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Mabel Lozano: «La explotación sexual es un crimen contra las mujeres»

La noche está a punto de caer en Madrid. Es miércoles, el último de un abrasador mes de julio. El reloj marca las 21:13 horas y la ciudad, que desprende un insufrible olor a fuego, ha sido testigo de cómo —al mediodía— Steissy y Joana se han desplomado en una de esas rotondas sin alma que visten de dolor la periferia de la capital.

En su huida fugitiva hacia algún centro sanitario, su amiga Raluca encomendaba sus vidas en silencio: «Hacía muchísimo calor, y ya no teníamos ni agua. A mí todavía me cuesta un poco respirar. Se van a poner bien, ¿verdad?». Cada año, sobreviven alrededor de dos millones y medio de víctimas de trata en el mundo, aunque tan solo se identifica a una de cada veinte.

He quedado con Mabel Lozano, mujer activista y comprometida con los derechos humanos, quien siente el corazón de cada una de estas mujeres al tacto de su mano. Hace unos meses, la escritora, actriz y directora de cine recibió el Premio Goya por el documental Biografía del cadáver de una mujer, así como el Premio Carisma de Comunicación de la CONFER por su compromiso en la lucha contra la prostitución, la explotación sexual de mujeres y la trata de seres humanos. Y, a merced de su abrazo, decido quedarme ahí, junto a ella, tras el eco de sus palabras: en una mirada valiente –la suya– que olvida el color de sus ojos para guardar, en sus pupilas, todas esas llagas abiertas que brotan de tantas mujeres invisibles. Y se clava en su alma, y se viste de su piel; para que ellas sientan que hay un amor que les busca, para besar y acariciar sus vidas heridas. Me quedo con ella, mujer y madre con entrañas de fuego, para que me enseñe a sostener, apoyar y poner en pie a quienes están postradas; para descalzarnos y orar ante la vida de nuestras hermanas; para unirnos en oración, haciendo vida el Padre Nuestro.

—Todos conocemos a la Mabel Lozano actriz, presentadora y modelo. Sin embargo, ¿quién hay detrás de esa Mabel activista y comprometida con los derechos humanos, que lucha contra la prostitución, la explotación sexual y la trata de seres humanos?

—Yo dejé el mundo de la interpretación hace 16 años. Y la Mabel que ahora ves es esta, la que conoció el infierno de la trata en 2005 gracias a Irina, una joven rusa víctima de explotación sexual que consiguió —de un empujón— que saliera de mi zona de confort para ponerme frente a frente con una realidad que desconocía por completo. Y, desde entonces, utilizo el cine como una herramienta de transformación social. Desde aquel día, nunca más volví a ponerme delante de una cámara; al contrario, me he formado como directora para utilizar esta herramienta tan potente como es el cine para denunciar la vulneración de derechos humanos que sufren muchas mujeres solo por el hecho de haber nacido en un lado u otro del mundo.

—Mujeres que nacen desnudas de cuerpo y también de derechos, ¿no?

—Así es, porque no es lo mismo nacer en Edo City, Nigeria, que en Madrid. Si naces en Edo City es que naces desnuda de derechos, y eso es lo que estamos denunciando para tirar de las orejas a los gobiernos y que creen oportunidades a estas mujeres, y a los políticos para que hagan leyes que las protejan y las vistan de derechos. Y el cine, en ese sentido, es una herramienta muy importante. ­

—¿Y hasta qué punto es importante que dejemos de normalizar y de banalizar con la cosificación de los cuerpos de las mujeres?

—Eso es esencial. Es terrible esa cosificación extrema del cuerpo de la mujer y saber que se pueden comprar seres humanos…

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