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Manuel Alfonseca, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, en la Jornada ‘Ciencia, Fe y búsqueda de la verdad’

Manuel Alfonseca, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, en la Jornada ‘Ciencia, Fe y búsqueda de la verdad’

El hombre estudia al chimpancé, pero el chimpancé no estudia al hombre

  • El catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, Manuel Alfonseca, sugiere que entre el hombre y el chimpancé media un “punto crítico” a partir del que se produce un salto cualitativo, como sucede entre el agua en estado líquido y el vapor
  • La cantidad de información que cada especie es capaz de contener “marca una curva creciente” en la evolución de las especies, por lo que es posible rebatir a los que igualan al hombre a los demás animales sosteniendo que no hay una dirección en el proceso evolutivo
  • En las Jornadas ‘Ciencia, Fe y búsqueda de la verdad’, organizadas por el Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala y la Fundación Cultural ‘Ángel Herrera Oria’ en el Colegio Mayor Universitario de San Pablo

Igual que se produce una diferencia cualitativa entre el agua a 99,9 grados y la que supera los cien, pues pasa a estado gaseoso, cabría pensar que  hay un “punto crítico” similar entre el chimpancé y hombre. Esta es una de las ideas que ha sugerido el catedrático y profesor honorario de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad Autónoma de Madrid, Manuel Alfonseca, durante su intervención en la Jornada ‘Ciencia, Fe y búsqueda de la verdad’, organizadas por el Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala y la Fundación Cultural ‘Ángel Herrera Oria’.

El ponente ha subrayado este salto cualitativo entre hombre y chimpancé, análogo a otros puntos críticos de la física, para ponderar las diferencias entre ambos frente a quienes predican que el hombre no es sino un animal más con el argumento de las similitudes cromosómicas entre la subespecie humana y este tipo de simio. Muy ilustrativamente ha formulado esta idea al señalar que “el hombre estudia al chimpancé, pero el chimpancé no estudia al hombre”.

Además de los aspectos cualitativos, Alfonseca también ha dedicado parte de su intervención a fundamentar la diferencia sustancial entre el hombre y los demás animales en términos cuantitativos. Así, ha tomado como referencia la capacidad de contener información de cada especie. Ha distinguido para ello tres planos: la información contenida en el ADN, la información física que proporciona el sistema nervioso y la información cultural, genuinamente humana.

El resultado de este análisis revela dos aspectos. Por un lado, evidencia en magnitudes mesurables (bits, en este caso), la gran distancia que separa al hombre de los animales. Por otro, pone de manifiesto que, en este aspecto, la evolución de las especies se comporta como una “curva creciente”. Es decir, existe una trayectoria creciente en capacidad de contener información. Esto indicaría que “la evolución tiene una dirección”, lo que refutaría la tesis de los que equiparan al hombre a cualquier otro animal a partir de la idea de que la evolución no es proceso marcado por un sentido.

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