Revista Ecclesia » Luis Marín, subsecretario del Sínodo: «En el camino sinodal lo más importante es el proceso, porque es ya resultado»
Camino sinodal Santa Sede Última hora

Luis Marín, subsecretario del Sínodo: «En el camino sinodal lo más importante es el proceso, porque es ya resultado»

Nuestro vocabulario se va enriqueciendo. Desde hace unos años hemos incorporado palabras como Sínodo, sinodalidad, Sínodo de los Obispos… Pero es necesario matizar y comprender el significado de cada una para descubrir un proceso diferente que ayuda al peregrinaje del Pueblo de Dios. Los días 9 y 10 de octubre el Papa Francisco inaugurará este proceso que, en realidad, no tiene fin, aunque mira al año 2023. Así lo explica, en diálogo con ECCLESIA, Luis Marín de San Martín, OSA, subsecretario del Sínodo de los Obispos y coordinador de la Comisión Teológica.

«La sinodalidad es mucho más amplia que el Sínodo de Obispos y no puede reducirse a él», asegura, recordando que «sinodalidad es caminar juntos como Pueblo de Dios, haciendo referencia a la esencia de la Iglesia, a lo que es en sí misma». En este proceso, el Espíritu nos guiará a otras manifestaciones de sinodalidad, de participación y de corresponsabilidad. El Sínodo de los Obispos es una manifestación de sinodalidad para los obispos, pero no la única, y no significa que los obispos no disciernan con el Pueblo de Dios, pero es esencialmente de los obispos. Hay y habrá otras expresiones de concretar el Sínodo.

Su entusiasmo al hablar del tema, su hondura en las explicaciones y su deseo de que todos nos pongamos en Modo Sínodo no deja indiferente a quien le escucha. Muchas son las palabras: proceso, alegría, escucha, Espíritu, juntos…

—Buenos días, monseñor Marín, se acerca la inauguración de este proceso, las diócesis están nombrando ya a sus delegados y la Conferencia Episcopal Española tiene un Equipo Sinodal dispuesto a ayudar y a impulsar el camino. ¿Cómo definiría usted este proceso?
—Muy buenos días. Este proceso es de escucha, diálogo y discernimiento de todo el Pueblo de Dios, en el Espíritu. Como afecta a la esencia, al ser de la Iglesia, no hay un final, se continúa. Para el proceso hemos pensado en etapas que ayuden a la implicación del Pueblo de Dios. Se empieza desde abajo: parroquias, diócesis, Conferencia Episcopal, continentes, Sínodo de los Obispos y vuelve de nuevo a las parroquias… Es un modo de vivir nuestra fe buscando la autenticidad y la coherencia. Es cierto que en el horizonte tenemos el año 2023 cuando se celebrará el Sínodo de los Obispos y es necesario organizarse, pero con tranquilidad y dedicación.

—Nuestra mentalidad occidental se fija mucho en los plazos, modo y orden del proceso…
—(Sonríe) Sí, así es. Hemos tenido que fijar plazos porque el trabajo es grande. Pero lo importante es que todo el Pueblo de Dios se implique y participe, que vayamos juntos en «normalidad». Hay varios instrumentos que nos pueden ayudar: El primero es el Documento preparatorio y los materiales que se envían. También ayudarán los equipos sinodales, que deben reflejar la pluralidad de la Iglesia, y hacer una labor de coordinación, acompañamiento y potenciación e impulso del proceso sinodal en todas las etapas. Otro elemento es la Asamblea Diocesana para ayudar al discernimiento final en la diócesis evitando que sea un resumen o la imposición de un grupo. Para que haya discernimiento tenemos que escucharnos los unos a los otros y, todos, al Espíritu. E implicarnos según los distintos carismas: el laico como laico, el obispo como obispo, el sacerdote como sacerdote.

—¿No piensa que miramos demasiado al Sínodo de los Obispos?
—Probablemente. Pero es claro que el Sínodo de los Obispos es un modo de concretar la sinodalidad propia de los obispos. Para su discernimiento el obispo tiene que haber consultado, orado, reflexionado, hablado con su pueblo. Ese es el camino. Discernir no es votar ni buscar la imposición de la mayoría. A veces, el Espíritu habla en las minorías, incluso en los márgenes, por eso, hay que tener mucha apertura, estar en sintonía para poder descubrirlo. Esto es ir a la esencia, a lo genuino; ir a lo desconocido, al mundo del Espíritu, que nos impulsa a la Misión, a la evangelización. Es la experiencia de caminar juntos. Ese es el proceso sinodal.

—El Papa Francisco incide mucho en el discernimiento.
—Sí, porque siempre hay que estar en una actitud de discernimiento en el Espíritu. El discernimiento viene de nuestra intimidad con Cristo, de nuestro conocimiento de Cristo resucitado. Esto es fundamental: Cristo está vivo, unido a su Iglesia. A veces, da la impresión de que estamos haciendo memoria de un muerto, de un personaje del pasado. Cristo está vivo, es alguien presente, que me llama y a quien conozco experiencialmente. ¿Cómo me relaciono yo con Él? Esta es la clave de la vida cristiana: nuestra experiencia personal de Cristo. No de oídas…

—Concretando un poco más ¿cómo empezaron este proceso?
—Desde la Secretaría pensábamos: Si estamos hablando de sinodalidad, primero tenemos que ser sinodales nosotros, poner en marcha un modo diferente de trabajar. De ahí tuvimos un primer contacto con las Conferencias Continentales para escucharles y conocernos. Después, dimos un paso más: escuchar también directamente a las Conferencias Episcopales, a la Curia Romana, a las organizaciones de laicos, a la vida consagrada… Pero la escucha tiene que hacerse desde abajo, si se hace desde arriba no funciona. Como dice el Papa: que el proceso de escucha sea real y verdadero, de todo el Pueblo de Dios. Y hay que escuchar a todos, no a una élite, sea clerical o de laicos. No. Cuantos más mejor, y también escuchar a los que están en los márgenes. No se trata de cumplir un expediente sino que participen los más posibles.

—¿Cómo hacer para llegar a los que están en el margen?
—Desde las parroquias, clarísimamente, hay que trabajar con los párrocos, acompañarlos, interconectarlos… Y ellos deben potenciar la inclusión de los márgenes. Todo debe hacerse desde abajo.

—Algunas diócesis están inmersas en la puesta en marcha de sus planes pastorales y ahora se preguntan ¿qué hacemos?
—Hay dos imágenes que nos pueden clarificar. Una es el paraguas que acoge todo y otra es el río, los afluentes que confluyen al río en el gran cauce. Es lo mismo, es caminar juntos, el proceso no termina jamás. Si ya se han dado pasos, hay que seguir profundizando, escuchando, reflexionando, orando y abriéndonos a escuchar otras realidades. Siempre avanzando. Es un camino de todos.
A veces partimos de una concepción errónea. Pensamos que está el obispo, el clero, los religiosos y, separado, el Pueblo de Dios que son los laicos. No es así, el Pueblo de Dios somos todos. Podemos ver en el logotipo del Sínodo que el obispo y la religiosa están dentro, cada uno con su carisma, con su función. Los carismas no son mejores ni peores, son un servicio a la Iglesia. Lo que es importante es ver cómo vivimos nuestro ministerio, nuestra vocación, nuestro servicio.

—En el Documento preparatorio se hace hincapié en las estructuras de poder y en una nueva manera de relacionarnos entre nosotros.
—El Papa nos ha dicho que hay que reconocer las realidades y los problemas de frente, para sanarlas. Y hay que hacerlo desde la humildad, pidiendo perdón y yendo a las raíces. A veces insistimos más en las ramas, en las consecuencias, pero si no vamos a las raíces, las ramas seguirán malas, hay que sanear juntos las raíces, como Iglesia.

—En la dinámica de conversión que se pide, aparecen Cornelio y Pedro. A Pedro se le echaba en cara que comía con los paganos…
—Pedro tuvo que cambiar todos los criterios básicos de su vida, la estructura religiosa judaica, enfrentarse a la incomprensión de los suyos. Y lo hace porque se da cuenta de que el Espíritu Santo le pide ese cambio radical. Hay una conversión.
¿Cómo lo vivimos hoy? El cristiano es Cristo. Y Cristo actúa a través nuestro. Esta es nuestra responsabilidad como cristianos: ser Cristo. Hay que ir a los márgenes, a los excluidos, no a convencerles desde la idea, sino desde el testimonio de amor, desde la cercanía. ¡Que conozcan a Cristo «experiencialmente»! Todo aquel que tiene experiencia de Cristo se transforma. Yo me pregunto: ¿Hacemos posible la experiencia de Cristo en el mundo? ¿O vamos a dar recetas?
En el discernimiento de Pedro, el Espíritu le dice que se abra a los paganos. Ciertamente, el Espíritu Santo rompe seguridades. Hoy necesitamos esa apertura a todas las realidades, acoger a la persona. Hay que descender del pedestal, en humildad, que es el primer paso a la santidad. Solo el humilde puede entender…

—Al hablar de los márgenes, de las periferias, ¿qué mensaje enviaría a los medios de comunicación de cara al Sínodo?
—La labor de los medios de comunicación es fundamental. ¿Son periferia los medios de comunicación? Nosotros les pedimos que nos ayuden, sobre todo, a los medios católicos. Les pedimos que no se dejen llevar por grandes titulares ni por el sensacionalismo. Además, los medios de comunicación católicos también están llamados a participar en el proceso sinodal. Desde la Secretaría estamos potenciando la relación con los medios. El mensaje tiene que llegar. Uno de los peligros es vivir en una burbuja donde nos alimentamos de un lenguaje incomprensible, de unas prácticas que solo entendemos nosotros, separados de la realidad. Vivir en un mundo de fantasía, que no existe. Hay que vivir en el mundo de hoy, encarnar a Cristo en nuestro mundo y nuestra historia. Para ello debemos utilizar todos los medios que tenemos, incluidas las redes sociales, porque si no, el mensaje no llega. El reto es que el Sínodo llegue a todo el Pueblo de Dios. A todos. Seamos creativos.

—En nuestra Iglesia cada vocación tiene su función. Es una riqueza.
—Para todas las vocaciones el camino de conversión pasa por caminar juntos, entusiasmarse con Cristo, gastar la vida, tener un gran amor a la Iglesia y ponerse al servicio. El laico no puede sustituir al clero. Es un error eso de «te quito a ti para ponerme yo y para hacer lo mismo». La Iglesia es un poliedro, olvidemos las pirámides, potenciemos la presencia, la corresponsabilidad, la dignidad de cada vocación. Quitemos la pirámide y tengamos en mente el camino. Las palabras clave son «escuchar» e «implicarse». Yo creo que el proceso sinodal nos va a ayudar a todos a estar en conexión.
Por eso, durante este proceso, no importa tanto el final, lo importante es que nos pongamos en camino, que nos abramos al Espíritu.

—En el Documento aparecen diez núcleos en los que se van haciendo preguntas.
—No se trata de responder a todas las preguntas, se trata de ayudar al diálogo. Como he dicho, el proceso es lo importante, porque es ya resultado. Los núcleos temáticos son pistas para mirar a la realidad y ayudar al diálogo y a la corresponsabilidad en la evangelización. Todos debemos implicarnos y participar.

—Hay varias novedades en este proceso: las etapas y la elaboración de dos Instrumentum Laboris.
—Sí, el primer Instrumentum Laboris se hará después de la etapa diocesana y de lo que nos envíen las Conferencias Episcopales. Se trata de un proceso de discernimiento que volvemos a mandar a las Conferencias Episcopales Continentales, que deberán consultar a sus organismos, a sus regiones. Después, se envía de nuevo a la Secretaría del Sínodo y hacemos otro proceso de discernimiento para elaborar el segundo Instrumentum Laboris, que es el que se envía a todos los obispos y Conferencias Episcopales y es lo que se trabajará en el Sínodo de los Obispos.

—¿Qué trampas podemos encontrar en el proceso?
—Podríamos enumerar varias, pero el peligro básico que tenemos es que no sea un evento del Espíritu. Otras trampas, por ejemplo, el no caminar juntos, no interconectarnos. O que sea de pequeños grupos; no abrirnos a la participación de todos. Por eso, cuantos más, mejor, que no sea la reflexión de las élites, que sea todo el Pueblo de Dios. También podemos correr el riesgo de la eficacia, de buscar resultados inmediatos, cuando el Sínodo es algo que no termina. Otro peligro puede ser no asumir las diferencias, la pluralidad. Y una dificultad muy común, como ya he dicho, es reducir la sinodalidad al Sínodo de Obispos, que es una de las muchas manifestaciones de la sinodalidad. Por último, quiero referirme al peligro de convertir el proceso sinodal en una confrontación ideológica. Cada uno tiene su camino y vamos a enriquecernos. Todo se resume en abrirse al Espíritu, ponernos en las manos de Dios y caminar juntos como Iglesia: unidad en la pluralidad. «Unidad pluriforme».

—Al servicio de la Secretaría hay cuatro comisiones…
—Sí, son instrumentos de ayuda. La Comisión de Teología, que la presido yo; la Metodológica, la de Espiritualidad y la de Comunicación. Cada una con sus objetivos, pero con algunos rasgos comunes. Primero quisimos que cada comisión fuera internacional y abrirnos lo más posible; también que hubiera una fuerte interconexión entre ellas, huir de los departamentos estancos. Y además, que cada una de ellas tuviera esa vocación de servicio, de propuesta, de ayuda a la Secretaría y a la Iglesia universal. Las cuatro ayudarán en todo el proceso sinodal, no solo en esta primera etapa. En octubre nos encontraremos con todos los miembros de las comisiones para conocernos, porque no se ama lo que no se conoce (se ríe).

—El 17 de octubre se celebrará la apertura en cada diócesis. ¿Ya saben cómo será?
—Hemos enviado un posible esquema, pero cada diócesis puede organizarlo como vea conveniente. Una opción sería una Eucaristía presidida por el obispo, con la participación de distintas realidades del Pueblo de Dios. Otra opción podría ser una Liturgia de la Palabra. Es necesario ser creativos porque comenzamos un camino nuevo y nos ayudará un impulso que refleje la pluralidad, el dinamismo y la alegría. Y que nos ayude a vivir nuestra fe con entusiasmo. Sin duda, estamos en un tiempo de renovación y esperanza.



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa