Congreso de Laicos

Luis Manuel Romero: «La sinodalidad es un arte que nos conduce a vivir la comunión»

Son muchos meses de trabajo silencioso, sin focos, entregado a lo que se le ha pedido con mucha generosidad. Luis Manuel Romero, director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (CEAS), se sienta con ECCLESIA para hacer recapitulación del camino recorrido hasta hoy. El Congreso está en marcha y el postcongreso llama a la puerta.

—Nuestras oficinas están en la misma planta de la CEE y hemos visto cómo el Congreso de Laicos se iba desarrollando. ¿Cómo describirías este camino?
—Este Congreso comenzó a gestarse en una Asamblea Plenaria (en abril de 2018) en la que, tras presentarse una ponencia sobre el laicado en España, nuestros obispos decidieron por unanimidad la conveniencia de organizar un acontecimiento de este nivel. Además, el Congreso se enmarca en el contexto del Plan Pastoral de la CEE (2016-2020), que lleva por lema: Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo. Y como el Congreso se iba a focalizar en el tema del laicado, se decide encomendarle su preparación y organización a la CEAS.
A partir de ese momento, nos ponemos en camino hacia el Congreso de Laicos, para ir haciendo realidad el sueño de Dios de que el evangelio llegue a todos y para ello es fundamental el papel de los laicos.

—¿Y cómo lo concebías?
—No como un evento de un fin de semana, sino como un proceso sinodal, un camino que iniciamos, siendo consciente que si es importante la meta, es fundamental hacer un buen camino que nos conduzca a esa meta deseada. El Papa Francisco insiste constantemente en esta idea de que debemos aprender en la Iglesia a generar procesos y no preocuparnos tanto por ocupar espacios, porque una pastoral que no está basada en procesos es una pastoral de mantenimiento.
Para llevar a cabo este objetivo hemos ido trabajando, a lo largo de un año y medio, diversos materiales, especialmente un Documento-cuestionario, Un laicado en acción, siguiendo el método de discernimiento que nos propone el Papa: Reconocer, interpretar y elegir. Además, durante este tiempo, se han realizado encuentros diocesanos de laicos y las aportaciones han sido recogidas en un Instrumentum laboris, que también ha servido como base de preparación inmediata para el Congreso.

—Puedo imaginar que este proceso ha sido una sorpresa.
—Ha sido una grata sorpresa, porque no esperaba que en unos plazos de tiempo tan cortos, se pudieran animar los laicos de todas las diócesis españolas y de los movimientos y asociaciones, y acogieran con tanto entusiasmo esta invitación a iniciar un proceso sinodal, de discernimiento. También estoy muy sorprendido con la actitud de los obispos, porque desde el principio, han depositado su confianza en los organizadores, han animado el proceso en sus diócesis y han acogido con ilusión y esperanza este proyecto, en el que los laicos han sido los auténticos protagonistas.
Me gustaría resaltar también que este camino que hemos recorrido ha sido posible gracias a la disponibilidad y empeño de los delegados diocesanos de Apostolado Seglar y los responsables de los movimientos y asociaciones.
En síntesis, creo que el proceso ha sido muy especial porque hemos caminado desde la comunión, la escucha recíproca y el discernimiento, bajo la guía del Espíritu Santo.

—Le llamamos Congreso de Laicos, pero en realidad ¿no es un Congreso de Pueblo de Dios?
—Es cierto. Pero me gustaría comenzar diciendo que sin los laicos, sin su ilusión, esfuerzo, participación y aportaciones no se podría haber realizado este Congreso.
Estamos ante un Congreso que organiza la Conferencia Episcopal Española para toda la Iglesia, aunque el zoom lo situemos en el tema del laicado. Es importante destacar que la Iglesia, el Pueblo de Dios, solo se entiende como un todo y no en tres partes: pastores, vida consagrada y laicos. Todos, desde el sacramento del bautismo, somos hijos de Dios, con la misma dignidad, hermanos, que debemos sentirnos Iglesia para la misión evangelizadora. Por eso, los laicos no se conciben al margen de los pastores y de la vida religiosa. De ahí que insistamos en que este Congreso es de todo el Pueblo de Dios, donde los laicos son la inmensa mayoría, y serán los protagonistas, puesto que la reflexión y los diálogos girarán en torno a ellos, pero también participará el resto del Pueblo de Dios.
Además estoy convencido de que el cambio de mentalidad que se le pide a los laicos en estos momentos de la historia, incluye una conversión también en los pastores y la vida consagrada. Es fundamental que no nos dejemos invadir por el clericalismo, que como dice el Papa Francisco es: «Una perversión raíz de muchos males de la Iglesia».

—¿Cómo describirías tu experiencia de sinodalidad durante estos meses?
—En la preparación del Congreso hemos intentado poner en práctica un modo de ser y trabajar sinodal, desde la escucha del laicado: en los grupos de reflexión, con los delegados y responsables de movimientos y asociaciones, en comisiones ejecutiva, de contenidos, logística y organización, de los itinerarios, ponencias…
Esta experiencia de sinodalidad ha sido, sin lugar a dudas, lo que más me ha enriquecido de toda la preparación del Congreso. Aunque debo confesar que, en algunos momentos, me ha resultado difícil porque los consensos llevan tiempo y estamos habituados a realizarlo todo de un modo más rápido. No es sencillo acostumbrarnos a los procesos, pero es lo que nos permitirá en la vida y misión de la Iglesia pasar de una pastoral de mantenimiento a una pastoral misionera.
El Papa habla constante de la sinodalidad y afirma que es el camino que debe orientar a la Iglesia del siglo XXI. Pienso que la sinodalidad es un arte que tenemos que ir aprendiendo y el camino que nos conduce a vivir la comunión, siendo, de este modo más eficaces para la misión.

—¿Qué aprendizajes has hecho o has percibido en los demás?
—He descubierto que en nuestra Iglesia, especialmente en el laicado, hay una riqueza y pluralidad muy diversa y rica. Ya hemos iniciado un camino y percibo muchas inquietudes y ganas de revitalizar al laicado, de vivir la identidad laical como Iglesia en el corazón del mundo. La Iglesia está viva, joven, y desea seguir llevando la buena noticia del Evangelio de Jesucristo a una sociedad donde existe mucha gente buscando cómo dar sentido a sus vidas, cómo ser felices.
Como sacerdote, que lleva ordenado veinte años, nunca había vivido una experiencia tan enriquecedora de trabajo en comunión con los laicos. Y creo que el Señor me ha bendecido poniéndome a mi lado, para preparar este Congreso, a los mejores laicos, a personas fieles a la Iglesia, que no han escatimado en tiempo y esfuerzo para que en el Congreso podamos disfrutar del encuentro, de la reflexión, del diálogo y saquemos conclusiones prácticas de cara al futuro.

—En el Congreso hay 2.000 representantes. ¿Qué les dirías? ¿Y qué les dirías a quienes se han quedado en sus diócesis o asociaciones y tienen que acoger el Congreso y continuar el proceso?
—A los que están participando en el Congreso, durante el fin de semana del 14 al 16 de febrero, les diría, en primer lugar, que se sientan privilegiados, afortunados, porque han sido elegidos por el Señor y sus respectivas iglesias diocesanas y otras realidades eclesiales para vivir un acontecimiento histórico para la Iglesia española. Me emociono cuando veo en el Pabellón de Cristal a nuestra Iglesia que es como un poliedro, con tantos carismas, riquezas y dones del Espíritu Santo. Vivir un acontecimiento de esta magnitud, expresión de la comunión de toda la Iglesia, es para estar muy alegres y cargar las pilas de esperanza en el futuro.
A los que se han quedado en sus casas, me gustaría decirles, en primer lugar, que nos sigan por streaming, que no se pierdan durante el fin de semana lo que estamos viviendo en Madrid y que oren por el Congreso de Laicos. También os doy las gracias por haber participado en el proceso y quiero deciros que sois imprescindibles para continuar el postcongreso, para que en vuestras diócesis, movimientos y asociaciones haya un laicado comprometido en la Iglesia y en el mundo.
A todos les diría que Cristo cuenta con vosotros, que sois el presente y el futuro de la Iglesia, que no dejéis nunca de creer en el sueño de llevar el Evangelio a todos los rincones de vuestro mundo, especialmente a las periferias, no sólo geográficas, sino también existenciales.

—Al hacerte estas preguntas, nadie conoce las conclusiones, nadie sabe el final. ¿Cómo asumir esta situación en la que todos tenemos que estar a la escucha?
—Cuando en la Iglesia afirmamos que hay que enfatizar la pastoral de la escucha no estamos diciendo solo de la escucha mutua, entre nosotros, sino que la escucha la tenemos que realizar en el Espíritu Santo. No existe discernimiento posible, si no es en el Espíritu Santo.
Por eso, antes del Congreso no aportamos conclusiones prefabricadas, sino que deseamos que en este ejercicio de discernimiento, que será el Congreso mismo, el Espíritu Santo nos marque la dirección hacia dónde seguir navegando.

—¿Cuál es el siguiente paso al terminar el Congreso mismo?
—El primer paso espero que sea descansar un poco, porque estos últimos meses y días han sido agotadores. Pero no queremos dejar que se apague la chispa que durante este tiempo y especialmente el fin de semana se ha prendido. Por eso, retomaremos con prontitud las conclusiones del Congreso, con el deseo de que se puedan ir poniendo en práctica en las diócesis, movimientos y asociaciones.
Las conclusiones del Congreso serán presentadas también en la próxima Asamblea Plenaria (2-6 de marzo), para que nuestros pastores nos ofrezcan su orientaciones.
El camino que hemos realizado nos ofrece algunas pistas, como el ir trabajando los cuatro itinerarios (primer anuncio, acompañamiento, procesos formativos, presencia en la vida pública). También es urgente, para seguir creciendo en sinodalidad, impulsar las delegaciones de Apostolado Seglar, los consejos de participación laical (diocesanos, arciprestales y parroquiales). Además, hay otros temas que son también fundamentales en el futuro: los jóvenes, la familia, la mujer, la ecología, la formación en la Doctrina Social de la Iglesia, el impulso de la Acción Católica, las Semanas Sociales… Hay, por tanto, un largo camino que seguir recorriendo y lo importante es que lo hagamos juntos, centrados en Cristo, en comunión con la Iglesia y con mucha alegría y esperanza.

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