Diócesis Iglesia en España

#Malagueñosconcorazón para el Cottolengo de Málaga

#Malagueñosconcorazón para el Cottolengo de Málaga

  • Susana Lozano (Izquierda), subdirectora de la Casa del Sagrado Corazo
16/08/2018

“Me suena”, “se lo se he escuchado a mi abuela”, “ eso es una cosa muy antigua”, son algunas de las frases ma

La Casa del Sagrado Corazón es el refugio para muchas personas que han perdido cualquier atisbo de esperanza. Cuando las situaciones de la vida parecen cebarse con las personas, este hogar que sostiene la Diócesis de Málaga es esa luz que devuelve la alegría a quienes la habían perdido. Una Casa que no recibe ayudas públicas y que se sostiene gracias a numerosos #MalagueñosConCorazón

Uno de estos casos es el de Elena. Su hogar en estos momentos es la Casa del Sagrado Corazón. Tiene 69 años, es ucraniana y llevaba 8 años viviendo en España cuando le detectaron un cáncer. «Me vine a España para trabajar y así ayudar a mi familia que es muy pobre. Aquí empecé a trabajar como interna en una casa, ayudando con las labores domésticas y cuidando a los mayores de la casa. Cuando me descubrieron un tumor de mama y ya no podía realizar mis labores como interna, no tenía ningún lugar en el que vivir mientras me realizaban el tratamiento, así que me vine al Cottolengo, donde me han acogido estupendamente y llevo ya 5 meses. Ahora estoy esperando la operación, que seguramente será en agosto».

En su país de origen tiene un hijo y una hija, 5 nietos y una bisnieta. Ella es la única de su familia que reside en España y todo el dinero que ganaba lo enviaba a sus familiares «porque allí todo es muy caro, desde la comida, la ropa, todas las facturas y las necesidades básicas, en comparación con los sueldos».

Y es que el caso de Elena no es el único, cuenta la subdirectora de la Casa del Sagrado Corazón, Susana Lozano. «Hemos tenido ya cuatro casos de señoras que trabajaban como internas en casas y se vinieron aquí cuando de repente les descubrieron un cáncer. Mientras han vivido en esta Casa, han recibido el tratamiento de quimioterapia o se han recuperado tras la intervención. Y una vez recuperadas han vuelto a trabajar. Pero es muy importante tener un lugar en el que vivir mientras no pueden trabajar, un lugar donde dormir, comer y sobre todo donde alguien te cuide cuando estás enfermo. Todas ellas son mujeres muy trabajadoras, colaboradoras y agradecidas de poder estar aquí, porque son muy conscientes de su realidad».

También para los más jóvenes

El caso de Anna es bien diferente, tiene veintipocos años y es rusa. Trabajaba de dependienta en una tienda de Marbella y tenía una habitación alquilada en la misma localidad. Cuando se cayó y se partió un tobillo, su casera le comunicó que tenía que dejar libre la habitación «porque sabía que ya no podía garantizar el pago mensual. Entonces me quedé prácticamente en la calle y al final llegué al Cottolengo y aquí estaré hasta que me recupere y pueda encontrar un trabajo».

Como explica Lozano «muchas veces son los propios hospitales públicos los que nos llaman para decirnos que tienen a alguna persona recién operada o que necesita un tratamiento pero también un lugar en el que vivir para garantizar unos cuidados mínimos. Es el caso, por ejemplo, de Mohamed, que padece leucemia y está a la espera de un autotransplante». Ahora mismo hay 47 personas viviendo en el Cottolengo de Málaga. En los últimos 5 años han pasado por esta Casa más de 200 personas, cada
una con sus circunstancias.

La situación de Laura Jiménez no tiene nada que ver con salud. Esta malagueña de 29 años ha crecido en el barrio del Nuevo San Andrés, tiene cuatro hijos, el más mayor tiene 5 años y el pequeño tiene 6 meses. Vivía con su pareja que ahora mismo está en la cárcel, y cuando él fue a prisión, ella comenzó a vivir con su suegra. Debido a los problemas de convivencia se vio en la calle con los cuatro niños. Estuvo unos días atendida por Puerta Única. «Es muy jovencita y lo lleva muy bien. Sus niños se ven felices, los lleva muy atendidos y muy cuidados, pero ahora mismo ella no tiene ningún tipo de ayuda y se siente traicionada por su pareja, con la que se sentía a salvo. Es admirable cómo los niños se ordenan alrededor del carro cuando salen a la calle», comenta la subdirectora.

«Estoy aquí porque estoy luchando por mis hijos. Si no fuera por ellos no estaría aquí, pero creo que donde mejor pueden estar mis niños es con su madre. Quisiera darles más pero no puedo, solo les puedo dar mi cariño y cuidarlos día a día, llevarlos a colegio, al parque, bañarlos… Mi pareja estaba en busca y captura pero yo no lo sabía».

A Laura la crió su abuela porque, como ella misma afirma, «mis padres no pudieron cuidarme. Mi padre tenía problemas con las drogas y es esquizofrénico y mi madre estaba enferma, aunque mi abuela me llevaba a verla todas las semanas. Desde que mi abuela falleció, hace 9 años, me faltan mi padre y mi madre, porque ella hacía por los dos, ella era mi vida. Aquí estoy bien y contenta, luchando por mis niños y deseando poder encontrar un trabajo y alquilar una casa para llevar una vida normal con mis hijos como cualquier otra madre de familia».

Esta es la Casa del Sagrado Corazón, el Cottolengo de Málaga, que sigue funcionando gracias a la labor de muchos voluntarios, sus trabajadores y sobre todo la solidaridad de los malagueños, que sigue siendo absolutamente necesaria para continuar su misión.

Beatriz Lafuente

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