Firmas

Luis y el buen pastor

Luis y el buen pastor

El Domingo de Resurrección, tras la Eucaristía con los mayores, fui a compartir la mesa con un grupo de amigos en un campo de Manchita, población pequeña extremeña. En el camino voy recordando una anécdota y me rio solo, mirando la bella dehesa de nuestros campos tocados por la luz de la primavera que se hace flor en la jara y olor en su resina sanante que llega hasta mí.

La anécdota me acababa de ocurrir en la Eucaristía en la Residencia de los Mayores, que hablando de Cristo resucitado y su Espíritu en nosotros y de cómo nos inspiraba deseos de ser como El, les invité a presentar sus deseos en la oración de los fieles ante el Cristo y algunos oraron mostrando sus inquietudes de imitación de Cristo, pero uno de ellos – el más grande y fuerte de cuerpo, a la vez que el más niño- espetó que además de ser como Cristo, él quería ser como yo, un cura que les traía alegría… Ni que decir tiene que tuve que arreglarlo enseguida pidiendo yo que Jesús me ayudara a ser realmente mejor y alegre, como Meneses había dicho. Lo traigo a colación porque pocas horas después, yo oraba en mi interior, mirando a Cristo resucitado, que quería ser como Luis, para ser un buen pastor.

Estuve hablando en algunos momentos de la jornada con él, al final de la tarde cuando ya iba de recogida con su rebaño, antes de entrarlo en su enramada para el refugio de la noche, le dije que a ver si me pillaba un borreguillo para echarme una fotografía con él al cuello, con el deseo de emular al Papa Francisco en uno de sus gestos graciosos y simbólicos. A él le extrañó y Trini le hizo la explicación de lo que había hecho el papa, de lo que significaba desde el evangelio y la vida, la parábola del buen pastor, lo de oler a oveja, etc. El lo comprendió perfectamente y se sonrió agradecido. La foto, gracias a él pude hacerla, sin él hubiera sido más difícil, porque las ovejas se fían del buen pastor pero no de un extraño e intruso, como en ese momento era yo.

He coincidido con Luis en dos o tres ocasiones y en todas ellas las referencias han sido las mismas, tanto por los lo que lo rodean que lo tienen como un hombre de confianza total, de una fidelidad a prueba de bomba, así como por las conversaciones y el contenido de las mismas que marcan su sensibilidad por lo que hace y vive. De unas y otras se obtiene enseguida una conclusión: su quehacer de pastor, no es un simple oficio, es un saber incorporado desde la vida y el ser, una profesión. Vamos que no hay duda que es real la distinción que hacía Jesús entre el buen pastor, el pastor auténtico, y el asalariado. Imagino que Jesús en su vida de Nazaret seguro que tuvo que conocer un pastor vecino como Luis el de la finca de la “monea” que inspiró sus imágenes de Dios y su identidad en su relación con la humanidad.

En la conversación con Luis uno percibe enseguida que él no es como el asalariado que abandona a las ovejas o las deja al peligro de los que la atacan, me contaba como era su horario y lo hacía en referencia a las necesidades de las ovejas conciliando con las suyas de un modo casi perfecto, su dedicación es vital y eso le produce orgullo. Las saca cada mañana y cada tarde con cuidado para que no les falte el alimento a sus horas y con sus cuidados, por la mañana saca a las madres en solitario para que los borregos las dejen comer tranquilas, por las tardes las une con ellos para que mamen y coman juntos. Sabe de sus debilidades y enfermedades, por eso me dice Trini que es envidiable como pastor, porque las ovejas son sanísimas, con sus cuidados preventivos y atenciones.

Además sabe y conoce cada una de las cuatrocientas, él cuida de las que van quedando para madres, de los carneros, así como de su fecundación afirmando que no es partidario de las esponjas porque cuidando el modo natural se puede obtener los mismos resultados y a él le va muy bien con sus criterios. Las organiza y las ordena con la ayuda de unos perros que son como sus manos que al hilo de un pequeño silbido se entregan a la causa para facilitar la labor y que son guardianes fieles cuando él se ausenta, pero sin nunca hacer daño a las ovejas. Conoce los mejores pastos y cultiva los mejores alimentos para ellas, lo que les da calidad de origen. Le da pena cuando los borregos con sus dos o tres meses tienen que ser embarcados para llegar a la mesa como producto extraordinario de la dehesa extremeña, pero sabe que esa es la filosofía y la razón del rebaño en esa tierra, y busca cumplir con las parámetros que les exigen para entrar en los cánones del mejor producto para el mercado en las cooperativas cercanas. Observo cómo se pone en la puerta del redil y las va mirando una a una, seguro que si nota la ausencia de alguna se irá a la búsqueda para traerla al rebaño.

Los dueños de la finca lo tienen claro, las ovejas pueden estar y tienen que estar porque existe Luis, porque han encontrado un buen pastor. No sólo lo han encontrado sino que han crecido juntos, porque Luis es hijo de quien siempre fue pastor en esa tierra y le transmitió no sólo el hacer sino el sentir que es propio de un pastor excelente, donde se confirma que para ser pastor no vale cualquiera.

Por eso, yo en mi interior siento la alegría de conocer un pastor como los que conoció Jesús en su tierra de Nazaret, y deseo ser en la vida como es Luis, del mismo modo que Jesús deseó ser en la humanidad como alguno de sus vecinos que sería un pastor del mismo calado que lo es este pastor de la Manchita.

José Moreno Losada

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