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María, mujer de fe

«La Madre del Señor es icono perfecto de la fe» (L.D.58)

Introducción

Toda la vida de la Virgen María podría sintetizarse así: tuvo fe en la palabra de Dios y la siguió con fidelidad. Desde que el ángel le anunció que sería madre hasta el día de la resurrección de Cristo María ejercitó la fe heroicamente. A la llamada de Dios dio una respuesta afirmativa, personal, libre y generosa: «Se haga en mí según tu palabra» (Lc. 1,38), y esta fue la consigna que dio sentido a toda su vida.

Cuando utilizaba esa imagen, quizá María pensaba en las palabras del salmo: «Como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos fijos en el Señor, esperando su misericordia». Ella esperaba confiadamente en la misericordia de Dios, ha escuchado su palabra y la ha puesto en práctica. «Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica», dirá Jesús a alguien que estaba alabando a su madre.

Después del anuncio se puso en camino a la casa de Isabel que necesitaba sus cuidados; y así, una vez más, la madre se hace sierva y su prima le dirá «Bienaventurada la que ha creído» (Lc.1,45). Solo la fe nos hace felices. «En su vida, María ha realizado la peregrinación de la fe, siguiendo a su Hijo… y está íntimamente asociada, por su unión con Cristo a lo que creemos» (LD.50-59) Es modelo de creyentes y, por tanto, de los discípulos y seguidores de Jesús. Al lado de Juan, discípulo predilecto del Señor, expresa su fidelidad inquebrantable a los pies del Crucificado, manifestando su entrega y amor. Es aquí donde culmina su fidelidad al «si» de la anunciación. Cuando en otros pudo más el miedo que la fe, Ella estaba junto a su hijo agonizante como la mujer fuerte que no desfallece porque su amor es más fuerte que el dolor. La fe ilumina siempre el sufrimiento.

Siguió a Jesús y se mantuvo en pie hasta el final porque había descubierto, con profunda fe y esperanza, que aquella vida entregada desembocaría en resurrección y sería fuente de salvación para muchos hombres y mujeres que a lo largo de la historia serían seguidores de Jesús.

La fidelidad de alguien a una persona o a una causa en la que se cree no se manifiesta tanto cuando se da un camino de rosas sino en los trances más duros. Desde esta unión estrecha con su Hijo, vencedor de la muerte, Salvador de los hombres, confesamos a María glorificada con él, protectora nuestra, madre de aquellos a quienes su Hijo se ha dignado llamar hermanos y los que desde la cruz le entregó para que los recibiera como sus hijos. Desde la cruz «su maternidad se extenderá a todos los discípulos de su hijo. También estará presente en el Cenáculo, después de la resurrección y de la ascensión, para implorar el don del Espíritu con los Apóstoles» (LD.59).

El Año de la Fe en nuestras Diócesis.

Siguiendo las indicaciones del Papa Benedicto XVI, en su Carta Apostólica «Porta Fidei», con la que convocaba el Año de la Fe que daba comienzo el 11 de Octubre de 2012 y concluirá el 24 de Noviembre de 2013, en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, las Tres Diócesis de la Provincia Eclesiástica de Mérida- Badajoz hemos trabajado denodadamente para hacer llegar a todos nuestros fieles la Palabra de Dios, con más intensidad si fuera posible que hasta entonces venía aconteciendo. Hemos promovido actos de todo tipo con jóvenes, con mayores, con las cofradías, con las asociaciones religiosas. Se han realizado Peregrinaciones y aún se van a realizar más antes de concluir ésta extraordinaria efemérides. Pero, aparte todo esto, y siguiendo las directrices que el Papa Benedicto XVI, que recoge en su Carta Apostólica antes citada, invitamos a todos los fieles a leer el Catecismo de la Iglesia Católica porque supondrá encontrar un verdadero instrumento de apoyo a la fe. También hacemos un llamamiento para que en este Año de la Fe, realicemos el ejercicio de la caridad de forma más intensa, porque son indisolubles, en la evangelización, la fe profesada y el servicio a los sufrientes, ya que la fe actúa por la caridad (Gal 5,6). Sin la caridad sería imposible el anuncio evangelizador de la Iglesia. Vivamos inseparablemente las virtudes teologales (Fe, esperanza y caridad) ya que no podemos transmitir la fe sin el servicio de la caridad, al que nos conduce la esperanza, máxime en los tiempos que nos toca vivir que provocan que tantos hermanos nuestros estén carentes de lo indispensable para poder subsistir. El Papa Francisco nos alienta a una Iglesia pobre y al servicio de los empobrecidos

Clausura del Año de la Fe.

Hemos elegido Guadalupe para la Clausura del Año de la Fe de las Tres Diócesis de la Provincia Eclesiástica de Mérida Badajoz, porque es el lugar, el Real Monasterio de Guadalupe, donde se encuentra la Patrona de Extremadura. Hasta allí llegaremos para postrarnos a sus pies y darle gracias por todos los beneficios espirituales concedidos a lo largo de este Año de la Fe y por todas las ayudas, de toda Índole, que Nuestra Sra. de Guadalupe ha tenido a bien otorgamos. Os convocamos a todos a estar el 30 Noviembre próximo en Guadalupe. Allí, todos los extremeños de buena fe tenemos una ineludible cita ante nuestra Patrona la Virgen de Guadalupe. Será un encuentro festivo y, a la vez, todo el pueblo de Dios, familias, jóvenes, parroquias, cofradías, movimientos, asociaciones abierto a todos aquellos que quieren, una y otra vez, confesar su fe en el Padre de las Misericordias, en el Hijo de Corazón Abierto y en el Espíritu Santo «Señor y dador de vida». Con María, mujer de fe, os convocamos a todos para expresar, como Iglesia, «una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre».

 

Provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz, año de la fe, octubre, 2013

 

Santiago García Aracil, Arzobispo de Mérida-Badajoz,

Amadeo Rodríguez Magro, Obispo de Plasencia

Francisco Cerro Chaves, Obispo de Coria-Cáceres

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