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Luis Argüello: «La pandemia ha “tirado de la manta” respecto de situaciones de pobreza ya existentes»

El próximo 6 de julio los obispos de la Comisión Permanente de la CEE celebrarán un funeral en la Almudena de Madrid por todos los fallecidos durante la pendemia. Además, según indica el secretario general, Luis Argüello, en una entrevista en Religión Digital, la Iglesia española participará en el homenaje de Estado a las víctimas, presidido por Felipe VI, que tendrá lugar el 16 de julio, «si es invitada». «Ha sido una experiencia dolorosa por la muerte y sufrimiento de tantas personas; la muerte en soledad y la ausencia de celebraciones ha añadido, si cabe, más dolor», indica, haciendo un balance de estos tres meses de estado de alarma. «La colaboración ha sido buena, hemos querido situarnos como ciudadanos responsables siguiendo las pautas sanitarias y organizativas emanadas de la autoridad competente y ofrecer nuestra colaboración específica de consuelo, esperanza y comunión de bienes», subraya Argüello.

—¿Qué balance hace la Iglesia española de este período de confinamiento?

Ha sido una experiencia dolorosa por la muerte y sufrimiento de tantas personas; la muerte en soledad y la ausencia de celebraciones ha añadido, si cabe, más dolor. También ha puesto de manifiesto una gran capacidad de creatividad pastoral y nuevas formas de comunicación para que la distancia física no se transformara en distancia comunitaria. Nos ha ayudado a subrayar lo esencial: la confianza en la presencia misteriosa de Dios en cada acontecimiento, la esperanza más allá de la muerte y la caridad en múltiples gestos de acogida y cercanía a los más afectados por la pandemia. En el balance quiero incluir el agradecimiento a tantos miembros de la Iglesia que han mostrado su cercanía en este tiempo y a todas las acciones recogida en iglesiasolidaria.es.

—¿Cómo han vivido la polémica de los templos cerrados, las intervenciones policiales, los límites de aforo…?

Las polémicas han surgido por la poca claridad en la regulación del culto en el estado de alarma, al mismo tiempo permitido y restringido. La Iglesia, por su parte, ha dispensado de la obligación de acudir el domingo al templo, ha dicho “quédate en casa”, ha celebrado la Eucaristía sin pueblo, a veces, con algunos fieles, y ha mantenido abiertas las puertas, como signo de apertura a la esperanza y la caridad. Esto ha dado pie a algunos y aislados malentendidos.

—¿Cómo ha sido la coordinación con las autoridades públicas? El Gobierno les ha agradecido su responsabilidad…

La relación ha sido con las autoridades locales, autonómicas y de la administración central del Estado. En conjunto, la colaboración ha sido buena, hemos querido situarnos como ciudadanos responsables siguiendo las pautas sanitarias y organizativas emanadas de la autoridad competente y ofrecer nuestra colaboración específica de consuelo, esperanza y comunión de bienes, que brotan de la Eucaristía.

—¿Cuándo prevén que puedan volver las procesiones, romerías o actos públicos?

La regulación de los actos en la calle la realizan ahora las Comunidades autónomas en relación con los Ayuntamientos. En la mayoría de España se ha suprimido la dimensión lúdico-festiva de las fiestas patronales. La Iglesia quiere celebrar la dimensión religiosa de esas fiestas. Los actos públicos, procesiones y romerías, según la regulación de cada Comunidad, son posibles guardando los protocolos de seguridad y de acuerdo con los Ayuntamientos. Vemos que, incluso en el estado de alarma, se han autorizado manifestaciones. No sería comprensible que la manifestación pública de la fe en la calle no pudiera realizarse ahora, fuera de la excepcionalidad del estado de alarma.

—¿Qué podemos hacer, como Iglesia, en esta «nueva normalidad»?

Quizá hayamos recordado en el confinamiento la importancia del retiro al silencio, de la Iglesia doméstica, de la Palabra, de las nuevas formas de comunicarnos y compartir. Se ha acrecentado el  deseo de la Eucaristía y de ser “Pueblo en salida”. Hemos tomado conciencia viva, desde la fragilidad humana y la misma muerte, de la importancia nuclear del anuncio de la Misericordia. En este nuevo tiempo hemos de resaltar la unidad entre contemplación y acción, el sentido eclesial y social del Domingo, dar testimonio de vida fraterna y del valor de la familia en la emergente “sociedad de los cuidados”. Así, la Iglesia puede ofrecer una nueva perspectiva del sentido del progreso siguiendo las pautas del desarrollo humano integral de Laudato si´.

—La Iglesia no se olvida de los pobres… También es momento de reivindicar el trabajo llevado a cabo por las instituciones católicas por los descartados, los de la crisis del COVID, y los que ya estaban…

La pandemia ha “tirado de la manta” respecto de situaciones de pobreza ya existentes: personas sin techo ni hogar, ancianos que viven solos, residencias de mayores en los que muchos precisan una atención cuasi hospitalaria, situaciones laborales muy frágiles. Han surgido los nuevos afectados por la parálisis de la economía y se vislumbran grandes transformaciones aceleradas en este tiempo y siempre la dramática llamada de los pueblos del Sur, los inmigrantes, los perseguidos y demás consecuencias de la injusticia global. Todo ello, llama a la responsabilidad de los laicos cristianos y valorar, más si cabe, la labor de las instituciones eclesiales nacionales  e internacionales.

—¿Participará la Iglesia española de algún modo en el homenaje a las víctimas presidido por el Rey?

La Iglesia, si es invitada, participará en el homenaje al mismo tiempo que ofrece las celebraciones diocesanas y la Eucaristía del día 6 de julio en la Almudena a quien quiera participar.

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