Carta del Obispo Iglesia en España

María, modelo de oración cristiana, por José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián

Homilía de monseñor José Ignacio Munilla, en el Santuario de Aránzazu de San Sebastián, en la fiesta de la patrona de Gipuzkoa, Ntra Sra de Aránzazu

Aránzazu 2019

María, modelo de oración cristiana

Querida Comunidad Franciscana de Aránzazu, queridos sacerdotes concelebrantes, queridos fieles todos; y también un saludo especial para las autoridades aquí presentes:

Como es costumbre entre nosotros, al día siguiente de la fiesta de la Natividad de la Virgen María, celebramos a la Patrona de nuestra Diócesis, nuestra Señora de Aránzazu. El amor entrañable a nuestra Madre del Cielo, expresado en esta advocación tan cercana, es un signo elocuente del arraigo de la fe en cada uno de nosotros, así como de la profunda huella que la fe católica ha dejado impresa en nuestra cultura vasca.

Este curso pastoral 2019-20120 se inicia con la puesta en escena de una reflexión de gran calado para la vida de la Iglesia. Me refiero al documento de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, aprobado por el conjunto de los obispos de la Conferencia Episcopal, en el que se dan orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana, y que bajo el título “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”, ha sido publicado con fecha del pasado 28 de agosto, fiesta de San Agustín. Estimo que estamos ante una reflexión especialmente luminosa y necesaria, que bien merece que le prestemos la debida atención.

En efecto, a decir del citado documento, existe en nuestra sociedad un deseo cada vez mayor de paz interior, como consecuencia del ambiente materialista asfixiante  que respiramos en Occidente. Cuando Friedrich Nietzsche propugnaba en el siglo XIX la llamada “muerte de Dios” en nuestra cultura, es de suponer que no era consciente del gran vacío que llegaría a generarse en el alma humana. ¡Cómo no recordar la oración de la secuencia de Pentecostés: “Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro”! Ciertamente, en el momento presente estamos comprobando que en el corazón de todo ser humano anida una profunda sed de Dios, que el materialismo y el hedonismo no son capaces ni de saciar ni de sofocar, sino muy al contrario, la aumentan más, si cabe.

Ahora bien, ante esta situación, el documento episcopal señala el riesgo de que el vacío interior existente en el corazón del hombre, se pretenda llenar mediante falsas espiritualidades. En efecto, las espiritualidades ligadas a la Nueva Era han pretendido sustituir a Dios por la felicidad; o dicho de otro modo, son tendentes a suplantar la búsqueda de Dios, por la mera búsqueda de bienestar emocional o se reducen al aprendizaje de técnicas de relajación que nos ayuden a encajar las contrariedades de la vida.

Si el pensamiento políticamente correcto dominante de la segunda mitad del siglo XX estuvo marcado por la pretensión de acercarse a Jesús de Nazaret al margen de la Iglesia (“Cristo sí, Iglesia no”, se decía); actualmente nos enfrentamos al paradigma de “Espiritualidad si, religión no”. Es significativo que el laicismo –que propugna una cultura sin espacio para la religión—, conviva cómodamente con la espiritualidad de la Nueva Era, que se adecuada al relativismo como anillo al dedo: Jesús de Nazaret sería una referencia más en la nueva espiritualidad, entre tantas otras.

En definitiva, la acuciante demanda de espiritualidad no hace buena la pretensión de la Nueva Era de elaborar una espiritualidad de consumo, al margen de la Revelación de Dios en Jesucristo.  ¿Son compatibles las expresiones de la espiritualidad de la Nueva Era con el cristianismo? Lo cierto es que la reducción de la oración a meditación, sin un Tú como interlocutor, convierten este tipo de prácticas en un monólogo que comienza y termina en el propio sujeto…

Os invito a todos a leer atentamente estas orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana. En ellas se nos ofrecen criterios para ayudarnos a discernir qué elementos de las tradiciones orientales, hoy en día muy difundidas, pueden ser integrados en la praxis cristiana de la oración y cuáles no.  Al mismo tiempo, nos ayudarán a responder a preguntas básicas: “¿La oración es un encuentro con uno mismo o con Dios? ¿Es abrirse a la voluntad de Dios o una técnica para afrontar las dificultades de la vida mediante el autodominio de las propias emociones y sentimientos? ¿Es Dios lo más importante en la oración o uno mismo? En el caso de que se admita una apertura a un ser trascendente, ¿tiene un rostro concreto o estamos ante un ser indeterminado? ¿Es el camino de acceso a Dios que nos ha abierto Jesucristo uno más entre otros posibles o es el que nos conduce al Dios vivo y verdadero? (…) Son cuestiones decisivas para discernir si estamos ante una praxis cristiana de la oración.” (nº 3)

En otro orden de cosas, el próximo mes de octubre ha sido objeto de una llamada especial por parte del Papa Francisco, a celebrar un Mes Extraordinario Misionero. El reciente viaje apostólico de Francisco a Mozambique y Madagascar, nos ayuda más si cabe, a poner a las ‘misiones’ en el centro del corazón de la Iglesia; haciendo resonar en nosotros la llamada de Jesús a ir por todo el mundo anunciando el Evangelio.

Por lo que a la justicia social se refiere, renovamos nuestro compromiso hospitalario con la inmigración que llega a nuestras fronteras, sin olvidar el deber moral de Occidente de afrontar, en su origen, la escandalosa diferencia del desarrollo económico de los pueblos. En efecto, en la Asamblea de Naciones Unidas de octubre de 1970 se tomó el compromiso de que los países desarrollados aportasen el 0’7 de su Renta Nacional Bruta (RNB) a los países en vías de desarrollo. El incumplimiento de este compromiso es patente, ya que a nivel internacional no se ha alcanzado el 0’4%. Tan solo son seis los países que han alcanzado el objetivo pactado; y por desgracia, nosotros estamos lejos de ello. Occidente no tendrá la autoridad moral necesaria para regular los flujos migratorios, mientras no cumpla con su compromiso de cooperación internacional. ¿No es llamativa la ausencia de debate a este respecto?

Encomendamos a nuestra Madre de Aránzazu el curso pastoral que iniciamos, así como tantos retos sociales de los que nos sentimos corresponsables: nuestra crisis de natalidad, la necesaria hospitalidad con los inmigrantes, y el cumplimiento del compromiso de cooperación internacional.  Arantzazuko Ama, otoitz gure alde!!

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