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Luis Argüello pone de ejemplo la mirada misericordiosa de Delibes sobre la Guerra Civil

Con motivo del centenario del nacimiento de Miguel Delibes, preguntado sobre su libro preferido del autor, el obispo auxiliar de Valladolid y secretario general de la CEE, Luis Argüello, ha recordado la mirada «equitativa y misericordiosa», ajena a maniqueísmos, que Delibes vertió en su novela «Madera de héroe» (1987), con el trasfondo de la Guerra Civil (1936-1939). El escritor «hace un esfuerzo por huir del maniqueísmo y ofrecer una mirada equitativa y misericordiosa sobre todos los contendientes, a los que ve como víctimas de sus propias ideologías», ha explicado a la Agencia EFE.

Luis Argüello evoca en este sentido el diálogo sostenido entre Gervasio, protagonista del relato, y su tío Felipe Neri: «¿Se puede ser héroe y traidor a un mismo tiempo? Bien quizás seas aún muy niño para comprenderlo, pero puede llegar a producirse esa aparente contradicción que dices: ser héroe para unos y traidor para otros, según se considere el gesto desde un lado o desde el otro». «La lectura de esta espléndida novela puede ayudarnos a los españoles, descendientes de héroes y traidores simultáneamente, a cultivar la mirada misericordiosa de nuestro autor», ha precisado el prelado sobre un texto que ha escogido «influido por el actual contexto de memoria democrática».

A Miguel Delibes, poco tiempo después de finalizar sus estudios de Bachillerato (curso 1935/1936) en el Colegio de Nuestra Señora de Lourdes, le sorprendió la Guerra Civil en 1938 enrolado como marinero del crucero Canarias, en el bando sublevado, lo cual evoca en «Madera de héroe», inicialmente publicada con el añadido en el título de «377A» en recuerdo de su número de identificación militar.

Blázquez, «El disputado voto del señor Cayo»

Por su parte, el arzobispo de Valladolid y anterior presidente de la CEE, Ricardo Blázquez, ha escogido «El disputado voto del señor Cayo» (1978), porque «describe magistralmente el contrate entre el anciano socarrón del pueblo y la inexperiencia de los vecinos de la ciudad», ambientada en una época, «en la que empezábamos a votar, en tiempos de la Transición». Hondamente arraigado en castilla, los escritos de Miguel Delibes se fraguaron escuchando a hombres y mujeres de esta tierra, con las palabras «y la forma de hablar de la gente que él “limpió y dio esplendor”, decantando la lengua viva para devolverla a los ciudadanos que han sabido agradecerlo».

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