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Luis Ángel de las Heras: «Vita consecrata tiene miradas de futuro que continúan iluminando el camino»

«Vita consecrata tiene miradas de futuro que continúan iluminando el camino de la Vida Consagrada». Con estas palabras de esperanza, comenzó su intervención Luis Ángel de las Heras, obispo de León y presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.

Para mirar al futuro de la Vida Consagrada, la a Comisión Episcopal para la Vida Consagrada organizó este 25 de marzo un coloquio online junto con Confer, Uisg, Cedis y el ITVR. Para celebrar el 25 aniversario de de la exhortación apostólica «Vita Consecrata». El obsipo seleccionó tres tentaciones «que hay que evitar». La primera «es la de la nostalgia de una vida consagrada anterior, de muchos números en vocaciones y obras. Nostalgia de una vida con estilos formativos que se añoran en la que hay quien puede reivindicar lo suyo como lo mejor para todos sin apreciar lo bueno que tienen otros procesos y estilos». De cualquier modo, decía el prelado, «el pasado hay que mirarlo con gratitud, como expresamos en el Año dedicado a la Vida Consagrada, pero el futuro es el tiempo de Dios. En lugar de vivir el presente con nostalgia o con queja lastimera, hay que vencer la tentación y vivirlo con la pasión de los enamorados de Dios a cualquier edad y en cualquier circunstancia».

En segundo lugar, como continuación de lo anterior, «hay que evitar caer en la tentación de valorar la vida consagrada solo por los números y las obras». Además, y en tercer lugar, «hay que evitar es la autorreferencialidad. Evangelii gaudium nos avisa y estimula para no ser autorreferenciales ni buscar la autopreservación. La entrega generosa, teniendo a Cristo en el centro, es lo que fortalece y hace crecer a las personas consagradas. Salir de nosotros mismos nos da vida. Encerrarnos en nuestras preocupaciones autorreferenciales nos asfixia e impide soñar juntos entre nosotros y con otros».

Promover la esperanza

Por otro lado, el obispo destacó cuatro «profecías bajo la categoría de la belleza» que están fundadas en la esperanza y promueven esperanza.
«Volver al amor primero» para mirar al futuro «pasa por volver la mirada a los orígenes carismáticos, al impulso de los fundadores que se abrieron paso en medio de dificultades y sacrificios que solo se pueden afrontar con la confianza y la ayuda de Dios, con la sencillez y simplicidad de los santos lejos de complicaciones humanas».

«Mirar a Dios a través de los ojos de los pobres, los pequeños de este mundo». En todos los carismas y formas de vida consagrada la pobreza y los pobres tienen su prioridad. «La vida consagrada siempre ha estado en las periferias y ha de mantenerse en las periferias geográficas y existenciales. Las manos de las personas consagradas manchadas en las heridas y la suciedad del mundo son de una admirable y extraordinaria belleza, profecía también de esperanza».
«La belleza es la dignidad y el papel de la mujer consagrada».

Se ha avanzado en la colaboración y comunión con los laicos, y ahora «hay que avanzar más en el papel de la mujer consagrada». Vita consecrata lo plantea con claridad y orienta su desarrollo. Habla de renovada aportación de las mujeres, especialmente de las mujeres consagradas, para eliminar visiones unilaterales.
Por último, «la belleza es la de la fraternidad». Una mirada de futuro «contempla la lógica evangélica de la fraternidad, del amor mutuo, de la acogida de la diversidad, como estamos haciendo en las comunidades intergeneracionales y en otras comunidades —o las mismas— multiculturales de vida fraterna intercultural. Las personas consagradas, expertas en comunión y en fraternidad, pueden ofrecer luz en el camino de la comunión y fraternidad de la Iglesia y en la comunión y fraternidad universal».

Una «valiosa aportación»

Para ello, es necesaria «la valentía para la misión compartida, no solo con laicos y consagrados del mismo carisma, sino también con otras familias carismáticas, con los pastores y con las Iglesias particulares. La vida consagrada tiene una valiosa aportación que hacer para avanzar la singladura de ir juntos en la misma barca de misión y fraternidad».
En el coloquio, hubo participación de toda la vida consagrada en España, algo que valoró el cardenal Carlos Amigo, arzobispo emérito de Sevilla. «En la Iglesia ha comenzado un tiempo nuevo, con un estilo sinodal donde la Iglesia se une para reflexionar». Además subrayó que «en medio de dificultades, no puede llegar la queja, la Vida Consagrada tiene que ser la fuente inagotable de la misión de la Iglesia en el mundo».
Por su parte, María José Fernández agradeció «el Sínodo que convocó Juan Pablo II y la mejor forma de celebrar este aniversario es recordar el inmenso apoyo y reconocimiento de la Vida Consagrada».



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