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Luis Argüello: «Es muy necesario dialogar desde la verdad, la razón y un marco común de referencia con el objetivo del bien común»

«Tenemos que bajar a la arena de las preguntas de nuestros contemporáneos, de sus inquietudes, por muy incómodas que sean para nosotros, y ejercitar la pedagogía que el Papa está incorporando a la Iglesia: una escucha para reconocer, interpretar y actuar». Así lo afirma el secretario general de la CEE y obispo auxiliar de Valladolid, Luis Argüello, en la entrevista que publica ECCLESIA en su último número, el 4015. Para el prelado «no hay pueblo de España que no tuviera a la Iglesia como centro, pero ciertamente vivimos una transformación y debemos situarnos en el nuevo momento». Reconociendo que algunos hombres y mujeres de nuestro tiempo tienen prejuicios cuando miran a la Iglesia dentro de este gran cambio social, invita a «saber escuchar y proponer desde una nueva relación con cualquier forma de poder para que resplandezca la gracia».

Preguntado por su parecer ante la intervención de Pedro Sánchez sobre la Iglesia en el discurso de investidura, monseñor Argüello contesta:

«El Estado aconfesional no es laicista y por tanto ha de respetar la existencia de confesiones religiosas, singularmente las de especial arraigo, como la Iglesia católica en España. Esta no quiere privilegios, pero tampoco discriminaciones, no quiere estar por encima de la ley, pero tampoco ser menospreciada, así reivindicará el derecho a la libertad religiosa para celebrar la fe y actuar, dentro de la legítima iniciativa social, en favor del bien común. La Iglesia también defiende el principio de legalidad, por eso espera que el nuevo Gobierno no busque atajos de «legalidad de baja intensidad» en ninguno de los graves asuntos que ha de abordar, y defiende el principio de igualdad para los católicos y quienes, sin serlo, deseen participar en las obras pastorales, educativas y sociales puedan hacerlo en igualdad de oportunidades y de trato que el resto de los españoles».

Para el secretario general de la CEE, «es muy necesario dialogar desde la verdad, la razón y un marco común de referencia con el objetivo del bien común». Para él, es insostenible el Estado de Bienestar tal como se articula en Europa porque está pensado con una pirámide demográfica muy concreta que ha cambiado y porque el tipo de financiación tiene que ser otro. «Estamos en un mercado global y entrando en la cuarta revolución industrial. Entonces, al repensar el Estado de Bienestar, lo lógico sería pedir ayuda del Estado, del mercado, pero también la ayuda de la economía del don, de la generosidad, de la solidaridad, del voluntariado, ¿por qué no? de la Iglesia, en vez de considerarla residuo del pasado o nido de privilegios», asegura.

Según su criterio, «lo oportuno sería que nos sentáramos todos, especialmente para un Gobierno que dice tener una preferencia por las llamadas “clases populares”. Porque la Iglesia, en su diversa forma de expresarse, es un agente muy activo en los cuatro pilares del Estado de Bienestar: en la educación, en la sanidad, en los servicios sociales y en el cuidado de los mayores, y ofrece una visión transcendente de la persona que fundamenta su radical dignidad. Es fuente de recursos de sentido, esperanza y de criterios éticos, tan necesarios hoy».

ECCLESIA publicará la entrevista completa mañana sábado 10 de enero

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