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Manos Unidas denuncia la creciente violencia y exclusión que sufren los pueblos indígenas

Con motivo del Día Internacional de los Pueblos Indígenas (9 de agosto), Manos Unidas denuncia la creciente violencia y exclusión que sufren los pueblos originarios, especialmente en territorios de América Latina en los que Estados, compañías privadas y organizaciones ilícitas tratan de extraer beneficios a través de su explotación económica.

La pandemia de COVID-19 ha agravado las desigualdades que soporta la población indígena, que tienen casi tres veces más probabilidades de vivir en extrema pobreza que la no indígena, según datos de Naciones Unidas. Hoy, los 476 millones de indígenas en el mundo sufren una mayor vulneración de sus derechos, con graves dificultades de acceso a la salud, a la educación y a la toma de decisiones sobre su desarrollo.

Los pueblos indígenas hacen frente a una violencia que ha crecido en la pandemia. En 2020, Latinoamérica continuó siendo la región mundial con más asesinatos de defensores de derechos humanos, con 264 muertes, en torno a 50 más que en 2019, según el último informe de Front Line Deffenders. Casi la mitad de estos defensores –el 40%– fueron asesinados por defender los territorios y los derechos de los pueblos indígenas.

Manos Unidas, que en los últimos cinco años ha destinado más de 14 millones € a 163 proyectos para apoyar a comunidades indígenas en América Latina, recibe, constantemente, alertas de las organizaciones con las que trabaja. «De norte a sur, nuestros socios denuncian el aumento de los ataques contra líderes indígenas y campesinos», asegura Mariana Ugarte, responsable de proyectos de Manos Unidas en México y Perú.

El narcotráfico contra los kakataibo en la Amazonía peruana

Según datos del Instituto del Bien Común, socio local de Manos Unidas, durante la pandemia ha habido una docena de asesinatos de líderes indígenas solo en la Amazonía peruanaEl pueblo más golpeado ha sido, sin duda, el kakataibo, con cuatro líderes asesinados. En este caso, el narcotráfico es la principal causa de los ataques que sufren estas comunidades apoyadas por Manos Unidas.

Según Luis Hallazi, del Instituto del Bien Común, «la desprotección se ha agravado con la pandemia y se ha generado el escenario propicio para que las economías ilegales invadan los bosques y aumente la violencia». «La presión a los territorios indígenas –continúa Hallazi– aumenta al no existir una debida protección jurídica de las tierras comunales; es decir, es necesario que el Estado titule sus tierras y las proteja de ser invadidas por actividades ilegales».

Comunidades aisladas y desalojos ilegales en Paraguay

En Paraguay, uno de los países con más desigualdad en la distribución de tierras –menos del 2,5 % de la población posee más del 85 % de las tierras cultivables–, Manos Unidas acompaña a indígenas y campesinos del Chaco paraguayo que ven desaparecer su hábitat ante el avance de monocultivos y tierras dedicadas a pastos ganaderos. Para Carlos Vicente Alconcé, responsable de los proyectos de la ONG en Paraguay, Ecuador y Brasil, «la causa principal de la violencia hacia las poblaciones indígenas del país es el acaparamiento de tierras por parte de grandes empresas y particulares dedicados al agronegocio».



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