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Luis Manuel Romero: «Es fundamental desterrar la tentación del clericalismo»

El Congreso de Laicos «Pueblo de Dios en salida» tenía un horizonte: «Hacia un renovado Pentecostés». Hoy, precisamente, se celebra la solemnidad que conmemora la venida del Espíritu Santo a unos discípulos que estaban escondidos y que, con el fuego del Espíritu, tuvieron ocasión de salir a predicar a todas las naciones. Han pasado ya tres meses y medio desde aquella cita, y Luis Manuel Romero Sánchez, director de la comisión episcopal para Laicos, Familia y Vida de la Conferencia Episcopal reflexiona sobre en qué punto estamos. Desterrar el clericalismo, recuperar la sinodalidad o insistir en el discernimiento son algunas de las claves que pueden ayudarnos en este camino.

—¿Qué dimensión tiene el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar?

—Esta Jornada, que coincide con la solemnidad de Pentecostés, posee una dimensión universal, porque se nos invita a tomar conciencia de que en la Iglesia somos un pueblo de Dios, llamados a anunciar el evangelio a todo el mundo. En esta solemnidad recordamos cuál es la vocación y la razón de ser de la Iglesia, que no es otra sino la evangelización. Se trata de volver a redescubrir la importancia del sacramento del bautismo y desde ahí sentirnos interpelados a ser “discípulos misioneros” (EG, 120).

La Jornada desea agradecer y destacar la labor evangelizadora que llevan a cabo las delegaciones diocesanas de apostolado seglar y el papel tan importante que sigue desempeñando la Acción Católica, que como afirma el Papa Francisco es: «el carisma de la misma Iglesia encarnada profundamente en el hoy y en cada Iglesia diocesana que busca nuevos caminos de evangelización y de misión a partir de las diversas realidades parroquiales».

—Uno de los retos que tiene la Iglesia en España en este terreno es la aplicación de lo que surgía en el Congreso de Laicos, celebrado en febrero pasado. ¿Cómo está siendo ese trabajo?

—Desde abril del año 2018, hemos recorrido las fases precongresual y congresual, como un proceso sinodal y desde el discernimiento, siguiendo la metodología que nos ofrece el Papa Francisco: reconocer-interpretar y elegir.

Ahora, sin obviar la experiencia dramática del coronavirus que hemos sufrido, y teniendo aún muy presentes los ecos favorables del Congreso nacional de Laicos (Madrid, 14 a 16 de febrero de 2020), queremos, desde la Comisión de Laicos de la CEE, seguir impulsando y animando la tercera etapa, el post-congreso.

Nuestro objetivo inicial es que siga sonando la música, el espíritu del Congreso que nos impulsaba a ser Pueblo de Dios en salida y caminar hacia un renovado Pentecostés. Esto será posible si recuperamos esas claves de la sinodalidad y el discernimiento. Para eso es muy importante que descubramos que el post-congreso es un camino abierto y depende de todos nosotros: obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, laicos y laicas. Todos nos necesitamos para ser esta Iglesia en salida que anuncia el gozo del Evangelio en medio del dolor y las heridas, con que hemos sido marcados por la pandemia del COVID-19.

Los dos ejes transversales, sinodalidad y discernimiento, se van a trabajar, en los próximos años, desde cuatro claves fundamentales: Primer Anuncio, Acompañamiento, Procesos Formativos y Presencia en la Vida Pública.

De cara al próximo curso, podremos contar también con un documento amplio, Instrumentum laboris, en el que se van a recoger las aportaciones de los grupos de reflexión, que se hicieron en Congreso, y que será la hoja de ruta del laicado para esta década.

—¿Los laicos son cada vez más conscientes de que están llamados a vivir un compromiso eclesial diferente a los consagrados, pero no por ello menos comprometido o de segunda fila?

—Durante estos años, como Director de la Comisión de Laicos, estoy experimentando que existe un laicado consciente de su vocación laical, su llamada a vivir la comunión y corresponsabilidad y su misión en medio del mundo.

Es fundamental desterrar de nuestra Iglesia la tentación del clericalismo, que concibe a los laicos como cristianos de segunda, actores de reparto, confundiendo la promoción del laicado con su implicación en tareas intraeclesiales y de organización de la pastoral. Esto se refleja en erróneos planteamientos personalistas y particularistas de la vida eclesial, donde cada cual reclama su cuota de protagonismo frente a otros y se prima la pertenencia al grupo particular sobre la común identidad eclesial, que se alimenta y expresa en el seno de la comunidad de todos los bautizados.

—El pasado 9 de mayo se celebraba la Jornada Nacional de Apostolado Seglar. Hubo que cambiar el formato y hacerla virtual. ¿Qué podemos concluir de esa Jornada?

—Tras la pandemia, que nos ha sorprendido a todos, y ha sido como una losa que nos ha dejado un tiempo paralizados, entendíamos que teníamos que seguir el itinerario del post-congreso adaptándolo a esta nueva realidad. Por eso se decidió llevar a cabo la Jornada Nacional de Apostolado Seglar prevista para el sábado, 9 de mayo, aunque de un modo virtual. Se trataba de una Jornada muy sencilla, en la que el primer objetivo era encontrarnos de nuevo y recuperar la alegría y la esperanza para continuar con ese impulso misionero que salió del Congreso de Laicos.

Tras una ponencia sobre cómo ser Pueblo de Dios en salida en la época del post-coronavirus, desde la Comisión se presentaron a los Delegados de Apostolado Seglar y Responsables de Movimientos y Asociaciones las conclusiones y valoraciones del Congreso. También se les animó a retomar el contacto con sus equipos de laicos, en el contexto del Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, para que siga vivo, en nuestra Iglesia española y laicado, el sueño de un renovado Pentecostés.

Luis Manuel Romero Sánchez

Director de la Comisión Episcopal

para los Laicos, Familia y Vida (CEE)

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