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Opinión

Madre Teresa: ¿femenina o feminista?, por Fidel García Martínez

Madre Teresa: ¿femenina o feminista?, por Fidel García Martínez

Son estos tiempos, como diría Santa Teresa de los suyos, recios para las mujeres, por otras y muy diversas circunstancias. La mujer está pagando un duro coste y un alto precio por lo que llaman su liberación tal como la plantea la ideología de género con su particular guerra entre los sexos, o el sistema capitalista que ha sólo tiene de ella, como de todo ser humano, una visión economicista, sólo la mujer que consume de todo, cuanto más  mejor es valorada, lo mujer pobre y/o sin recursos apenas cuenta y sufre lo que llama el Papa Francisco la economía del descarte.

El movimiento radical feminista pretende liberar a la mujer de la que es más connatural  en ella la feminidad y la maternidad, que sólo ve en ellas no constituyentes esenciales y naturales de la mujer, sino  derivaciones culturales nacidas del machismo dominante. Esos gritos del feminismo radical: nosotras parimos   nosotras decidimos, nuestro cuerpo es nuestro  y hacemos lo que queremos, incluso del feto (otras expresiones semejantes) suponen la negación radical de la feminidad. Así  gritaban las universitarias, que profanaron la capilla de la universidad madrileña medio desnudas y lujuriosas, alguna de las cuales cobran suculento sueldo de los impuestos de los españoles y sigue vociferando su odio  contra la Iglesia y la mujer en una programa electoral reaccionario y claramente machista.

En los terribles asesinatos de mujeres, que no disminuyen sino que aumentan, una causa, entre otras muchas, muy grande está en el vil negocio de la pornografía y de la violencia que sólo ve en ellas un objeto para satisfacer las depravaciones  de los que viven del consumo de la basura. Las consecuencias son terroríficas porque niñas  y adolescentes son cada vez jóvenes  más víctimas de violencia de varones cada vez más jóvenes. El cinismo de los que se ríen de la castidad, continencia, virginidad y se mofan de la doctrina matrimonial de la Iglesia  Católica, favorece, por acción u omisión, los crímenes contra la mujeres. Las leyes civiles sin contenido moral, sino todo lo contrario, no parecen suficientes para erradicar los terribles crímenes contra la vida de las mujeres.

No faltan quienes ven en Santa Teresa una feminista antes del feminismo, lo cual además de ahistórico, es  radicalmente falso. La hija más ilustre de Ávila sufrió en su propia  persona las consecuencias de ser mujer en la sociedad y en la Iglesia de su tiempo , tiempos convulsos  en los que las mujeres apenas tenían un reconocimiento público, tiempos, sin embargo, en los que España gracias a la Reina Isabel, tan manipulada,  había puesto los fundamentos de la gloria de España durante dos siglos, y que llega al cénit con  Felipe II gran admirador de la Santa Teresa, con él se carteó,  y el Rey leía con edificación los libros de la Madre, que los guardaba como una joya en biblioteca regia.  Santa Teresa admiraba  a los granes letrados  (teólogos): Luis de Granada, Pedro de Alcántara, Juan de Ávila, Francisco de Borja, pero eran San Juan de la Cruz, el otro abulense más ilustre, y sobre todo el P. Jerónimo Gracián sus verdaderos amores. El cariño hacia el P. Gracián era total como se lee en las numerosas cartas que le escribió de las que se conservan una mínima parte.

Teresa de Jesús ciertamente protesta y se lamenta de la condiciones sociales de las mujeres en su tiempo especialmente como casadas, de ahí sus famosos dichos: como me vi mujer y ruin determiné hacer eso poquito que era en mí”: “acordaos también de muchas casadas que con graves males, no se osan quejar, no venimos aquí a ser más regaladas que ellas” Dice a Jesucristo. “hallasteis en ellas tanto amor y más fe que en los hombres”: “Alabemos todas al Señor que así resplandece su grandeza en unas flacas mujercillas”; comenzó su Divina Majestad a mostrar  sus grandezas en estas mujercitas flacas, aunque fuertes en los deseos”  La feminidad de Santa Teresa aparece de forma singular en su escritura de la que dijo Fra. Luis de León; dudo que haya en nuestra lengua escritura que (como la  Madre Teresa) se iguale. Su escribir que llama desconcertado, es el mejor ejemplo  del modelo de J. Valdés: Escribo como hablo. Ella transforma la escritura en una conversación, por eso afirma: iré hablando con ellas en lo que escribiere. Ella es maestra de  oración: trato de amista con Dios. El mejor y único medio para que  mujer y  hombre se liberen de las limitaciones del pecado, verdadera alienación y esclavitud de la condición humana masculina o femenina. El hombre y la mujer son para Santa Teresa iguales en su dignidad esencial de creados a imagen y semejanza de Dios.

Fidel García Martínez, Doctor Filología Románica, Catedrático Lengua y Literatura. Licenciado en Ciencias Eclesiásticas.



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