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María, por José-Román Flecha (Diario de León, 7-12-2013)

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María, por José-Román Flecha (Diario de León, 7-12-2013)

El día 24 de noviembre, fiesta de Cristo Rey, el Papa Francisco ha dado por concluido el Año de la Fe, que había convocado su predecesor el Papa Benedicto XVI.

Eso no significa que hayamos aprobado el examen. La fe es un don que nos ha sido regalado, pero hay que acogerlo con gratitud.

La fe es un camino que hay que recorrer pacientemente. Es una plantita que hay que regar con mimo. Es una experiencia que hay que ir elaborando con el tiempo. Es una creencia que ha de hacerse razonable en nuestra mente y que ha de ser testimoniada con la coherencia de la vida.

En este camino volvemos nuestra mirada a Jesús y a María. En su carta “La Puerta de la fe”, Benedicto XVI nos los presentaba como modelos de creyentes. Jesús confió siempre en su Padre Celestial. Fue fiel a su voluntad. Y vivió con sincera fidelidad la vocación de darlo a conocer a los hombres.

María fue saludada por Isabel como “Dichosa por haber creído”. Creyó en la palabra del ángel en la Anunciación. Como diría san Agustín, “la Palabra de Dios se hizo vida en su vientre porque antes se hizo verdad en su mente”. La fe la llevó a cuidar de su Hijo, a defenderlo en la persecución y a seguirlo como fiel discípula hasta la cruz.

En este Año de la Fe, el Papa Francisco ha publicado una carta encíclica que lleva por título “La luz de la fe”. En ella nos exhorta a avivar la fe creída, la fe celebrada, la fe vivida y la fe orada.  Y concluye con una preciosa invocación a María, que hoy nos complace recordar:

“¡Madre, ayuda nuestra fe!

Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.

Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.

Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.

Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y madurar.

Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.

Recuérdanos que quien cree no está nunca solo.

Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.

Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor”.

En esta oración solicitamos con insistencia la ayuda de María. No es ella quien nos concede el don de la fe. Pero su ejemplo y su intercesión pueden ayudarnos a aceptar como ella la Palabra de Dios, a caminar iluminados por su luz, y a vivir esa fe que nos acerca al misterio de la cruz y la resurrección de su Hijo, nuestro Señor.

Que Santa María, nos ayude, además, a vivir nuestra vocación de creyentes con una humilde coherencia y con una sincera alegría. Esas virtudes pueden hacer que nuestra fe colabore a la misión de la evangelización que ha sido confiada a la Iglesia. De esa forma haremos creíble el título de “Estrella de la Evangelización” que ha sido atribuido a María.

José-Román Flecha Andrés

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,

José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,

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