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Luis Argüello recuerda al cerrar el curso en la CEE «la importancia de cuidar y de cuidarnos»

En una Eucaristía celebrada para celebrar el final «de este curso singular», el secretario general de la CEE, Luis Argüello, ha hecho especial hincapié en que la palabra «cuidado» se ha convertido en la más relevante. Los trabajadores de la CEE han participado en esta muy cuidada celebración que, para mantener todas las condiciones de seguridad sanitarias pertinentes, se ha trasladado al jardín de la Residencia de las Operarias Parroquiales, en la madrileña calle de Arturo Soria. Argüello ha recordado cómo «hemos experimentado el cuidado compartido y ofrecido» en estos meses de confinamiento, que nos han hecho comprender «la importancia de cuidar y de cuidarnos». El problema, ha matizado, «es que a veces somos descuidados y descuidamos también el afecto a los otros, la acogida del amor e incluso a nosotros mismos».

El secretario ha afirmado que el cuidado nace de dos actitudes: «Adorar» y «obedecer». En la festividad de san Ignacio de Loyola, el obispo auxiliar de Valladolid ha evocado al fundador de la Compañía de Jesús para reclamar que «la obediencia es a la llamada que Dios nos hace, desde la realidad del amor, y más todavía en este tiempo de pandemia, donde nos hace descubrir lo que supone la llamada de los otros en nuestra propia existencia». Muchas veces, «este adorar-obedecer» lo vivimos como un combate «porque el corazón, que está hecho para adorar y dar gloria, se ha reconvertido a través de su herida, de su vulnerabilidad, en un corazón que busca la vanagloria y adoración. Así somos», ha dicho el secretario.

«¿Quién podría levantar la mano y reconocer que la vanagloria no le ha jugado nunca una mala pasada?», ha interpelado. «El reclamar ser el centro o la búsqueda legítima de los propios intereses complica la convivencia, que tiene que negociarse y pactarse en su realización. Por eso, «el corazón llamado a trabajar por la Gloria de Dios», es sensible «a la llamada del amor y de esta forma responde a la realidad de los acontecimientos». Es el amor de Jesús el «que cura la herida», ha insistido, «para recordar que podemos convertirnos y tratar así de establecer el cuidado en algo concreto».

Con esta Eucaristía, además de dar gracias y recordar a compañeros, familiares y amigos difuntos, el portavoz de los obispos ha invitado a «avivar nuestra alegría y esperanza», también para decir en la plaza pública «que este cuidado precisa caridad política, participación ciudadana en todos aquellos que estamos llamados a testimoniar el amor de Jesús» en la sociedad.

El secretario ha concluido agradeciendo a todo el personal el trabajo realizado durante este año «en condiciones inimaginables y que nos ha enseñado a trabajar también de otra manera siempre al servicio de la Iglesia en España. Que seamos capaces de transmitir en el siglo XXI, ser presencia de la fraternidad en medio del mundo, transparencia de la belleza y del cuidado de nuestros hermanos y hermanas en el mundo».

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