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María José Muñoz: «Sería un reto incorporar en la asignatura de Religión el arte como testigo de la historia de la que formamos parte»

«En estos tiempos de oscuridad todos estamos sedientos de belleza. Sería un reto precioso para el nuevo currículo de la asignatura de Religión Católica incorporar el arte trasversalmente, y hacerlo formar parte de cada uno de los temas a desarrollar, como testigo vivo de una historia de la que formamos parte». Con estas palabras ha comenzado su alocución María José Muñoz López, directora del Museo Diocesano de Córdoba, que ha participado en el foro online de debate sobre el currículo de Religión.

Tal y como ha explicado, la búsqueda de esa belleza «ha conducido a la Iglesia a cultivar la capacidad del arte para mostrar al mundo las verdades de la fe, con más eficacia que la metafísica o la ética el reto para el profesor de religión», como para cualquier cristiano, «es vivir una vida verdaderamente bella, y ayudar al alumno a encontrar la belleza que lo rodea. Ese es su mejor recurso, por encima de cualquier técnica». De esta forma, la autora del libro Páginas de piedras, ha hecho un recorrido desde la Teología a la pedagogía de la religión a través del Arte.

El legado cultural

Y es que, el desarrollo de la vida cristiana ha generado un impresionante legado cultural. «El misterio de Cristo se ha expresado en incontables manifestaciones artísticas, muchas propiciadas por los sacramentos, otras debidas a prácticas devocionales, o poniendo rostro al inmenso vocabulario que aporta la Sagrada Escritura; ellas han escrito el guión de un relato lleno de belleza, de verdad y de bien».
Evangelio y arte han protagonizado «una historia de amor» que ha dado «frutos preciosos a lo largo de los siglos». Muñoz ha destacado que «cuando solo unos pocos fieles sabían leer, la Iglesia encontró vías como la imagen artística y la música. El pueblo aprendía teología labrada en los muros de las iglesias mejor que en un libro abierto. El arte se esposaba con la comunidad cristiana en una alianza fecunda».

Esta no es una historia del pasado. «Hoy, más que nunca, el arte tiene la misión de descubrir la belleza que hay en el mundo y mostrarla al hombre como invitación a la alegría y esperanza. La vida cristiana no es un comportamiento moral, ni un conjunto de reglas a cumplir, sino una Buena Noticia, una fiesta a disfrutar en la que el arte tiene un papel insustituible».

Un arte «en salida»

El verdadero arte cristiano «nunca se repliega sobre sí mismo, ni se extingue en la autocomplacencia, sino que obedece a la vocación de salir de sí mismo. Es un arte “en salida”, en palabras del Papa Francisco. Recibe su razón de ser dando pleno sentido al entorno que lo rodea. Es un anuncio celeste que refuerza lo mejor de lo que es capaz el ser humano. Traza un camino hacia Dios que el hombre puede recorrer».

Por eso, ha explicado, el arte es un atrio de los gentiles que interpela también a los no creyentes. «Incluso los enemigos de la Iglesia son conscientes del poder de la imagen artística para expresar el credo; la triste práctica de la destrucción de imágenes asociada a episodios de violencia contra la fe es un buen exponente de esta realidad». Pero mucho más frecuente es la postura opuesta: «Multitud de personas se sienten atraídas con un respeto reverencial por las obras de arte fruto de la fe, y no rechazan explorar su significado religioso, aunque no lo compartan. Incluso hay célebres casos de conversiones suscitadas gracias al encuentro con el arte, como el de Paul Claudel, García Morente o Etsuro Sotoo».

En este punto, también ha destacado la construcción de catedrales, monasterios o iglesias «como testigos vivos de una historia de la que formamos parte». Si nos dejamos envolver por su lenguaje, «contagiaremos a nuestros jóvenes, incluso aunque no estén muy predispuestos. Ellos viven una realidad diaria en la que es difícil encontrarse a sí mismos. Pero aunque vivan alienados, tienen sed de Absoluto y no saben dónde buscarlo».

Nuestros recintos sagrados, a veces son presentados solo «como monumentos, piedras muertas que no tienen nada que contarnos de nosotros mismos. No somos conscientes de que son “montañas sagradas”, signos del amor y de la paciencia de Dios en el corazón de la ciudad. Si se saben contemplar, estas edificaciones dan acceso a un espacio y un tiempo diferentes, sorprenden con su autenticidad y simbolismo».

En estos espacios sagrados, «bellos libros escritos en páginas de piedra», se puede recorrer el currículo completo de la asignatura de Religión, «aprender Sagrada Escritura, historia de la Iglesia, el sentido de la vida, valores humanos, el hecho religioso, moral, sacramentos, la Revelación, el Dios trinitario… Es una especie de compendio de la fe, de catecismo labrado».

Decálogo «para un interlocutor idóneo»

El profesor de religión es el interlocutor idóneo para vivir esta «aventura» con sus alumnos y compartirla con otros profesores. «Porque el arte no es un producto de consumo, sino un modo concreto de acercamiento a la realidad del mundo y del ser humano. En esta búsqueda, el profesor de religión es un experto».
Si acompañamos a los jóvenes en este sendero, acabaremos cruzando muchas fronteras. «Ellos saben que el arte no se limita a la arquitectura, escultura, orfebrería o pintura. La expresión artística alcanza la literatura, poesía, liturgia, música, fotografía, cine, diseño digital e incluso la moda. Acercarlos insistentemente a cualquier forma de arte significa pregonar que el mundo es bello, les abre los ojos a la belleza de su propia vida».

María José Muñoz ha querido concluir con un decálogo orientado a los primeros pasos para el profesor de Religión.

1) entusiasmarse personalmente con el descubrimiento de la belleza y del arte (sólo desde la propia experiencia el profesor podrá “contagiar” al alumno)
2) escoger bien la obra de arte a presentar, comenzando por la más accesible y familiar
3) favorecer un clima de contemplación, si es posible “in situ”, frente a la obra de arte
4) priorizar el método inductivo (avanzando de lo particular a lo general), combinándolo con el deductivo y el analógico
5) situar la obra en el contexto sociocultural originario y ponerlo en diálogo con el entorno del alumnado
6) localizar materiales que ayuden a profundizar en los significados (si no existen, prepararlos)
7) descifrar la hermenéutica del espacio, la estructura, técnica, composición, recursos plásticos, iconografía, simbolismos, personajes…
8) no pretender explicarlo todo, dejar espacio para el misterio y el asombro
9) implicar activamente al alumno, animarlo a que se deje interpelar, abrazar por la obra de arte
10) Suscitar una respuesta personal

 

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