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María y el Sábado Santo. Textos de Juan Pablo II y música F. M. Viejo

María y el Sábado Santo. Con textos de Juan Pablo II y música F. M. Viejo

 Textos recopilados por fray Gregorio Cortázar Vinuesa

                                                                          

«María llevó el cuerpo de su Hijo en su seno virginal. Llevó dentro de sí al Hombre Dios. Lo llevó en sus brazos siendo niño. Lo llevó al templo el día de su presentación. Y sus ojos, más que los de cualquier otro, vieron al Verbo encarnado. Y sus oídos lo escucharon ya desde sus primeras palabras. Y sus manos tocaron al Verbo de la vida (cf 1Jn 1, 1). Y lo llevó, más aún que en sus brazos, en su Corazón, especialmente cuando tuvo que estar junto a la cruz a los pies del divino Condenado. Y su Corazón fue traspasado por la espada del dolor, según las palabras del anciano Simeón (cf Lc 2, 35). Y compartió el dolor de su Hijo asociada con ánimo materno a su sacrificio. Y consintió en la inmolación de la Víctima engendrada por ella (cf LG 58). Consintió amorosamente, con aquel amor que él había injertado en su Corazón, con aquel amor que es más fuerte que la muerte y más fuerte que el pecado.

Y luego, cuando ya había expirado y lo habían bajado de la cruz, él descansó una vez más en sus brazos, igual que tantas veces había descansado de niño» (Mensaje pascual Urbi et Orbi 3?4?1988 sp it). «Y ante sus ojos lo envolvieron en la sábana fúnebre y lo llevaron al sepulcro. ¡Ante los ojos de la Madre!» (Audiencia general 2?5?1979 sp fr en it po). «Y lo depositaron en el sepulcro. Y cerraron el sepulcro con una losa» (Mensaje pascual «Urbi et Orbi» 3?4?1988 sp it). «El Sábado santo es el día en que la Iglesia contempla el descanso de Cristo en la tumba después del combate victorioso de la cruz. Recuerda su descenso al mundo de la muerte para sanar las raíces de la humanidad, y espera que se cumpla su promesa: «El Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, que le condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles; lo matarán, y a los tres días resucitará» (Mc 10, 33s).

El Sábado santo la Iglesia se identifica, una vez más, con María: toda su fe se recoge en ella, la primera creyente. En la oscuridad que envuelve la creación María es la única que mantiene viva la llama de la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso y sorprendente de la Resurrección» (Audiencia general 3?4?1996 sp it). «La espera que vive la Madre del Señor el Sábado santo constituye uno de los momentos más altos de su fe: en las tinieblas que envuelven el universo, ella confía plenamente en el Dios de la vida y, recordando las palabras de su Hijo, espera la realización plena de las promesas divinas» (Audiencia general 21?5?1997 ge sp fra en it po).

 

MARÍA Y EL SÁBADO SANTO

Música «¡Qué detalle!», de F. M. Viejo

 

         Hoy la_Iglesia, oh Madre, aguarda contigo / tu_Hijo resucite / el tercero día, / pues nos lo predijo / y fiel es Dios Trino. / Hoy la_Iglesia, oh Madre, lo_aguarda contigo.

 

1.       Lo llevaste_en tu seno / y después en tus brazos; / y muy más lo llevaste / en tu Corazón. / Y_en la cruz, condolida, / a su_entrega consientes; / que mayor que_el pecado / y la muerte_es tu_amor.

 

2.       Y descansó de nuevo / –tras morir– en tus brazos; / y_un sepulcro lo_acoge: / ¡oh cuál tu mirar! / Y contigo, la_Iglesia / mira_a Cristo_en la tumba / y_en su ir a los muertos: / ¡sanador de_ellos va!

 

3.       Todo_el mundo_en tinieblas, / mas tu fe_es llama viva, / expectante_al gran gozo / de tu_Hijo_el triunfar. / Entre todos tú sola / en Dios Trino confías / que_a Jesús, en la carne, / lo resucitará.

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