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María José Tuñón: «Que todos pidan para que la vida consagrada sea cada vez más fiel a la propuesta de Jesús»

La Conferencia Episcopal invita a tener hoy un recuerdo orante por las víctimas de la Vida Consagrada durante la pandemia. Varias diócesis han anunciado que realizarán celebraciones presididas por su obispo, y un gran número de parroquias y comunidades se unirán a lo largo del día a ese recuerdo. «Hay diócesis que a través de sus Vicarios de Vida Consagrada han organizado una eucaristía en este día, con sus obispos al frente…¡todos invitados!», ha explicado  a ECCLESIA María José Tuñón Calvo ACI es la directora del secretariado de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, cargo al que accedió este mismo año. «Que todos pidan para que la Vida Consagrada sea cada vez más fiel a la propuesta de Jesús, que nos ha llamado y convocado a seguir su estela, hombres y mujeres apasionados por Dios y por el dolor de la humanidad», es el deseo de Tuñón.

María José Tuñón

Tuñón destaca el papel de la vida consagrada en la pandemia, sobre lo que la CEE está preparando un informe, según aclara. Pero, sin entrar al máximo detalle, la directora del secretariado sí señala algunos puntos importantes. «La vida consagrada ha estado presente en muchos rincones e incluso desde el silencio, siendo luz y esperanza para muchos y muchas, especialmente con los más necesitados. En camas de hospitales, comedores…ofreciendo una palabra de consuelo en los cementerios, entre nuestros abuelos y abuelas más vulnerables…y entre nosotras y nosotros mismos», señala. Pero, además, valora que «es una pregunta y reflexión todavía muy activa, cómo lo hemos y estamos viviendo desde dentro y cara fuera».

En relación con la figura de la Virgen María

Este recuerdo orante coincide con la celebración litúrgica de la Presentación de María, algo que carga de sentido esta celebración: «¿A quién mejor acogernos? Y de su mano presentarles al Padre, junto con otros y otras fallecidos también en la entrega diaria a causa del contagio del coronavirus, pues Nuestra Madre y hermana, ¡Maria!. Ella es la primera discípula, la primera consagrada y que en su humildad, responde ¡hágase!».

María José Tuñón ha vivido estos meses desde su propia perspectiva como consagrada. «Los meses duros me cogieron compartiendo la vida y misión en una Comunidad de hermanas mayores y enfermas, y no puedo dejar de reconocer que vivir y alentar esa misma vulnerabilidad en “casa” me llevó a momentos intensos de agarrarme y mirar mucho a Jesús-Eucaristía», relata. En medio de esta vulnerabilidad, asegura Tuñón, es posible encontrar signos de luz en la oración y en los demás: «Teníamos la suerte de poder exponer al Señor y doblar la rodilla para adorarle y ponerle en su Presencia tantas penas…y “mis penas” y ¡adquirir fuerzas como dice nuestra Santa y enseguida también abrir nuestra línea de teléfono para recibir peticiones de oración, enviamos una foto significativa de la Exposición del Señor a través WhatsApp…salíamos a aplaudir…mantener la ¡vida!».

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