Al abrir la puerta Última hora

Manipulaciones y dobles raseros

Kant decía que el gran demonio que destruye la convivencia es la mentira. La mentira es la madre de la desconfianza y la hija de la deslealtad. Genera la sospecha. Destruye el vínculo. Arrasa con el crédito que les damos a los demás. Acaba con el afecto que podíamos despertar nosotros en los otros. Arrasa con el que los otros despertaban en mí.

A nivel “privado” es terrible esa situación. Todos conocemos –cuando no hemos vivido o sufrido, tal vez causado…- las consecuencias de la mentira. Cómo se rompen relaciones. Cómo vínculos, historias, memorias, afectos son masacrados con la carga de dolor y sufrimiento que conlleva. Cómo proyectos con vida, se hunden.

Pero a nivel “público”, en el ámbito de la polis, de lo común, de la convivencia con los otros, no sólo el riesgo es afectivo el de la mentira. Es un riesgo, una amenaza, vital, social, de miedo, de violencia, de integridad, de proyecto común, casi que de supervivencia.

Y me temo que ahí es donde estén llevando este país con sus mentiras, dobles raseros, fakes y posverdades. El populismo ha infectado todo el sistema político español y hasta los partidos que hasta hace no mucho nos parecían serios y centrados, respetuosos, con unos límites claros de lo que se podía hacer o no, lo que se debía hacer o no, y el precio de esas acciones, han caído en las garras de la falsedad y la manipulación.

Las noticias de estas semanas no hacen sino hacerlo cada día más claro. Las constantes manipulaciones, los discursos incendiarios, las acusaciones al margen de la realidad, ese terrible ancho para mí y estrecho para ti, en estos contextos tan difíciles políticos, sociales y económicos, son irracionalidades peligrosísimas que lo único que logran es echar combustible a la hoguera que arde.

Se han olvidado de la razón central de por qué las sociedades acabaron generando algo así como el ideal de la democracia. En este mundo siempre hemos de vivir con el distinto… y el distinto tiene derecho a serlo. Convivir con el otro, con el que piensa distinto a mí, exige de mí respeto, aceptación y autolímite pues el otro tiene legítimamente derecho a creer, pensar, opinar distinto a mí y eso no lo convierte en un criminal tirano sin derecho a existir. El totalitarismo inconsciente de considerar que sólo mi opinión política es válida, que los que piensan distinto a mí no deberían hacerlo o deberían desaparecer, es el asesinato de la convivencia.

Estos políticos, con sus mentiras y sus dobles raseros, están matando la democracia.

 

Vicente Niño Orti. @vicenior

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