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Benedicto XVI

“Luz del mundo”, una conversación para la nueva evangelización

El libro-entrevista del periodista alemán Peter Seewald con el Papa Benedicto XVI en su texto, contexto, pretexto y expectativas

 Jesús de las Heras Muela

El martes 23 de noviembre, en la sala de prensa de la Santa Sede, plenamente abarrotada de periodistas, tuvo lugar la presentación del libro “Luz del mundo”, un libro de doscientas páginas, que recoge las entrevistas que durante seis horas –una hora cada día de la última semana del pasado mes de julio en Castelgandolgo- hizo al Papa el periodista alemán Peter Seewald.

Nada más concluir la rueda de prese, Seewald fue recibido en audiencia por el Papa, quien expresó de deseo de que “este libro sea útil para la fe de muchas personas”. Y es que más allá de las polémicas y sensacionalismos varios a propósito de lo que el Papa ha dicho o ha dejado de decir sobre el preservativo, este libro es como un compendio del pensamiento de Benedicto XVI y un encuentro en profundidad e intimidad con él. Vayamos por partes.

 

Lo que el libro es más allá de las polémicas

 

El portavoz de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, valoraba, días atrás en su semanal comentario editorial para Radio Vaticano, la hondura y riqueza del conjunto de esta aportación en forma de entrevista y nos previene asimismo de posibles riesgos de cara a su comprensión ligera, precipitada, sensacionalista y hasta sesgada.

“Las noticias que han acompañado la publicación -escribe- se han concentrado a menudo en pocas páginas y poquísimos temas, mientras que en las seis largas horas de coloquios, de las que nació el libro, el Papa ha tocado innumerables temas que pueden interesar a la gente de hoy. Y lo ha hecho con un lenguaje y un estilo sencillo y espontáneo, con una sinceridad a veces casi desconcertante”. Esto es, en “Luz del mundo”, Benedicto XVI se muestra tal cual –con una extraordinaria calidad humana y cristiana- y nos presta además, con la lucidez, agudeza y humildad que le caracterizan, sus certeros diagnósticos sobre la sociedad y la Iglesia de nuestra época y las terapias necesarias para seguir velando por Dios y por el hombre, para relacionar fe y razón, para armonizar caridad y verdad y para que nuestra actual humanidad aprenda “una libertad que sea también responsabilidad”, como señala el mismo Papa en distintas ocasiones del libro.

El libro-entrevista, en efecto, posibilita un encuentro en profundidad y coloquial con el Papa, visto de cerca, gentil, sensible, humano, religioso, sabio, pedagogo. “Un Papa –escribe también Lombardi- que no nos habla sólo desde la cátedra de su magisterio solemne o en el curso de las grandes celebraciones litúrgicas, sino que nos deja entender que camina con nosotros -hermano y amigo con los pies bien plantados en esta tierra nuestra, fascinadora pero dramática – y así, nos ayuda mejor a mirar hacia adelante, con fe simple y firme y esperanza viva”.

 

220 preguntas de un autor convertido

 

Más doscientas preguntas –desde los temas más profundos a las cuestiones de más palpitante actualidad, desde los aspectos personales hasta la visión del futuro del Papa- entretejen las páginas de “Luz del mundo”.

En una entrevista concedida a Radio Vaticano, Peter Seewald, anterior redactor de Der SpiegelDie Stern y del Süddeutschen Zeitung, dijo que el libro cierra una trilogía de libros que el periodista ha realizado en estos años en contacto con Joseph Ratzinger.

Esta trilogía ha marcado también la propia vida del autor, quien tras la primera entrega, “La sal de la tierra. Cristianismo e Iglesia católica en el cambio hacia el Tercer Milenio”, volvió a la Iglesia católica, de la que llevaba varios años apartado. El segundo libro-entrevista de Seewald a Ratzinger se título “Dios y el mundo”.

Seewald confesó que, si por una parte es imposible no advertir el “nimbo imponente” ligado a su autoridad de Pontífice, por otra es verdad también que “la esencia de Ratzinger no ha cambiado”, así como “su cordialidad y mucho menos su gran humildad, y mucho menor su fuerza intelectual, su increíble capacidad de formular los pensamientos”. “¿Cómo decirlo? En realidad se ha hecho aún más humilde, aún más sencillo y esto me ha fascinado”, afirmó.

En este libro, subrayó Seewald, “tenemos la posibilidad de experimentar al Santo Padre de forma directa: no están los medios de comunicación que lo desmembran o lo interpretan para su propio uso y consumo. El lector tendrá, a través de este libro, la posibilidad de echar una mirada ‘limpia’ sobre su Pontificado y sobre el hombre que caracteriza este Pontificado”.

 

Otros libros-entrevistas previos

 

Como queda dicho, el libro es, de alguna manera, continuación de otro, “Sal de la tierra”, que el mismo periodista realizó al entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Joseph Ratzinger. “Sal de la tierra” impactó tanto a su autor, a Peter Seewald, que le hizo volver a la fe, de la que se hallaba muy alejado.

También otro periodista, en este caso el italiano Vittorio Messori, publicó un libro de entrevistas con Ratzinger, titulado “Informe sobre la fe”. Y Messori hizo lo propio en 1994 con el Papa Juan Pablo II con el libro-entrevista “Cruzando el umbral de la esperanza”.

Con anterioridad, en 1982, el periodista y escritor francés André Frossard, entrevistó también al Papa Wojtyla y publicó “¡No tengáis miedo!”. Y este mismo autor hizo asimismo otro libro similar con Pablo VI.

Además, se da la circunstancia de que estos tres escritores y periodistas –Frossard, Messori y Seewald- son conversos o más propiamente católicos bautizados que volvieron a reencontrar la fe. Y quizás esta circunstancia indica ya que la elección de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI sobre ellos como entrevistadores no es casual, sino que busca el encuentro y el diálogo evangelizadores. De hecho, por parte de la Santa Sede, el encargado de presentar el libro fue el arzobispo italiano Rino Fisichella, flamante presidente del nuevo dicasterio Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización.

 

Estructura y contenidos de “Luz del mundo”

 

“El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos” es el subtítulo del libro, editado por Herder. Su edición española consta de 191 páginas de conversación –preguntas y respuestas- y otras de anexos sobre temas como la pederastia, el discurso de Ratisbona, las declaraciones del Papa sobre el preservativo en el avión que le llegaba desde Roma a Camerún, apéndices biográficos y cronológicos e índice analítico.

La obra se divide en tres grandes partes, precedida de un prefacio o prólogo del mismo Seewald. La primera parte, titulada “Signos de los tiempos”, incluye seis apartados entre cuyos contenidos se abordan los abusos sexuales a menores por parte de eclesiásticos y la denominada “dictadura del relativismo” y sus causas y consecuencias.

“El Pontificado” es el epígrafe de la segunda parte, en la que se aborda los sentimientos de Ratzinger al ser elegido Papa, su propia evaluación de estos cinco primeros años y medio de ministerio y la polémica del llamado caso Williamson en referencia al obispo lefrebvrista que negó el holocausto nazi a los judíos.

Por fin, “¿Hacia dónde vamos?” es el título de la tercera parte del libro, centrado en las perspectivas de futuro que para la Iglesia y el mundo intuye el Papa, y con claras referencias y contenidos a la necesidad de proceder a una nueva evangelización para volver a hacer presente a Dios en medio de una humanidad que vive como si Dios no existiera. Y es que el tema de Dios, del Dios de los cristianos –reitera Benedicto XVI a lo largo del libro- es la prioridad de la Iglesia en la hora presente.

 

Algunos fragmentos del libro

 

–Abusos a menores: “Todo esto ha sido para nosotros un shock y a mí sigue conmoviéndome hoy como ayer hasta lo más hondo”.  “Lo importante es, en primer lugar, cuidar de las víctimas y hacer todo lo posible por ayudarles y por estar a su lado con ánimo de contribuir a su sanación; en segundo lugar, evitar lo más que se pueda estos hechos por medio de una correcta selección de los candidatos al sacerdocio; y, en tercer lugar, que los autores de los hechos sean castigados y que se les excluya toda posibilidad de reincidir”. “Lo que nunca debe suceder es escabullirse y pretender no haber visto, dejando así que los autores de los crímenes sigan cometiendo sus acciones. Por tanto, es necesaria la vigilancia de la Iglesia, el castigo para quien ha faltado, y sobre todo la exclusión de todo ulterior acceso a niños”.

 

–¿Un nuevo concilio?: “Creo que en este momento el instrumento correcto son los sínodos, en los que el episcopado entero está representado y, por así decirlo, se encuentra en un movimiento de búsqueda, mantiene en unión a la Iglesia y entera y, al mismo tiempo, la lleva hacia adelante”.

 

–Discurso de Ratisbona: “Yo había concebido el discurso como una conferencia estrictamente académica, y así lo pronuncié, sin ser consciente de que un discurso papal no es interpretado en clave académica, sino política”.

 

–Preservativos: “Es obvio que ella [la Iglesia] no los ve como una solución real y moral. No obstante, en uno u otro caso pueden ser, en la intención de reducir el peligro de contagio, un primer paso en el camino hacia una sexualidad vivida de forma diferente, hacia una sexualidad más humana”.

 

–Lefebvrianos: “Su excomunión no tenía nada que ver con el Vaticano II, sino que había sido pronunciada con motivo de una falta contra el primado. En ese momento habían declarado en una carta su reconocimiento del primado, y en tal sentido la consecuencia jurídica era muy clara. (···). Lamentablemente, de nuestra parte se realizó un mal trabajo de comunicación ante la opinión pública, de modo que el verdadero contenido jurídico y los límites de este procedimiento no quedaron claros en absoluto”.

 

–Indisolubilidad del matrimonio: “Nosotros no podemos manipular esa palabra de Dios. Debemos dejarla así, aun cuando contradiga las formas de vida hoy dominantes”.

 

–Celibato: “Es siempre, por así decirlo, un ataque a lo que el hombre piensa normalmente, algo que sólo es realizable y creíble si Dios existe”.

 

–Ordenación de mujeres: “La Iglesia no tiene ‘en modo alguno la facultad’ de ordenar a mujeres. No es que, digamos, no nos guste, sino que no podemos. El Señor dio a la Iglesia una figura con los Doce, y después, en sucesión de ellos, con los obispos y los presbíteros (los sacerdotes). Esta figura de la Iglesia no la hemos hecho nosotros, sino que es constitutiva desde Él. Seguirla es un acto de obediencia”.

 

–La mujer en la Iglesia: “Hay tantas funciones destacadas, importantes de las mujeres en la Iglesia que no puede hablarse de discriminación. Si se contempla la historia de la Iglesia, la importancia de las mujeres -desde María, pasando por Mónica y hasta llegar a la Madre Teresa- es tan eminente que, en muchos sentidos, las mujeres plasman la imagen de la Iglesia más que los hombres”.

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