Carta del Obispo Iglesia en España

Marcha Diocesana a Barbatona, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez

Marcha Diocesana a Barbatona, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez

El próximo día 8 de mayo, solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos, celebraremos, Dios mediante, la tradicional “marcha diocesana” al Santuario de Nuestra Señora de la Salud de Barbatona. La peregrinación de este año tiene lugar en el marco del Jubileo extraordinario de la Misericordia, convocado por el papa Francisco para toda la Iglesia. Por ello, nuestra mirada tiene que estar especialmente centrada en la contemplación de la Santísima Virgen como “Madre de la Misericordia”.

La Virgen María, que proclama la grandeza y la santidad de Dios porque es compasivo y misericordioso con sus fieles de generación en generación, es reconocida por el pueblo cristiano como “Madre de misericordia”. Los creyentes la invocamos con este título en la oración de la “Salve”. Esto quiere decir que la Santísima Virgen no teme que la presencia de Dios en su vida pueda quitarle libertad con su grandeza y con su poder. Al contrario, vive con la profunda convicción de que, si Dios es grande, todos los que le acogen en su corazón pueden ser también grandes.

La gran tentación del hombre de hoy, como en otros momentos de la historia, consiste en huir de Dios, pensando equivocadamente que el cumplimiento de los mandamientos divinos puede quitarle libertad e independencia. En nuestros días, muchos pretenden ser libres alejándose de Dios y siguiendo los dictados de los gustos y deseos personales sin tener en cuenta las normas morales y sin prestar atención a la verdad y al bien.

Estos hermanos, al actuar bajo los criterios del relativismo y del subjetivismo, olvidan que cuando Dios desaparece de la mente y del corazón humano no son más grandes ni más libres, sino esclavos de sus propios criterios. La persona, sin la referencia a Dios y a sus enseñanzas, pierde su dignidad y, con el correr del tiempo, pierde también la capacidad para reconocer la dignidad de sus semejantes. Como consecuencia de ello, puede llegar a servirse de ellos y a utilizarlos como meros instrumentos para la satisfacción de sus gustos y caprichos.

Las palabras de María y la contemplación de sus comportamientos nos recuerdan que el hombre es grande sólo si Dios es reconocido como grande por él. Esto nos invita a no alejarnos de Dios, sino a dejarle ser el Señor de nuestra vida. Cuando somos conscientes de su presencia salvadora en nuestro vida, entonces tenemos una orientación segura para llegar a la verdadera meta de la existencia. Por eso, es preciso que hagamos espacio a Dios en nuestra existencia y en la orientación de nuestros proyectos.

La Santísima Virgen, desde la contemplación del misterio de Dios, nos invita a conocer, pensar y actuar siempre desde la escucha y meditación de su Palabra para descubrir su voluntad y para secundarla en cada instante de la vida. Como Madre buena, María nos acompaña siempre para recordarnos que hemos de comportarnos con entrañas de misericordia ante toda miseria humana, imitando así los sentimientos del Padre celestial hacia nosotros.

Al tiempo que os invito a todos los diocesanos a participar en la peregrinación a Barbatona para encontrarnos con la “Madre de la Misericordia”, os pido que no dejéis de invocar su especial protección sobre los más pobres y necesitados. Que María interceda por todos ante su Hijo para que mantengamos la alegría en el corazón, la serenidad en el espíritu, la esperanza en el cumplimiento de las promesas divinas y el amor compasivo en las relaciones con nuestros semejantes.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz “Marcha a Barbatona”.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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