de 25 años, no refleja el progreso y desarrollo debido para la entidad. En Morelos escasean autoridades que le “sirvan con amor y responsabilidad”.

“¿El Obispo está exagerando?” No! Fue la contundente respuesta, unánime de miles quienes coincidieron con el diagnóstico hecho esa mañana, cada aplauso fue la aprobación tácita de lo dicho por el prelado.

En la segunda parte del mensaje, juzgar, Mons. Castro Castro iluminó la realidad a través del riquísimo Magisterio de la Iglesia y de sus santos padres.

El antídoto es la cultura de la paz para fincar el nuevo estilo de vida tal y como lo enseña Cristo a sus discípulos en las diferentes apariciones después de su Resurrección. “La paz nace de una actitud interior” fruto de la persona de corazón bueno llevando su acción a la vida a través de actitudes bondadosas y se identifica con cuatro requisitos muy importantes según san Juan XXIII, el Papa de la Paz: “Verdad, Justicia, Amor y Libertad”. Teniendo en cuenta estos valores, la realidad social será algo espiritual; sin embargo, la sentencia más elocuente vino cuando en este discurso resaltó la figura de San Agustín, obispo de Hipona, y que ajusta a la perfección ante la impunidad y corrupción de Morelos: “Quita la justicia y qué son los Reinos sino poderosas bandas de ladrones”.

Fue en este punto cuando el mensaje dedicó un magnífico capítulo por el bien de la familia como “agencia y educadora de la paz” y defendió el modelo basado en la célula formada por padre, madre e hijos. Esta fue de nuevo la denuncia cuando, en el actual gobierno morelense, la aprobación de los matrimonios del mismo sexo tuvo un atropellado camino legislativo que, bajo graves dudas en cuanto a la ratificación de los municipios, disolvió el concepto de matrimonio entre un hombre y una mujer.

Echando mano del Magisterio de san Juan Pablo II y del Papa emérito Benedicto XVI, el Obispo de Cuernavaca urgió en la defensa de la vida: Paz y vida son un binomio que representan una conquista a lo largo del camino del progreso humano: “Si quieres la paz, defiende la vida”. En Morelos, los partidos de izquierda han intentado llevar a las discusiones parlamentarias el tema de la despenalización del aborto, a esto se añade la tremenda violencia propiciada por los grupos del crimen organizado que arrebata la vida y relativiza su dignidad y respeto; esa violencia se “impregna de mentira” procurando ganarse su respetabilidad en la opinión pública según se pronunció en el mensaje por la paz.

Ramón Castro afirmó que la indiferencia es una de las principales amenazas contra la paz. Al citar el Papa Francisco recordó que en gran medida el hombre busca “ser autor de sí mismo, de la propia vida y de la sociedad; se siente autosuficiente, busca reemplazar no solamente a Dios sino prescindir completamente de Él”.

La tercera parte del mensaje, actuar, ofreció soluciones a la mano de los fieles para ir mejorando el estado de cosas y superar el desánimo para vivir en la esperanza. Sólo el mal puede ser vencido a través de la educación para la paz que proviene de lo más íntimo de las personas: tener pensamientos de paz, impulsar gestos de paz, orar por ella.

El momento culminante del mensaje tuvo un llamado a Misión diocesana permanente. “La renovación en las parroquias y comunidades cristianas no llegará por vía institucional ni será fruto de grandes planes o estrategias pastorales… llegará por la frescura al Espíritu de Jesús”. Ese mismo Espíritu sopló la mañana del sábado 6 de mayo sobre la Iglesia de Cuernavaca y un Obispo fiel dispuesto para que todos hagan lío con sentido y resumido en el acróstico de la esa palabra: Leer la Escritura, Invitar a todos a la misa dominical y Orar por la paz sobre todo con el Ángelus o Regina Coeli cotidianos.

Quizá los medios de comunicación hayan dado a la caminata un segundo plano en la información; sin embargo, la manifestación de miles en Morelos no puede ser tapada con un dedo. Lo que pasó la mañana del sábado confirma el deseo más profundo del pueblo que quiere superar la descomposición y albergar la esperanza contra la corrupción, impunidad y violencia. La convocatoria del Obispo Ramón Castro tratará de ser desvirtuada por los adversarios como afrenta al Estado laico y otros se colgarán de ella para sacar tajada política. No obstante, en ejercicio de los derechos humanos de manifestación y libertad religiosa, caminar por las calles de Cuernavaca demostró que los derechos se ejercen y no se ocultan. El cronos del ser humano fue superado por el Kairós, tiempo de Dios, de la sociedad organizada en Cuernavaca que caminó con sentido y rumbo sobrenatural hacia la Jerusalén celestial. Quienes se empecinan en el mal son los menos. “Bienaventurados los que trabajan por la paz porque ellos serán llamados Hijos de Dios” (Mt 5, 9).

Fuente: Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México

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