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Mañana, en TRECE, «Solidarios por un bien común» muestra la labor de la Iglesia con las personas con discapacidad

En España hay cerca de 300.000 personas con discapacidad intelectual, una realidad que, aunque en los últimos años ha roto muchas barreras, todavía sigue generando prejuicios y discriminación. Trabajar por la plena inclusión es el objetivo de los 800 centros con los que cuenta la Iglesia en toda nuestra geografía. En “Solidarios por un bien común”, mañana viernes a las 21:30 horas, descubrimos la labor de la Fundación Madre Esperanza en Talavera de la Reina (Toledo).

“Todos tenemos diferentes capacidades y con los apoyos necesarios podemos llegar a alcanzar muchas metas”, afirma Arántzazu, la directora del Centro Ocupacional de la Fundación Madre Esperanza. Una entidad que atiende a personas con discapacidad desde su nacimiento hasta la vejez a través de diferentes servicios. Asell Sánchez y David Encinas visitan el Centro Infantil y de Atención Temprana en el que se trabaja el sistema cognitivo, motor o sensorial de niños de 0 a 6 años. Marina, su responsable, explica en TRECE que el apoyo psicológico a las familias es fundamental.

Un recorrido por sus diferentes salas nos permite conocer a Robert, que tiene problemas para deglutir, Izan que trabaja con sus padres la movilidad, o Sergio, un pequeño con sospecha de trastorno en el espectro del autismo. “Su hermana melliza es su gran apoyo”, cuenta su padre. Otros pequeños que son inseparables son los mellizos Martín y Mateo. Martín tiene Síndrome de Down, Mateo no, “algo no habitual en un parto gemelar” como cuenta Marina. De esta alteración genética saben mucho los padres de Rafa, Nacho y Mariví, quienes reconocen que esta situación les hizo “enfrentarse a algo nuevo”, a la vez que señalan que lo que realmente les preocupa es la cardiopatía congénita de Rafa, no el Síndrome de Down.

Otro de los servicios de la Fundación es la Lavandería que abrió en 1975 y cuenta con clientes que trabajan con ellos desde hace más de 25 años. En ella trabajan personas con diferentes capacidades a las que se les asigna todo tipo de tareas, desde plancha, lavadora, zona de secadoras, etc. “Con estos empleos, demostramos que las persona con discapacidad pueden y les damos un empleo remunerado y una dignidad”. Una de ella es Laura, de la que todos destacan su entusiasmo y ganas de aprender.

Finalmente, al Centro Ocupacional acuden personas desde los 18 años que, además de aprender distintas tareas desarrollan sus habilidades sociales. La Fundación Madre Esperanza cuenta también con un Centro de Día y viviendas de apoyo en las que personas con discapacidad “llevan una vida de convivencia con la mayor normalidad posible”. Sor Ángeles, directora de la Fundación explica en TRECE que el objetivo soñado para todas las personas que atienden es la inserción en otras empresas. Algo que ha conseguido Rubén que desde hace meses trabaja en la sala de palos de Palomarejos Golf. “Se ha ganado el cariño de sus compañeros”, afirma la religiosa para quien trabajar con personas con discapacidad “me ha enseñado la importancia del esfuerzo diario y de simplificar nuestro día a día”.

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