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Martínez Camino en el retiro cuaresmal de la CEE: «Basta hacer grandes las cosas pequeñas para ser Santos»

En la mañana de hoy ha tenido lugar en la Conferencia Episcopal Española una jornada celebrativa de la Cuaresma.

El objetivo de esta propuesta era poder hacer un alto, en el medio del quehacer diario, para tener un encuentro con Jesús y celebrar junto con el resto de compañeros de Añastro un momento de retiro con el que poder adentrarnos adecuadamente en la Semana Santa.

La Jornada ha estado dividida entre la Misa, presidida por Luis Argüello, secretario general de la CEE, y los momentos de adoración al Santísimo, distribuido en tandas y por departamentos para respetar las medidas sanitarias.

En el ecuador de este retiro, Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, dedicó unas palabras para desmigar la centralidad del misterio de la muerte y resurrección de Jesús; al mismo tiempo que interpelaba a la significación de ser santos hoy.

«Si no he hecho algo por Él, es que todavía no he empezado a ser cristiano»

«Todos los cristianos están llamados y obligados a atender a la santidad, a la perfección de su propio estado de vida. Todos han de estar atentos a encauzar atentamente sus afectos y sus deseos», con estas paráfrasis Martínez Camino se ha ido adentrando hacia la preguntas últimas que todo católico comprometido debe formularse: ¿Qué es lo que mueve mi vida? ¿Estoy buscando el amor de Dios? ¿Vivo la caridad como gesto que me acerca al corazón de Cristo? 

Tras referenciar algunos fragmentos de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola, recreándose de forma especial en la contemplación de Cristo crucificado, donde vemos al Hombre «que pasó de la vida eterna a la muerte, para entregarse por mí y mis pecados», el obispo auxiliar de Madrid ha invitado a todos los presentes a pedir de forma individual y con fervor «que Cristo viva en mí y yo muera en Él y con Él». 

Acto seguido, Martínez Camino se ha detenido en la extensión de la preposición «por», desligándola de su extensión «qué». A su juicio, el eco que debe quedar en los cristianos se resuelve en las siguientes cuestiones: «¿Hacemos las cosas por Él? ¿He hecho alguna vez algo en mi vida por Él? Un “qué” sin “por” concluye en obras sin amor que se muestran como inútiles. Son alimento del egoísmo y de la autorreferencialidad. Si no he hecho algo por Él, es que todavía no he empezado a ser cristiano».

Poco antes del cierre de su intervención en este retiro cuaresmal, el que fuera secretario general de la CEE, quiso recordar un fragmento de la literatura espiritual de san Rafael Arnaiz. En particular, sus reflexiones a propósito de una anécdota que le ocurrió en el monasterio de San Isidro de Dueñas, donde se vio así mismo pelando nabos, lejos de su familia y de la que había sido su vocación primera, la arquitectura.

La sencillez del relato y la profunda espiritualidad que desprende, en un entorno privilegiado como la capilla de Rupnik de la CEE,  ayudó a coger más calibre a sus últimas palabras: «Si no veo el bien recibido no puedo amar ni a Dios, ni al otro, ni al mundo. Con un corazón agradecido puedo amar y servir. Basta hacer grandes las cosas pequeñas para ser Santos». 



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