Rincón Litúrgico

Mandamiento principal

“Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?” (Mt 22,36)

Padre nuestro que estás en los cielos, yo sé que esa es la pregunta que un doctor de la Ley presentó un día a Jesús. Se dice que con ella quería poner a prueba a aquel que ya era visto como un maestro. O tal vez solo quería ver afirmada su propia percepción de la Ley.

¿Habrá alguien que en este tiempo se atreva a formularse esa pregunta? Hoy pensamos que es nuestra libertad la que determina la vigencia de unos valores u otros. Ante nuestra sed de autonomía, es ridículo invocar el valor de los mandamientos.

Y si hay alguien autorizado para mandarnos algo, estamos muy ocupados con nuestros problemas y preocupados por las crisis que nos ahogan. ¿Quién puede tener tiempo para preguntarse por la importancia  de un mandamiento?

Además, aunque sean necesarios algunos preceptos para orientar nuestra vida personal y social, ¿cómo determinar la prioridad de unos sobre otros? Creemos que la jerarquía de los valores depende solo de nuestra intuición personal y aun de nuestros intereses.

Sin embargo, Jesús accedió a responder a la pregunta de aquel doctor. Y le recordó la importancia suprema de amar a Dios con todo el valor de la existencia y de amar al prójimo con toda la coherencia de quien necesita ser amado para vivir y para vivir con dignidad.

 Padre, yo sé que es difícil amar a Dios cuando no veo en la naturaleza, en mi propia vida y en la compañía de mis hermanos el reflejo del amor divino que nos precede. Y también sé que es difícil amar al prójimo al que no quiero conocer y con el que me niego a dialogar.

Por eso hoy vengo de nuevo ante ti con una súplica urgente. Te ruego con humildad que abras tú mis ojos y mi corazón. Tú sabes que necesito descubrir tu amor de Padre. Y sabes que necesito decidirme a aceptar a los demás como hijos tuyos y hermanos míos. Por Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor. Amén. Mandamiento

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