Manos que traen esperanza, por Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo
Carta del Obispo Iglesia en España

Manos que traen esperanza, por Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo

Manos que traen esperanza, por Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo

Es una buena definición de lo que es esta organización no gubernamental de desarrollo, católica y de voluntarios.

Son manos unidas, porque realizan un trabajo en la Diócesis de personas que, en grupos, trabajan, con proyectos de desarrollo para los más empobrecidos de la tierra. Eso sí, estas Manos Unidas asumen la responsabilidad de fomentar, en la sociedad española, la conciencia del escándalo ante el hambre y la pobreza por estructuras injustas que las mantienen. Y en esas estructuras injustas tienen responsabilidad, por supuesto, los gobiernos, pero también organizaciones mundiales y otras privadas, pero fortísimas, que fomentan el consumismo y a la vez los mercados injustos, y que muestran un capitalismo salvaje; muchas veces, además, estas organizaciones están impulsadas o manejadas por ideologías muy concretas al servicio de gobiernos o con su consenso.

Y nosotros, tú y yo, hombres y mujeres de la calle, ¿qué responsabilidad tenemos? Mucha, porque la indiferencia en estos asuntos es culpable de muchas cosas. Y, si eres católico, debes ponerte en marcha de muchos modos, para solucionar este escándalo. Les sugiero que mediten estas palabras del Papa Francisco en la primera Jornada Mundial de los pobres (noviembre de 2017). Son una exhortación que da ánimos: “Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos; son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin “peros” ni “condiciones”; son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios”.

De este tipo son las manos de quienes pertenecen a Manos Unidas. Podemos comparar a sus mujeres y hombres de Manos Unidas con las hormiguitas que, de cara al hambre en el mundo, buscan semilla que hagan crecer la vida de una vida más justa y fraterna; semilla para “el invierno frío” de esta sociedad nuestra, en forma de recursos, de llamar aquí y allí, de organizar tantas actividades para “aquel o este proyecto”, tan necesario para las gentes y comunidades que lo piden en África, América o Asia. Las comunidades de estos continentes saben que Manos Unidas no les olvidan: ni los misioneros, ni los líderes comunitarios; tantas personas y rostros concretos que nos sonríen y nos agradecen nuestro gesto de generosidad.

¿Qué nos dicen? ¿Qué dicen a “la gente”, estas Manos Unidas a los que vivimos con dificultades, pero sin hambre? Antes de nada, que pensemos, por favor, en la situación de los que sufren hambre o desnutrición. Después nos animan a que “compartamos lo que más nos importa: el tiempo, los ahorros, la oración, la alegría de trabajar y participar en tantos eventos que, a lo largo del año llevan a cabo Manos Unidas, pero sobre todo en estos días más fuertes de la Campaña 2018 en el mes de febrero. Pero que no comentemos sólo la pena que nos da lo que pasa con aquellos que padecen hambre. Hay que hacer algo. Por ejemplo, comparte el trabajo para cambiar este panorama:

*Manos Unidas denuncia el derecho humano a la alimentación para más de 815 millones de hambrientos;

*La creciente consideración de los alimentos como mercancía de negocio.

*La extensión y protección de un modelo productivo a gran escala se manifiesta claramente insostenible, por consumista, y que destruye la naturaleza, la casa común.

*La especulación con los recursos naturales que priva a los más vulnerables de los bienes necesarios para tener una vida digna y el despilfarro alimentario.

¿No está en nuestras manos resolver estos problemas? Todos no. Pero sí muchos, si salimos de nosotros mismos un poco. Te propongo que hables con Manos Unidas en tu parroquia, en las ciudades o en los pueblos de esta Archidiócesis; únete a ellos, y verás que hay soluciones, que traigan luces en las sombres del egoísmo; propuestas, experiencias e iniciativas de cambio. Lograremos al menos que haya más gente que tenga claro que es muy necesario que las personas, todas, vivan con dignidad y no como tantos viven: sin que sea respetada esta dignidad. Y no olvidemos lo más elemental: nuestro planeta Tierra tiene capacidad de producir bienes para todos.

Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo y Primado de España

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