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Mariano Mullerat, médico catalán, mártir en 1936, ya es beato

Mariano Mullerat, médico catalán, mártir en 1936, ya es beato

Hay ya 1901 mártires del siglo XX en España en los altares. En junio de 2019, en Madrid, serán beatificadas  otras 14 mártires monjas concepcionistas franciscanas, del mismo periodo histórico de la persecución religiosa desatada entre 1931 y 1939. La Iglesia celebra la memoria litúrgica conjunta de todos estos mártires el 6 de noviembre

El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Angelo Becciu, beatificó en la catedral de Tarragona (España) al laico Mariano Mullerat i Soldevila que fue asesinado durante la Guerra Civil y que antes de morir atendió a uno de sus asesinos.

Junto a Becciu, concelebraron el Arzobispo de Tarragona, Mons. Jaume Pujol; el Cardenal Juan José Omella, Arzobispo de Barcelona, y los Obispos de las demás diócesis de Cataluña. A la ceremonia acudieron tres hijas del nuevo mártir.

El Cardenal Angelo Becciu recordó durante la homilía que “nada podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor, ni los acontecimientos mas dramáticos ni los sufrimientos más atroces” porque “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones” y recordó que “en las diversas dificultades los cristianos no solamente salen victoriosos sino que además vencemos de sobra gracias a Aquel que nos ha amado”.

Amor frente a la persecución

En ese sentido, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los santos aseguró que “el beato Mariano Mullerat i Soldevilla ha experimentado plenamente en el camino de su peregrinación terrenal el amor de Cristo y ha perseverado en este amor a pesar de las dificultades, las tribulaciones y la persecución”.

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Por eso la Iglesia “reconoce su santidad de vida, que consiste en el amor mediante el cual permanecemos en Cristo, como Él permanece en el Padre”.

También recordó que el tiempo en el que vivió el beato Mariano Mullerat i Soldevilla, “se caracterizó por una fuerte oleada de odio persecutorio contra el cristianismo y contra a quienes manifestaban la fe con las obras de misericordia”, pero “él rechazo huir y permaneció en su lugar. Continuó desarrollando con espíritu evangélico su misión de médico a favor de los mas necesitados”.

Como médico, el beato Mariano Mullerat i Soldevilla unía al cuidado del cuerpo “el cuidado espiritual, preparándolos para recibir los sacramentos. Al mismo tiempo que no dejaba de prestar gratuitamente las atenciones médicas a los pobres”, aseguró el Cardenal quien también precisó que “se convirtió así en un apóstol que difundía el perfume de la caridad de Cristo”.

Un creyente que se tomó en serio su bautismo

También destacó que fue “un creyente que se tomó en serio el bautismo, sembrando a manos llenas la levadura evangélica en la ciudad de los hombres” y que “en su actividad de médico, de alcalde, de periodista se puede captar una clara vida cristiana, abierta incesantemente a las necesidades de los hermanos”.

“Dada la situación de persecución religiosa que explotó en modo violento en el verano de 1936, el beato Mariano sabía que estaba poniendo en riesgo su vida, porque era conocida su identidad de creyente y su ferviente apostolado en asociaciones laicales en las parroquias, en el servicio generoso a los últimos”, recordó el Cardenal y afirmó que “a causa de este estilo de vida abiertamente evangélico era considerado por los milicianos una persona pública que actuaba por cuenta de la religión católica”.

«Capturado y asesinado por los enemigos de Cristo»

Esta pertenencia suya hizo que fuera “capturado y asesinado por los enemigos de Cristo, y pagó con el arresto y la muerte violenta su fe en Jesús hasta el sacrificio supremo de su vida. Tenia 39 años”.

El Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos aseguró que “impresiona la intensidad del amor demostrada por el nuevo beato, que alcanza el culmen en el gesto heroico de perdonar a los propios verdugos y hasta curar una herida de uno de ellos. A la violencia respondió con el perdón, al odio respondió con la caridad que no lleva cuenta del mal recibido, que todo lo escusa y todo lo soporta”.

Aunque cada martirio tiene lugar en una circunstancias históricas trágicas “que asumiendo a veces la forma de persecución, conducen a una muerte violenta por la fe, pero en medio de un drama similar el mártir sabe trascender el momento histórico concreto y contemplar a sus semejantes con el corazón de Dios, amando a sus enemigos y rezando por quienes lo persiguen”, en definitiva, “el mártir hace visible el misterio de la fe que ha recibido y se convierte en un gran signo de esperanza anunciando la salvación para todos”.

“Uniendo su sangre a la de Cristo sacrificado en la cruz, la inmolación del mártir se transforma en ofrenda delante del trono de Dios, implorando clemencia para los perseguidores”, aseguró durante la homilía.

Vivir el Evangelio en modo radical y con sencillez

Por eso el Cardenal Becciu manifestó su deseo de que el ejemplo del beato Mariano sea para “la archidiócesis de Tarragona y para todo el pueblo de Dios que peregrina en España, un potente faro de luz, una insistente invitación a vivir el Evangelio en modo radical y con sencillez, ofreciendo un valiente testimonio de la fe que profesamos”.

“Su disposición a afrontar la persecución y la muerte como paladín de la fe, sigue constituyendo hoy un claro ejemplo de fidelidad a Dios y de amor a los demás. Incluso en circunstancias adversas. Su martirio representa para todos un importante estimulo que impulsa a la comunidad cristiana a reavivar la misión eclesial y social, buscando siempre el bien común, la concordia y la paz”, subrayó.

Además recordó que el ejemplo y el final de la vida del nuevo beato no debe suscitar “un mero sentimiento de admiración, no es un héroe, un personaje de una época lejana”, sino que sus palabras y sus gestos “nos hablan y nos impulsan a ir configurándonos más planamente a Cristo” para poder “ofrecer a la sociedad actual un testimonio de nuestro amor y compromiso por Dios y los hermanos”.

También animó a que “el ejemplo de santidad del nuevo beato nos dé abundantes frutos de vida cristiana, un amor que venza a la tibieza, un entusiasmo que estimule la esperanza, un respeto que de acogida a la verdad y una generosidad que abra el corazón a las necesidades de los más pobres del mundo”.

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