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María Victoria Herrera (postuladora): La beatificación de las tres enfermeras mártires de Astorga será una fiesta
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María Victoria Herrera (postuladora): La beatificación de las tres enfermeras mártires de Astorga será una fiesta

«Olga, Pilar y Octavia eran jóvenes con energía e ilusión. Pero el encuentro con Cristo y el prójimo en la vida cristiana, en la participación en las asociaciones católicas, había transformado esa energía e ilusión, elevándolas». Así ha hablado para la delegación de medios de la diócesis de Astorga, María Victoria Hernández, postuladora de la causa de beatificación de las tres enfermeras mártires de Astorga, que subirán a los altares el 29 de mayo de 2021. La ciudad y la diócesis se preparan ya para ello.

—María Victoria, ¿qué sintió cuando, por fin, se puso fecha a la beatificación de las Mártires Laicas de Astorga?
—Algo así como haber echado la llave a algo que todos esperábamos. Subrayo «esperábamos», porque reenvía a la virtud de la esperanza. La convicción no es sinónimo de certeza.
El sentimiento asimismo de haber, finalmente, concretado algo que, humanamente hablando, hace referencia a la justicia, no en sentido judicial, aunque la verificación, en este caso, del martirio se lleve a cabo con criterios más o menos atinentes al ámbito procesal canónico; justicia no para con la parte promotora o para con la postulación, sino para con Pilar, Octavia y Olga, las mártires, que dieron su vida por la fe. Justicia en el sentido de dar a cada uno lo suyo.

—¿Cómo es el proceso hasta llegar a la beatificación?
—Es un proceso compuesto de dos fases. En pocas palabras y en líneas generales, la primera, que llamamos investigación diocesana, se lleva a cabo en la diócesis donde, si se trata de martirio, aconteció el hecho martirial, pero también puede pedirse la prórroga del foro, como se ha hecho en este caso, dado que el martirio tuvo lugar en Asturias. En esta primera fase se recogen los testigos y los documentos personales y referentes a la vida del Siervo de Dios, al hecho martirial material y formal, a la fama de martirio desde entonces hasta nuestros días.
Cerrada esta fase, se inicia la fase romana, así denominada porque la responsable directa de la causa será la Congregación para las Causas de los Santos, a la que se trasladan todas las Actas diocesanas. En la Congregación hay también, digamos, una serie de fases: el examen de las Actas diocesanas en vista de su validez jurídica, la elaboración de la Positio bajo la dirección de un relator, el estudio de la Positio por parte de la Comisión de Historiadores si fuera necesario, y seguidamente del Congreso de Teólogos, y de Cardenales y Obispos. El parecer resultante de estas Comisiones se presenta al Santo Padre y él decide. Si se trata de una causa sobre martirio, se procede a la beatificación. Si se trata de una causa sobre virtudes y fama de santidad, el Siervo de Dios viene declarado Venerable. Necesitará un milagro para llegar a la beatificación. También el milagro se lleva a cabo en las dos fases descritas, la diocesana y la romana; en esta interviene una severa consulta médica o de peritos en la materia atinente a la gracia extraordinaria que se debe estudiar, al puesto de la Comisión de Historiadores.

—Como postuladora de la causa, ¿cuál es su misión en la misma?
—Representar a la parte actora ante la diócesis y ante la Congregación para las Causas de los Santos y cualquier curia diocesana. En un cierto sentido trae a la mente la figura del abogado y procurador. Pero no es adecuado para estas causas. No hay ningún derecho lesionado o que reivindicar. La misión es la de proponer, con los medios y en los modos indicados por la normativa eclesiástica, la figura del Siervo de Dios como modelo a imitar, como intercesor ante Dios.

—Lleva muchos años dedicada a las causas de los santos, ¿qué resaltaría de su trabajo en ese ámbito?
—Me gusta recordar las enseñanzas del cardenal Angelo Amato, quien mientras fue Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos participaba al menos una vez al año en los encuentros de formación del Colegio de Postuladores y cuyas palabras siempre han sido una guía y un aliciente en nuestro trabajo. En uno de esos encuentros nos decía que «los santos son los verdaderos tesoros de la Iglesia y quienes colaboran en estas causas son los joyeros, que tratan materiales preciosos y, con paciencia y pericia, los trabajan, limpian y les restituyen el verdadero esplendor». Ese es el trabajo de un postulador. Un servicio, una misión. No es algo para sí mismo. Hay que poner de relieve al Siervo de Dios, al beato, al santo. En el «escaparate» tiene que estar el Siervo de Dios. Por eso dice monseñor Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, que estas causas son para la gloria de Dios y de los santos.
Son causas que llevan muchas horas de trabajo; un trabajo poco o nada mecánico, aunque hay unos esquemas más o menos fijos… pero el contenido es lo difícil. Escribes unas páginas… y no pondrías nunca punto final; a veces, muchas, tienes que dejarlas reposar, ponderar lo escrito, completarlo, leer, escudriñar en la vida del candidato, que viene transmitida por el filtro de los testigos… Además, cada Siervo de Dios es, obviamente, único, porque fueron personas como nosotros, de carne y hueso, con su carácter y personalidad, con su ambiente familiar, eclesial y religioso a las espaldas, con sus experiencias, con sus dificultades. Hay que ejercitar las tres «P» del postulador: presencia, paciencia y prontitud…

—¿Qué proceso es el que más le ha llamado la atención y por qué?
—Uno, el del venerable P. Tomás Morales, S.I., es la causa del corazón; el fundador del Instituto al que pertenezco. A los pocos años de iniciarse su causa, me propusieron la vice-postulación de otra muy importante y, aunque colaboré, no acepté… ¡me parecía como traicionar al P. Morales! Con los santos se establece una gran amistad, un vínculo particular…
Otro es el del venerable Ángel Riesco, estamos en Astorga y no puede pasar desapercibido en su tierra.
Ambas causas, para responder a toda la pregunta, las tengo bien presentes porque me corroboran que la verdad existe y a la verdad se puede llegar. No es fácil. Pero se puede y, sobre todo, se debe. Este mismo sentimiento lo puedo aplicar, y de hecho lo aplico, a la causa de las Mártires Laicas de Astorga.

—¿Cómo será la beatificación del próximo 29 de mayo?
—¡Una fiesta! Una fiesta desde el punto de vista litúrgico, una fiesta con carácter pastoral y eclesial, que implicará no solo a la Iglesia en Astorga, también a la Iglesia en España, y no tengo duda de que también participará y colaborará la sociedad civil.
La ceremonia de la beatificación será en la catedral de Astorga; tiene una plaza bien amplia y acogedora, ¡ojalá sea necesario recurrir a ella!

—Usted que conoce la causa en profundidad, ¿qué destacaría de estas tres jóvenes?
—Es la pregunta más interesante que se puede hacer a un postulador… Cuando san Juan Pablo II estuvo en España en 2003, les dijo a los jóvenes el día antes de proclamar cinco nuevos santos: «ellos fueron jóvenes como vosotros, llenos de energía, ilusión y ganas de vivir». También Olga, Pilar y Octavia eran jóvenes con energía e ilusión. Pero el encuentro con Cristo y el prójimo en la vida cristiana, en la participación en las asociaciones católicas había transformado esa energía e ilusión, elevándolas. Por eso puede descubrirse en esta causa el valor cristológico contenido en la actitud de las tres mártires, imitando a Cristo, en Quien creyeron. El valor escatológico que mostraron donándose hasta la muerte, que no es la última palabra, sino la prueba concreta de la confianza en Dios. El testimonio de la caridad, no abandonando, como el Buen Samaritano, a quienes necesitaban de ellas.

—¿Ve en un futuro a Pilar, Octavia y Olga como santas de la Iglesia española?
—Por supuesto. Es el objetivo al que tienden todas las causas. Así lo deseo y así lo pido. Ojalá que alcancemos esto que tanto esperamos y que no sea en un futuro lejano… Pero hay que pedir, pedir por intercesión de las tres Mártires para obtener una gracia que pueda ser reconocida como milagro, y de este modo puedan ser declaradas santas. La beatificación del 29 de mayo será también una ocasión para acercarlas a los fieles y para que los fieles se acerquen a ellas. Los santos son amigos de Dios y nos alcanzan del Señor aquello que por su mediación pedimos si lo hacemos con constancia, fe y humildad.
El hecho de que la diócesis y en concreto la catedral, centro de la vida litúrgica diocesana, acoja sus restos mortales, memoria visible de su donación, me parece muy significativo.



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