Carta del Obispo

María Inmaculada y la alegría del evangelio

eusebio-hernandez-sola

Queridos hermanos y amigos:

Coincidiendo con este segundo domingo de Adviento celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora. Combinamos en este día el sentido de la esperanza propio del Adviento y la alegría del inicio de una nueva humanidad realizada en la Virgen María.

Hace unos días el papa Francisco nos regalaba su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio). Debemos leerla con sosiego y dejarnos impregnar por las palabras del Papa, para que sepamos vivir lo que nos propone desde el inicio de la exhortación:

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años” (EG 1)

Es el mismo anuncio de la alegría del Evangelio que hoy hemos escuchado: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lucas 1, 26-38). Podemos decir que el Papa se convierte en nuestros días en un nuevo Gabriel que vuelve a repetirnos las palabras del Arcángel  para nosotros.

Como nos dice el Papa el pesimismo y la falta de esperanza es uno de los grandes males que nos atacan sin piedad en nuestros días: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada” (EG 2)

Dios tiene una respuesta a toda tristeza que pueda afectar al ser humano y esa respuesta ha comenzado con el sí de María y la encarnación de Jesucristo. Por eso el papa Francisco nos invita a abrirnos a Él: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor” (EG 3).

El sí de María la Virgen se debe convertir hoy en el sí de cada cristiano y de cada comunidad al plan de Dios que siempre da la alegría al mundo. Por ello en este Adviento y en esta fiesta de la Virgen María podemos decir con el santo Padre: “Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores”(EG 3)

En esta fiesta de la Inmaculada quiero terminar con un fragmento de la oración final de la Exhortación que el Papa dirige a María (EG 288):

 

Virgen y Madre María,

tú que, movida por el Espíritu,

acogiste al Verbo de la vida

en la profundidad de tu humilde fe,

totalmente entregada al Eterno,

ayúdanos a decir nuestro «sí»

ante la urgencia, más imperiosa que nunca,

de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

 

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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