Rincón Litúrgico

María Magdalena, apóstol de la esperanza

María Magdalena, apóstol de la esperanza

Hoy la Iglesia recuerda a Santa María Magdalena, discípula del Señor y testigo de su resurrección ante los apóstoles. Por deseo del Papa Francisco, con un decreto del 2016, su memoria litúrgica fue elevada al rango de fiesta

Ciudad del Vaticano, 22 de julio de 2018

Hoy la Iglesia celebra la Fiesta litúrgica de María Magdalena, Fiesta que hasta el 2016, figuraba en el Calendario Romano con el grado de “memoria obligatoria”. En efecto, fue el Papa Francisco quien quiso esta modificación, fijada a través de un decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, datado 3 de junio 2016.

El Santo Padre tomó esta decisión precisamente en el contexto del Jubileo de la Misericordia, para evidenciar la importancia de esta mujer, que mostró un gran amor a Cristo y por Cristo fue muy amada.

Apóstol de los Apóstoles

María Magdalena es definida en el nuevo prefacio de la Misa como “Apóstol de los Apóstoles”. Fue ella la primera en anunciar la Resurrección de Cristo, la primera que vio el rostro del Resucitado entre los muertos, la primera a quien Jesús llamá por su nombre. Ella, mujer de la que un día, salieron siete demonios y en su lugar entró el cielo.

La gracia de las lágrimas

María de Magdala tuvo la gracia de las lágrimas. Aquellas derramadas sobre los pies de Jesús y secadas con sus cabellos. Las mismas lágrimas que derramó ante el sepulcro improvisamente vacío.

El Papa Francisco, al poco tiempo de salir a la cátedra de Pedro, el 2 de abril del 2013, recordó a María Magdalena en la homilía de la misa matutina en la capilla de la casa Santa Marta, alentando a los fieles a pedir a Dios “la gracia de las lágrimas” para poder ser, como ella, capaces de ver a Cristo resucitado.

Las lágrimas, anteojos para ver a Jesús

En su homilía, Francisco relata la aventura de María Magdalena que llega al sepulcro y debe enfrentar el fracaso de sus esperanzas, porque el Señor no está más allí. “Es el momento de la oscuridad en su alma, del fracaso”. Y no dice “he fracasado”, no. “Simplemente llora”. Porque – agrega el Santo Padre en la homilía – “a veces en nuestra vida los anteojos para ver a Jesús son las lágrimas”.

“Todos nosotros en nuestra vida, hemos sentido la alegría, la tristeza, el dolor” – prosigue el Santo Padre – pero “en los momentos más oscuros, ¿hemos llorado? ¿Hemos tenido esa bondad de las lágrimas que preparan los ojos para mirar, para ver al Señor? Viendo a esta mujer que llora, también nosotros podemos pedir al Señor la gracia de las lágrimas. Ésta es una bella gracia. Llorar por todo: por el bien, por nuestros pecados, por las gracias…” porque “el llanto nos prepara para ver a Jesús”.

Jesús nos llama por nuestro nombre

En la audiencia general del 17 de mayo 2017, el Papa habló una vez más de María Magdalena, recordando su desilusión inicial por no haber encontrado el cuerpo de Jesús, pero al mismo tiempo su perseverancia en volver al sepulcro, una segunda vez. Allí, María es sorprendida por el Señor, que la llama por su nombre.

“Cómo es hermoso pensar que la primera aparición del Resucitado haya sucedido de manera tan personal” – enfatiza el Santo Padre en su reflexión. “Que hay alguien que nos conoce y ve nuestro sufrimiento y desilusión, que se conmueve con nosotros y nos llama por nuestro nombre”.

Y la revolución de la vida de María, es “la revolución destinada a transformar la existencia de todo hombre y mujer”, afirma Francisco. Y con esta premisa, el Papa invita a pensar, a pesar del equipaje de dolor que cada uno lleva en su corazón, “que hay un Dios cercano que nos llama con nuestro nombre y nos dice: ’¡Levántate y deja de llorar, porque he venido a librarte!’

El Obispo de Roma pide la intercesión de María Magdalena transformada en “apóstol de la nueva y más grande esperanza” para que ella nos ayude también a nosotros a vivir esta experiencia de escuchar a Jesús que nos llama por nuestro nombre, en el momento del abandono. Y de esta manera podamos anunciar: “he cambiado vida porque he visto al Señor” porque – asegura el Papa – “ésta es nuestra fuerza y nuestra esperanza”.

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